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Articles by Kirsten Holmberg

Esconderse de Dios

Cerré los ojos y empecé a contar en voz alta. Mis compañeros de tercer grado salieron corriendo a buscar un lugar para esconderse. Después de revisar cada gabinete, baúl y armario durante lo que me parecieron horas, no podía encontrarlos. Me sentí ridícula cuando una saltó finalmente de detrás de un helecho que colgaba del techo. La planta solo le tapaba la cabeza… ¡el resto del cuerpo había estado a la vista todo el tiempo!

Acercarse

Cuando apareció el coronavirus, sacar algo de mi caja de seguridad en el banco requería más protocolo que antes. Tenía que reservar un turno, llamar cuando llegaba para que me permitieran entrar, mostrar mi identificación y esperar ser escoltada hasta la caja fuerte. Una vez adentro, las puertas se cerraban hasta que buscaba en la caja lo que necesitaba. Si no seguía las instrucciones, no podía entrar.

Presencia virtual

Cuando el nuevo coronavirus avanzaba por el planeta, los expertos en salud aconsejaron mantener distancia física entre las personas para frenar el contagio. Muchos países pidieron a sus ciudadanos que se quedaran en sus casas. Al igual que otros, participé en reuniones de la iglesia a través de plataformas digitales. En todo el mundo, practicamos nuevas formas de estar juntos, a pesar de la desconexión física.

¡Déjame quedarme!

Mientras iban camino al auto, Santi se soltó de la mano de su madre y corrió como loco hacia la puerta de la iglesia. ¡No quería irse! Su mamá fue tras él y trató de convencerlo para que pudieran irse. Cuando por fin logró alzar a su pequeño de cuatro años, este lloraba desconsolado y estiraba los brazos hacia la iglesia mientras se alejaban.

Toca la campana

Después de treinta aplicaciones asombrosas de tratamiento con radiación, a Daniela la declararon curada del cáncer. Como parte de la tradición del hospital, estaba ansiosa por tocar la «campana de libre de cáncer», que indicaba el final de su tratamiento y celebraba su alta. ¡Tal era su entusiasmo y vigor al hacer sonar la campana que le arrancó la soga! Todos soltaron carcajadas de alegría.

Fe adolescente

La adolescencia es una de las etapas más agonizantes de la vida… tanto para los padres como para los hijos. En mi caso, al intentar «individualizarme» de mi madre, rechazaba abiertamente sus valores y me rebelaba contra sus reglas, suponiendo que lo único que ella quería era hacerme infeliz. Sin duda, ella lamentaba que no quisiera escuchar sus sabias instrucciones, ya que sabía que me evitarían dolores emocionales y físicos innecesarios.

La gran historia de la Biblia

Cuando Carlos abrió la caja de piezas de vitral, en lugar de encontrar los fragmentos que había pedido, descubrió ventanas enteras e intactas. Habían sido quitadas de una iglesia para protegerlas de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Carlos se maravilló al ver cómo los «fragmentos» formaban una hermosa imagen.

Extender gracia a los demás

Nuestro hijo pasó los primeros años de su vida en un hogar de niños, hasta que lo adoptamos. Antes de abandonar el edificio para irnos a casa, preguntamos si podíamos recoger sus pertenencias. Tristemente, no tenía nada. Aunque me apenaba lo poco que tenía, me alegré porque ahora podríamos ayudarlo a suplir sus necesidades físicas y emocionales.

El «qué» al testificar de tu fe

Alan vino a pedirme consejo sobre cómo lidiar con el temor a hablar en público. Como les sucede a muchos, sentía palpitaciones, se le secaba la boca y se ponía todo colorado. La glosofobia es uno de los miedos sociales más comunes; ¡hay quienes bromean diciendo que tienen más miedo de hablar en público que de morir! Para ayudarlo a vencerlo, le sugerí que se enfocara en la esencia de su mensaje en lugar de cómo lo comunicaría.

Avanzar hacia la madurez espiritual

En una encuesta reciente, los participantes tenían que identificar a qué edad pensaban que se volvían adultos. Los que se consideraban adultos indicaban que tener un presupuesto y comprar una casa encabezaban su lista de señales de «madurez». Otras actividades iban desde cocinar todas las noches hasta fijar sus propias citas médicas; e incluso cosas más humorísticas como disfrutar de quedarse en casa un sábado por la noche en lugar de salir.