Servir a Dios, no al yo
El antiguo faraón egipcio Ramsés II era tan soberbio que mandó construir numerosas estructuras en su honor, incluidos muchos monumentos con sus rasgos físicos. Uno de ellos, la colosal estatua que lleva su nombre, mide unos once metros de altura y pesa ochenta y tres toneladas, en granito rojo. Pero la edad no fue bondadosa con el orgulloso gobernante. Cuando murió, sufría de problemas dentales, artritis y cardiopatías crónicas. Algunos de sus monumentos podrían durar, pero —como todos los mortales— él falleció.
Brazos abiertos del Padre
El corazón compasivo de Mary Slessor la llevó a abrir sus brazos a los necesitados. La misionera escocesa, nacida en 1848, sirvió entre el pueblo de Okoyong en una tierra lejana. La superstición allí hacía creer que, cuando nacían gemelos, uno era bueno y el otro era hijo de un demonio. Esto solía llevar a que ambos fueran abandonados para morir de hambre u otros peligros. Reflejando el corazón amoroso de Dios, Mary ayudó a salvar a cientos de niños, ¡y adoptó a nueve como propios!
Sacrificio humilde
Por turismo, un piloto y sus dos hijas despegaron de Soldotna, Alaska, pero su pequeño avión nunca llegó a su destino. Varios pilotos comenzaron a buscar el avión desaparecido, hasta que Terry Godes divisó los restos casi sumergidos en un lago parcialmente congelado. Los tres miembros de la familia estaban parados sobre las alas del avión, tras permanecer allí durante horas. Felizmente, fueron rescatados. Godes sacrificó su tiempo y recursos por otros, lo que llevó a salvar vidas. Con humildad, dijo sobre sus esfuerzos: «Solo fui el que vio el avión primero».
La perspectiva de Dios
Hudson Taylor dejó Inglaterra para compartir el evangelio de Cristo en China. Aunque el ministerio era desafiante, también era exitoso. Pero en 1865, al considerar enviar personas a servir en una zona más peligrosa, sintió un «conflicto intenso». Después de luchar con Dios en oración, escribió: «El Señor conquistó mi incredulidad y me rendí, [reconociendo] que toda la responsabilidad […] y las consecuencias deben descansar en Él».
Amor abundante
Todd invitó a su hermano menor, Alex, recién graduado de la universidad, a vivir con él en su casa. Quería ayudarlo a lograr estabilidad financiera sin pagar alquiler por un tiempo. Seis meses después, le pidió que comenzara a pagar una renta. Años más tarde, Alex hizo una oferta para comprar una casa. Cuando la aceptaron, Todd lo sorprendió diciéndole que había depositado todos sus pagos en una cuenta de ahorros y que ahora esa suma era ¡suya! Alex lloró al recibir ese regalo tan generoso.
Fe y acusación falsa
Impulsado por poderosos vientos, el incendio arrasó durante días. El historiador Tácito describe una escena llena de gritos y ciudadanos huyendo. Casi dos tercios de Roma fueron destruidos. El emperador Nerón acusó falsamente a los creyentes en Jesús de haber iniciado el fuego. Los odiaba y los escogió como chivos expiatorios de la catástrofe, la cual, se rumoreaba, había sido ordenada por él.
Corazones transformados por Dios
Como muchas personas que luchan con la pornografía, Russell estuvo expuesto a ella desde muy joven. El deseo de consumirla era abrumador y le envenenó el corazón. «Mi vida se volvió completamente saturada de ella», escribe, «tanto que era como un cáncer profundamente arraigado en mi interior». Por la gracia de Dios, finalmente se liberó del poder de la pornografía —junto con otras adicciones— cuando recibió la salvación en Jesús y fue transformado por dentro. «Le doy todo el crédito a Jesucristo, […] Él es quien me liberó», dice Russell.
Esperanza en la espera
En 2020, Alida se hizo una prueba de ADN y descubrió una gran coincidencia con un hombre que vivía en la costa opuesta de Estados Unidos. Más tarde, encontró artículos de la década de 1950 que la llevaron a concluir que el hombre era su tío perdido: ¡Luis! Lo habían secuestrado cuando tenía seis años. Esa prueba realizada setenta años después, llevó a un feliz reencuentro con sus familiares biológicos. Alida dijo: «Nuestra historia podría ayudar a otras familias […]. Yo diría: no se rindan».
Una postura de oración
Una larga batalla contra una enfermedad crónica había pasado factura a Jaime. Aunque deseaba pasar tiempo con Dios cada mañana, orando y meditando en las Escrituras, no podía encontrar una posición en su silla que no fuera dolorosa. Se movía de un lado a otro, pero sin alivio. Finalmente, desesperado, cayó de rodillas. Al hacerlo, esa postura de oración disminuyó su dolor agonizante. En las mañanas que siguieron, pasó tiempo con Dios de rodillas, sintiendo consuelo mientras clamaba a Él en oración.
Completar nuestro llamamiento en Cristo
Ginnie Hislop fue ovacionada al recibir el diploma de su máster en 2024, ¡84 años después de haber completado sus estudios! En 1941, solo le faltaba presentar su tesis, cuando su novio fue llamado a servir durante la Segunda Guerra Mundial. Los dos se casaron rápidamente y se dirigieron a su puesto militar, dejando atrás el título casi obtenido de Ginnie. Sin embargo, tras una larga pausa, pudo lograrlo.