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Articles by Amy Boucher Pye

El Dios que salva

Condenado a cadena perpetua, Vico compartió con sus amigos su sentimiento de vacío. Cuando ellos le dijeron que Jesús llenaría ese vacío, se burló, ya que la idea de que fuera un hombre que murió y hoy viviera le parecía una fantasía. Aunque escéptico, tiempo después empezó a escuchar una emisora cristiana y a leer la Biblia. Finalmente, le pidió a Dios que se le revelara.

Camino de Santidad

Después de que a Julia le diagnosticaran demencia de inicio temprano, ya no podía leer la Biblia con facilidad, así que empezó a escucharla. Sus pasajes tienen ahora un significado nuevo para ella, ya que a veces se pierde o desvaría con animales salvajes. Cuando se siente desorientada y temerosa, recibe el consuelo de Dios al oír a Isaías hablar del «Camino de Santidad» reservado para «el que anduviere en este camino» (Isaías 35:8). Allí no habrá necios malvados «ni fieras»; es solo «para que caminen los redimidos», aquellos a quienes Dios rescata (v. 9).

Dar con generosidad

Cuando Oswald y Biddy Chambers dirigieron un instituto bíblico en Londres entre 1911 y 1915, mantuvieron su principio de vida de no rechazar a los necesitados. Algunos londinenses se horrorizaron ante esa práctica, pensando que se aprovecharían del instituto. En respuesta y sin invitar a otros a seguir su ejemplo, Oswald señaló: «Mi responsabilidad es dar. Dios se encargará de quien pida».

Jesús revelado en nosotros

Después de la muerte de su madre, Joni Eareckson Tada reflexionó sobre cómo nuestros cuerpos terrenales son como «vasos de barro» que contienen el tesoro de la presencia de Cristo. Pensó en un equivalente moderno para describirlos: una caja de cartón. Sabía que la «caja» de su madre, con sus esquinas desgastadas, ahora estaba vacía, pero había sido «el recipiente donde había habitado el tesoro del Espíritu de Cristo».

Lágrimas y esperanza

Aunque era Domingo de Ramos, un día para celebrar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, para Mary Edwar se convirtió en un momento de profundo dolor. Al salir de su iglesia, ella y su esposo, Kareem, iban de la mano cuando explotó una bomba. El artefacto mató a Kareem e hirió a Mary, provocándole la pérdida de su embarazo.

Amor abundante

La última noche del campamento, mi yo adolescente sintió que llamaba la atención estando sola en medio de un grupo de campistas. Cuando uno de ellos se burló de mí, me dolió. Corrí de regreso a mi tienda y fingí estar dormida cuando la líder del grupo vino a verme. A la mañana siguiente, evité su intento de hablar sobre lo sucedido.

En toda nación

Londres es una ciudad cosmopolita donde conviven personas de muchas naciones. Esta diversidad puede traer gran riqueza, tanto en comidas increíbles como en desafíos. Por ejemplo, me entristeció saber que algunos amigos de un país europeo se sentían los menos respetados en Londres porque su nación acababa de ser admitida en la Unión Europea. Se sentían ignorados, culpados por problemas y objetos de resentimiento por los trabajos que conseguían.

De temeroso a gozoso

Muchos historiadores creen que la primera transmisión de radio con música y voz la escucharon operadores de la Marina de los Estados Unidos y otros barcos en el Atlántico la víspera de Navidad de 1906. En lugar de los habituales pulsos para transmitir códigos, escucharon a Reginald Fessenden interpretar en violín el villancico Oh, noche santa. Fessenden cerró la transmisión repitiendo la alabanza de los ángeles: «¡Gloria a Dios en las alturas!» (Lucas 2:14). Los oyentes seguramente se sorprendieron con la música alusiva y la alabanza sobre el nacimiento de Jesús.

Cantar las Escrituras

Para sus devociones diarias, Julia empezó a cantar las Escrituras. «¡Mientras cantaba, mi corazón y mi mente comenzaron realmente a creer y hacer lo que estaba cantando!». Al vocalizar la Palabra de Dios, Julia deseaba que sus verdades mostraran lo que no le gustaba de sí misma, como su voz y su estatura.

¿Qué hará Dios?

Durante el Blitz en Londres el 29 de diciembre de 1940, una bomba destruyó un almacén cerca de la Catedral de San Pablo. Cuando Biddy Chambers recibió la noticia de que se habían perdido los 40.000 ejemplares de los libros de Oswald Chambers almacenados allí —que ella había compilado y editado, pero no asegurado—, dejó su taza de té y le comentó a su hija: «Bueno, Dios ha usado los libros para su gloria, pero eso ya terminó. Esperaremos y veremos qué hará Dios ahora».