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Articles by Amy Boucher Pye

Regalos de lo alto

Según una antigua historia, un hombre llamado Nicolás (nacido en 270 d.C.) oyó hablar de un padre que era tan pobre que no podía alimentar a sus tres hijas; mucho menos proveer para cuando ellas se casaran. Como quería ayudar al padre, pero sin que nadie se enterara, Nicolás arrojó una bolsa con oro por una ventaba abierta, la cual aterrizó dentro de un calcetín o un zapato que se secaba junto a la chimenea. A ese hombre se lo conoció como San Nicolás, quien más tarde se convirtió en Papá Noel.

Refugio de la tormenta

Cuenta la historia que, en 1763, un joven pastor que viajaba por un camino junto a un despeñadero en Somerset, Inglaterra, se metió en una cueva para refugiarse de los relámpagos y la lluvia torrencial. Al mirar hacia fuera, reflexionó en el regalo de hallar refugio y paz en Dios, y mientras esperaba, empezó a escribir un himno: «Roca de la eternidad», con sus memorables primeras líneas: «Roca de la eternidad, fuiste abierta para mí / Sé mi escondedero fiel, solo encuentro paz en ti».

¿«Simplemente la oficina»?

Miré las colinas verdes y ondulantes de Lancashire, en el norte de Inglaterra, y noté las cercas de piedra que encerraban algunas ovejas que vagaban por allí. Nubes esponjosas recorrían el cielo despejado, mientras yo inhalaba profundamente, absorbiendo el paisaje. Cuando le mencioné encantada la maravillosa escena a la mujer que trabajaba en el centro de retiro que estaba visitando, ella dijo: «Sabe, nunca lo había notado, hasta que nuestros huéspedes lo señalaron. Hemos vivido aquí por años, y cuando éramos granjeros, ¡esto era simplemente la oficina!».

En la vid

Una primavera, después de un invierno particularmente deprimente durante el cual ayudó a un familiar que estaba enfermo, Ema cobraba ánimo cada vez que pasaba junto a un cerezo, cerca de su casa. En la parte superior del árbol, flores blancas crecían sobre las rosadas. Un experto jardinero le había injertado una rama de flores blancas. Cuando Ema pasaba por allí, pensaba en las palabras de Jesús sobre ser Él la vid, y sus seguidores, las ramas (Juan 15:1-8).

Cambios en la vida

Esteban creció en una zona difícil del este de Londres, y a los diez años ya había cometido un delito. Dijo: «Si todos venden drogas y cometen robos y fraudes, uno hace lo mismo. Es solo un estilo de vida». Pero cuando cumplió veinte, tuvo un sueño que lo cambió: «Escuché a Dios que me decía: “Irás a la cárcel por asesinato”». Ese vívido sueño le sirvió de advertencia, y se volvió a Dios y aceptó a Cristo como Salvador; y el Espíritu Santo transformó su vida.

Seguir avanzando para Dios

Los que se criaron en la aldea inglesa con Guillermo Carey (1761-1834) tal vez pensaron que no lograría mucho, pero hoy se lo conoce como el padre de las misiones. Hijo de tejedores, se convirtió en un maestro y zapatero poco exitoso, mientras aprendía solo griego, hebreo y latín. Años después, cumplió su sueño de ir como misionero a la India. Pero enfrentó dificultades: la muerte de su hijo, problemas de salud mental de su esposa, y durante años, falta de resultados en la obra.

Cómo encontrar paz

«¿Qué piensas sobre la paz?», me preguntó mi amiga mientras almorzábamos. «¿La paz? —dije sorprendida—. No estoy segura. ¿Por qué lo preguntas?». «Bueno, durante la reunión en la iglesia, vi que sacudías tu pie y me pregunté si te preocupaba algo. ¿Has pensado en la paz que Dios da a los que lo aman?».

Desatar la cuerda

Una organización cristiana fomenta la naturaleza sanadora del perdón. Presentan un sketch en el cual a una persona agraviada se la ata con una cuerda espalda con espalda al que la agravió. Solo ella puede desatar la cuerda. Sin perdón —sin desatar la cuerda—, no puede escapar del que está atado a su espalda.

«Dios me salvó la vida»

Cuando Adrián tenía 15 años, empezó a orar a Satanás; y decía: «Sentía que él y yo éramos compañeros». Entonces, comenzó a mentir, robar, y manipular a su familia y amigos. También tenía pesadillas: «Una mañana me levanté y vi al diablo al pie de mi cama. Me dijo que iba a aprobar mis exámenes y que luego moriría». Sin embargo, cuando terminó sus exámenes, no murió. Adrián reflexionó: «Me quedó claro que era un mentiroso».

En el valle

Hae Woo (no es su nombre verdadero) estuvo presa en un campo de concentración en Corea del Norte por cruzar la frontera hacia China. Ella relata que los días y las noches eran una tortura: con guardias brutales, trabajo agotador y poco dormir sobre un piso helado y lleno de ratas y piojos. Pero Dios la ayudaba cada día, permitiéndole hacerse amiga de otras prisioneras y compartir su fe con ellas.