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Aceptado por Dios

Era el médico que nunca rechazaba a un paciente, aunque algunos no podían pagarle y él mismo había experimentado el rechazo de la sociedad. A pesar del destacado historial de Harold en sus estudios, ningún hospital en Londres lo contrató por el color de su piel. Entonces, en 1913, abrió su propio consultorio en su casa, donde solía atender gratis a los pobres. El Dr. Harold Moody dedicó su vida a ayudar a los discriminados, lo que le valió el título de «Martin Luther King británico».

Orar por ellos

La película Sully describe el heroico aterrizaje de un avión de pasajeros averiado en el río Hudson de Nueva York. Al bajar del ferri de rescate, el capitán «Sully» le dijo a un oficial: «Necesito saber quién está herido y la gravedad, y también un conteo. Ciento cincuenta y cinco, entre pasajeros y tripulación». El hombre respondió: «Bien. ¿Y usted?». Sully contestó: «Responderé eso cuando hayamos contado hasta ciento cincuenta y cinco».

Dones reutilizados por Dios

El capitán Tim Mullane trabajó diligentemente en hundir el enorme transatlántico SS United States, y le pagaron por hacerlo. Mullane reutiliza barcos que antes surcaban los mares como arrecifes artificiales en el fondo del océano. Los barcos hundidos son destinos atractivos para los buceadores y ayudan a proteger las costas al frenar la erosión de las playas. Aunque ya no navegan, siguen teniendo valor al permanecer en las profundidades.

Obras piadosas

Como toda partida temprana, la muerte de José sorprendió. Poco antes de morir, había comenzado a tomar malas decisiones. Ahora, ese esposo, padre, entrenador y líder juvenil ya no estaría allí para quienes dependían de él. Habría sido fácil enfocarse en sus malas decisiones recientes, pero cuando su hija habló en el funeral, destacó que su padre, aunque imperfecto como todos nosotros, había servido a Jesús durante su vida.

Palabras de amigos

Durante una clase bíblica a los veintiséis años, me sentí desconcertada. Algunos de los comentarios de mis compañeros eran desalentadores por tener tantos problemas. Pregunté: «Si somos cristianos, ¿por qué estamos tan deprimidos? ¿No sabemos cómo termina realmente esta historia?». Me refería a la promesa de la vida eterna en Cristo, pero también a muchas otras sobre el cuidado de Dios. El maestro simplemente sonrió y continuó, pero recordé mi comentario durante años.

Consuelo en medio de las lágrimas

Mi madre llamó alrededor de las nueve de la noche. «Es sobre tu papá —dijo—. Partió». Aunque había imaginado esa llamada durante días y sentía alivio de que mi padre ya no sufriera, la noticia me sacudió. Lloré profundamente mientras el dolor seguía su curso los días y semanas siguientes.

La iglesia cálida

Cuando era niña, iba contenta con mi familia a la iglesia cada domingo. Nuestro pastor irradiaba alegría y siempre incluía a los niños en el servicio. Tanto él como mis maestros de escuela dominical me inculcaron amor por las Escrituras. Y los domingos por la noche, solía haber un predicador invitado o un misionero que despertaba en mí un sentimiento hacia las misiones. El lema de nuestra iglesia era: «La iglesia cálida en la calle Coldwater [agua fría]». No era perfecta, pero éramos una familia. Desde entonces, he seguido asistiendo a la iglesia (aun cuando fue difícil encontrar la adecuada), y como resultado, mi fe ha crecido.

El corazón del asunto

En un viaje de estudio a Moscú, decidí tomar el metro para ir a almorzar. De pie en el vagón, comencé a silbar porque, simplemente, me sentía bien después de una mañana agradable enseñando y el día estaba hermoso. Los pasajeros me miraron como si estuviera loco. Al regresar a la escuela, le conté a una de las empleadas de la oficina que las personas estaban tan desanimadas que se sorprendieron al verme silbar. Ella me informó amablemente: «Sí, sus vidas son muy duras, pero no por eso lo miraron, sino porque aquí es de mala educación silbar en público».

Hijos de Dios

Uno de mis libros favoritos de ilusiones ópticas siempre me asombra, ya que las imágenes engañan mi visión: dos líneas de la misma longitud parecen tener tamaños diferentes, o en la «escalera imposible», cuatro tramos de escalones parecen unirse en un bucle continuo. Puede ser un poco desconcertante darnos cuenta de que no siempre vemos las cosas como realmente son.

Plan de rescate de Dios

Un padre se enteró de que su hija de cinco años había caído por la borda desde el crucero en el que viajaban y se lanzó al océano para rescatarla. Se aferró a ella mientras se mantuvo a flote por más de diez minutos, hasta que el equipo de rescate del barco los llevó sanos y salvos a bordo. En cuanto el padre supo que su hija estaba en peligro, arriesgó todo para salvarla.