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Articles by Kirsten Holmberg

Un momento apropiado

Ayer compré un boleto de avión para que mi hija mayor vaya a la universidad. Me sorprende que el teclado de la computadora todavía funcione, ya que una catarata de lágrimas cayó de mis ojos mientras seleccionaba el vuelo. He disfrutado cada día de los 18 años que vivimos juntas, y me entristece que se vaya. No obstante, no le robaría la oportunidad que tiene por delante, por el mero hecho de extrañarla. A esta altura de su vida, es apropiado que se embarque en un nuevo viaje, para descubrir otra parte del país y aprender a ser adulta.

El resultado deseado

Los fisicoculturistas de competición se someten a ciclos de entrenamiento rigurosos. Los primeros meses, se esfuerzan por ganar tamaño y fuerza muscular. Cuando se acerca la competencia, el foco se centra en perder todo tipo de grasa que impida ver el músculo. Por último, consumen menos agua de lo normal, para que el tejido muscular se vea fácilmente. Por la falta de nutrición, el día del torneo se encuentran en su condición más débil, a pesar de parecer fuertes.

¿Me amas?

En mi adolescencia, atravesé la típica etapa de rebelarme contra la autoridad de mi madre. Mi padre había muerto un poco antes, así que ella tuvo que navegar sin ayuda por las aguas turbulentas de la crianza.

Navegar por los rápidos

El guía de rafting nos escoltó hasta la orilla del río, y nos indicó que nos pusiéramos las chaquetas salvavidas y tomáramos los remos. Mientras subíamos al bote, nos asignaba los asientos, para equilibrar el peso y poder mantenernos estables al enfrentar los rápidos.

Superar desafíos

Mi amiga María quería volver a tapizar las sillas de su comedor antes de fin de año. Cuando nos reunimos, me contó sobre su progreso: «Me llevó diez meses y dos horas recuperar mis sillas». Tras varios meses sin poder conseguir los materiales necesarios o encontrar un rato de quietud entre su trabajo demandante y las necesidades de sus hijos pequeños, la tarea le llevó solo dos horas de dedicación intensa para terminarla.

Cofirmante no necesario

Cuando alguien con una larga historia de no pagar sus cuentas quiere conseguir un crédito para comprar una casa o un auto, los prestamistas prefieren no correr el riesgo de dárselo. Si carece de historial de pagos, al banco no le alcanza con que esa persona prometa devolver el dinero. Por lo general, la persona busca a alguien que se haya caracterizado por saldar sus deudas, y le pide que firme como garantía del préstamo. La promesa del cofirmante le asegura al prestamista que el préstamo será saldado.

Calma ante la crítica

Trabajo con un equipo para organizar un evento comunitario anual. A medida que se acerca la fecha, respondemos preguntas públicas y damos instrucciones. Después, escuchamos opiniones. Algunas son buenas, y otras son difíciles de escuchar. Los comentarios negativos pueden ser desalentadores, y a veces nos tientan a darnos por vencidos.

Nadie como yo

De niña, cuando me sentía sola, rechazada o triste, mi madre intentaba a veces alentarme cantando un conocido estribillo: «Nadie me quiere, todos me odian. Creo que me iré a comer gusanos». Cuando una sonrisa aparecía en mi cara apesadumbrada, ella me ayudaba a ver cuántas relaciones y razones especiales tenía para estar agradecida.

Cambio de perspectiva

La ciudad donde vivo había tenido el invierno más crudo en 30 años. Me dolían los músculos de sacar durante horas la nieve que no cesaba. Cuando entré a la casa, después de lo que parecía un esfuerzo inútil, me recibió la calidez de una fogata y mis hijos alrededor del hogar. Al mirar por la ventana, desde la protección de mi casa, cambió por completo mi perspectiva del clima. Ya no veía más el trabajo por hacer, sino la belleza de las ramas congeladas de los árboles y el paisaje invernal bañado por el blanco de la nieve.

Razón para cantar

Cuando yo tenía trece años, mi escuela exigió que se tomaran cuatro cursos exploratorios: economía del hogar, arte, coro y artesanía en madera. El primer día de coro, la profesora hizo pasar a cada alumno al lado del piano para escuchar su voz y ubicarlo según su registro vocal. Cuando llegó mi turno, canté las notas que ella tocó varias veces, pero no me ubicó en ningún lado; me dijo que fuera a la oficina de consejería, para que optara por otra clase. Desde ese momento, sentí que no debía cantar más.