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Ver la grandeza de Dios

En su soneto La grandeza de Dios, el poeta Gerard Manley Hopkins celebra las innumerables formas en que la creación está «cargada» de «la grandeza de Dios». Describe la impresionante gloria de Dios como una llama que centellea «como un papel de aluminio sacudido». Pero si la belleza de Dios es tan vibrante, ¿por qué tantos no la perciben? Hopkins sugirió que una razón es que la humanidad ha cubierto todo con «la mancha» y «el olor del hombre», impidiendo que muchos vean más allá de sí mismos.

Buena tierra en Dios

Cada año, a finales de la primavera, planto semillas de pepino en nuestra huerta. Producen hojas rápidamente, pero lleva tiempo ver el fruto. Un verano, después de regar y esperar, me preguntaba si alguna vez tendría pepinos. Pero un día, vi un pequeño bulbo verde. A la semana siguiente, apareció otro. Y luego otro. En pocas semanas, pasamos de tener enredaderas a casi suficiente fruto para preparar ensaladas durante una semana.

Esperar la cosecha

En 1962, Joanne Shetler y Anne Fetzer hicieron un arduo viaje en autobús y a pie hacia las escarpadas montañas de las Filipinas para compartir el evangelio con los habitantes de Balangao, que nunca habían oído hablar de Jesús. Después de cinco años, seguían indiferentes, pero ayudaron a construir una pista de aterrizaje rudimentaria para poder recibir suministros por avión. Un día, llegó uno que apodaron «magia de otro mundo». Después, el piloto llevó a una mujer embarazada y gravemente enferma a una clínica lejana. Cuando el avión regresó con la mujer recuperada y su bebé sano, empezaron a preguntar por «ese Dios» del que les habían hablado. Poco después, el pueblo tenía una iglesia llena de creyentes en Cristo.

Crecer en el conocimiento de Dios

No bien me lancé a la piscina, mis gafas se llenaron de agua y apenas podía ver. A pesar de no haber tomado clases de natación, perseveré lentamente durante las dos vueltas de una carrera en la que me había inscrito impulsivamente. Como adolescente, fue una experiencia embarazosa. Pero años después, disfruté tomando clases y aprendiendo las técnicas adecuadas de los cuatro estilos de nado.

La Palabra de Dios permanece

A principios del siglo xx, el exitoso empresario Charles Schwab decidió construir la mansión quizá más lujosa de la ciudad de Nueva York, en Riverside Drive. Se inspiró en los castillos franceses y ocupaba toda una manzana, con jardines exuberantes, salones majestuosos e interiores opulentos. Contrastaba fuertemente con los edificios de apartamentos que pronto caracterizarían Manhattan. A pesar de su esplendor, fue difícil encontrar un comprador tras la muerte de Schwab. Era demasiado grande y costosa, y no encajaba con las tendencias inmobiliarias. La demolieron en 1948. Tanto la mansión como el hombre se desvanecieron.

Jesús revelado en nosotros

Después de la muerte de su madre, Joni Eareckson Tada reflexionó sobre cómo nuestros cuerpos terrenales son como «vasos de barro» que contienen el tesoro de la presencia de Cristo. Pensó en un equivalente moderno para describirlos: una caja de cartón. Sabía que la «caja» de su madre, con sus esquinas desgastadas, ahora estaba vacía, pero había sido «el recipiente donde había habitado el tesoro del Espíritu de Cristo».

Ponerse la armadura de Dios

Nafi y Kamran participaron en un golpe militar. Lucharon durante años y, cuando su bando ganó, les asignaron trabajos administrativos en la capital. Como hay poco que hacer, pasan tiempo en internet. Kamran señala: «La verdadera prueba no fue durante la [guerra]. En ese momento, todo era sencillo, pero ahora las cosas son mucho más complicadas». Ante las tentaciones en la web, dijo: «Muchos […] han caído en estas trampas aparentemente dulces, pero en realidad amargas».

La luz de la vida

En 1905, un joven desaliñado se encerró en su apartamento en Berna, Suiza, y llevó a cabo complejos experimentos mentales sobre la naturaleza del universo. Frenéticamente concentrado, el físico trabajó una y otra vez sus cálculos. Cuatro meses después, había reescrito gran parte de lo conocido sobre cómo funciona el mundo. Ese hombre era Albert Einstein. Tenía veintiséis años. Pero aunque poseía una mente científica brillante, dijo: «Cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo mucho que no sé».

Fiel en la oración

Cuando falleció mi bisabuela Clara, su lista de oración de más de tres metros de largo se convirtió en una reliquia familiar. Tenía nombres mecanografiados de muchos parientes, amigos, amigos de amigos, además de evangelistas, pastores y ministerios. Nuevos miembros de la familia y peticiones específicas estaban escritos a mano en los márgenes. Me emocioné al ver el nombre de mi madre en la lista, añadido cuando ella era apenas una niña.

Impulsado por la fe

Durante su viaje por varios países africanos, J. D. fue testigo de escenas asombrosas. Sus mensajes desde el este de Zambia incluían fotos de mujeres llenas de fe que presentaban su plan de evangelización para los próximos tres años. «Es una de las presentaciones de planificación estratégica más poderosas que he escuchado en mi vida. En lugar de una pizarra, dibujaron en la tierra. En lugar de repartir copias bonitas de lo que iban a hacer, mostraron su plan en carteles de hojas de papel arrugadas, sostenidas por dos de ellas. ¡Fue increíble!». Estaban demostrando el tipo de fe que Jesús valora.