La obra del Espíritu Santo
Cuando Oswald Chambers, autor de En pos de lo supremo, dirigía un instituto bíblico, se enteró de que una pareja que trabajaba allí estaba robando suministros. Oswald decidió no confrontarlos, sino pedirle a Dios que los convenciera de su error. Al cabo de varias semanas, confesaron su arrepentimiento. «Lo supe todo el tiempo», dijo Oswald, «pero quería esperar que el Espíritu de Dios les hablara». Conmovida y asombrada, la pareja entregó su vida a Jesús.
Eternidad con Dios
En el sur de Inglaterra, dos mujeres dirigen el Coffin Club [Club del ataúd]. Crearon ese lugar para que las personas seleccionen y decoren sus ataúdes para cuando finalmente mueran. El padre de una de ellas murió cuando ella tenía trece años. Dijo: «Fue horrendo. Nadie quería hablar de la muerte». Su club es una manera de normalizar una experiencia por la que todos pasaremos algún día.
La patria mejor de Dios
Micaela se afligió cuando su padre moribundo le dijo: «Cariño, no estaré aquí para acompañarte al altar». Pero ella le aseguró su amor, aferrándose a la esperanza que encontró en Hebreos 11, y le dijo: «Te diriges a una patria mejor, una patria celestial». Creía que su padre, cuando muriera, estaría con Dios para siempre. Reflexionó: «¡El cielo será así de bueno!».
El Dios que salva
Condenado a cadena perpetua, Vico compartió con sus amigos su sentimiento de vacío. Cuando ellos le dijeron que Jesús llenaría ese vacío, se burló, ya que la idea de que fuera un hombre que murió y hoy viviera le parecía una fantasía. Aunque escéptico, tiempo después empezó a escuchar una emisora cristiana y a leer la Biblia. Finalmente, le pidió a Dios que se le revelara.
Camino de Santidad
Después de que a Julia le diagnosticaran demencia de inicio temprano, ya no podía leer la Biblia con facilidad, así que empezó a escucharla. Sus pasajes tienen ahora un significado nuevo para ella, ya que a veces se pierde o desvaría con animales salvajes. Cuando se siente desorientada y temerosa, recibe el consuelo de Dios al oír a Isaías hablar del «Camino de Santidad» reservado para «el que anduviere en este camino» (Isaías 35:8). Allí no habrá necios malvados «ni fieras»; es solo «para que caminen los redimidos», aquellos a quienes Dios rescata (v. 9).
Dar con generosidad
Cuando Oswald y Biddy Chambers dirigieron un instituto bíblico en Londres entre 1911 y 1915, mantuvieron su principio de vida de no rechazar a los necesitados. Algunos londinenses se horrorizaron ante esa práctica, pensando que se aprovecharían del instituto. En respuesta y sin invitar a otros a seguir su ejemplo, Oswald señaló: «Mi responsabilidad es dar. Dios se encargará de quien pida».
Jesús revelado en nosotros
Después de la muerte de su madre, Joni Eareckson Tada reflexionó sobre cómo nuestros cuerpos terrenales son como «vasos de barro» que contienen el tesoro de la presencia de Cristo. Pensó en un equivalente moderno para describirlos: una caja de cartón. Sabía que la «caja» de su madre, con sus esquinas desgastadas, ahora estaba vacía, pero había sido «el recipiente donde había habitado el tesoro del Espíritu de Cristo».
Lágrimas y esperanza
Aunque era Domingo de Ramos, un día para celebrar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, para Mary Edwar se convirtió en un momento de profundo dolor. Al salir de su iglesia, ella y su esposo, Kareem, iban de la mano cuando explotó una bomba. El artefacto mató a Kareem e hirió a Mary, provocándole la pérdida de su embarazo.
Amor abundante
La última noche del campamento, mi yo adolescente sintió que llamaba la atención estando sola en medio de un grupo de campistas. Cuando uno de ellos se burló de mí, me dolió. Corrí de regreso a mi tienda y fingí estar dormida cuando la líder del grupo vino a verme. A la mañana siguiente, evité su intento de hablar sobre lo sucedido.
En toda nación
Londres es una ciudad cosmopolita donde conviven personas de muchas naciones. Esta diversidad puede traer gran riqueza, tanto en comidas increíbles como en desafíos. Por ejemplo, me entristeció saber que algunos amigos de un país europeo se sentían los menos respetados en Londres porque su nación acababa de ser admitida en la Unión Europea. Se sentían ignorados, culpados por problemas y objetos de resentimiento por los trabajos que conseguían.