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Articles by Winn Collier

El poder de la música

El 21 de noviembre de 1915, la esperanza de Sir Ernest Shackleton y los tripulantes del Endurance se hundió junto con el barco en las oscuras profundidades bajo el hielo antártico. Quedaron varados a miles de kilómetros de casa. Más tarde, la tripulación comentó varias cosas que ayudaron a su supervivencia, incluido un banjo Windsor de más de cinco kilos de peso. Al emprender su ardua travesía, Leonard Hussey (el meteorólogo de la expedición) fue el único autorizado a llevar más de un kilo de pertenencias. «Es medicina mental vital —le dijo Shackleton a Hussey— y la vamos a necesitar». Los diarios de la tripulación explicaban el poder de aquella música. «El banjo […] alimenta el cerebro», escribió un marinero.

Libertad en Cristo

En 1849, Henry Brown (un esclavo en Virginia, Estados Unidos) se metió en una caja de madera (de 90 x 75 x 60 cm) marcada «mercancía seca», y dos amigos lo enviaron de Richmond a Filadelfia. Permaneció allí durante un viaje de veintiséis horas, con tres pequeños agujeros para respirar. Cuando los abolicionistas lo sacaron de la caja, cantó una paráfrasis del Salmo 40, expresando su esperanza en el Dios que promete libertad. Más tarde, escribió: «Si nunca has sido privado de tu libertad, como lo fui yo, no puedes comprender el poder de esa esperanza de libertad, que para mí fue un ancla del alma, firme y segura».

Unirse a Dios para ayudar

Cuando los talibanes tomaron el control del gobierno de Afganistán en 2021, decenas de miles de personas quedaron atrapadas sin posibilidad de escapar. Ciudadanos comunes actuaron con rapidez, incluido un joven que lanzó una campaña en Instagram y recaudó siete millones de dólares para pagar vuelos de evacuación privados. «Dejamos de lado las divisiones políticas —dijo a un medio de comunicación— y nos unimos desde todos los ámbitos para salvar a estas personas». Eligieron comprometerse en la lucha.

Generosidad que reanima

Un auditorio lleno de estudiantes de la Facultad de Medicina Albert Einstein escuchaba atentamente mientras la nonagenaria Ruth Gottesman hablaba. Al concluir, ante el asombro, los festejos y la euforia de los estudiantes, Ruth anunció que iba a donar mil millones de dólares para que pudieran terminar sus estudios sin pagar matrícula. Esta es la mayor donación realizada a una escuela de medicina. Sin embargo, en las entrevistas posteriores, parecía que Gottesman era quien había recibido el regalo, ya que mostró alegría y honra por poder donar su dinero.

Cómo caen los arrogantes

John Taylor fue un cirujano británico del siglo XVIII que, por arrogancia, se creó una reputación prestigiosa. Tras relacionarse con celebridades, se convirtió en el oculista personal del rey Jorge II. Viajaba por el país realizando espectáculos médicos que prometían curas milagrosas, y a menudo escapaba de los pueblos durante la noche con bolsas llenas de dinero. Los registros sugieren que era un charlatán y que quizá dejó ciegos a cientos de pacientes. La historia no lo recuerda como un médico destacado, sino como el que destruyó la vista de dos de los mayores compositores del siglo: Bach y Händel. Su legado revela sus mentiras y el daño que causó.

Pequeño y poderoso

El 9 de diciembre de 1987, una ardilla mordisqueó un cable eléctrico en Connecticut, y el vasto engranaje financiero del NASDAQ se apagó. Algunas de las corporaciones más grandes del mundo quedaron paralizadas durante casi una hora y media. Todo por culpa de un peludo roedor tenaz.

Creer más de lo que vemos

A finales del siglo xix, pocas personas tenían acceso a los grandes bosques de secuoyas en Estados Unidos, y muchos no creían en los informes sobre estos árboles gigantescos. Pero en 1892, cuatro leñadores entraron en el bosque de Big Stump y pasaron trece días talando el grandioso árbol llamado Mark Twain, que tenía 1.341 años, y medía 90 metros de altura y 15 metros de circunferencia. Un observador lo describió como un árbol «de proporciones magníficas; uno de los más perfectos del bosque». Una parte de esta impresionante belleza, ahora destruida, se envió al Museo Americano de Historia Natural, para que todos pudieran ver una secuoya.

Esperar a Dios

Cuando un país estalló en guerra civil, las autoridades reclutaron a un hombre para el servicio militar. Pero él se opuso: «No quiero participar en la destrucción de [mi país]». Y se fue. Como no tenía visas adecuadas, se encontró atrapado en el aeropuerto de otro país. Durante meses, los empleados del aeropuerto le dieron comida y miles de personas siguieron sus publicaciones en redes mientras deambulaba por las terminales, tejía bufandas y no perdía la esperanza. Al enterarse de su constante aprieto, una comunidad en Canadá recaudó dinero y le consiguió un trabajo y una casa.

Ya no más oscuridad

El remolcador se hundió a 32 kilómetros de la costa de Nigeria, y once miembros de la tripulación se ahogaron. Pero el cocinero del barco, Harrison Odjegba Okene, encontró una bolsa de aire y esperó. Solo tenía una Coca-Cola como provisión, y dos linternas que se agotaron enseguida. Durante tres terroríficos días, Okene quedó atrapado solo y a oscuras en el fondo del mar. Había empezado a perder la esperanza cuando unos buzos en una misión para recuperar cadáveres lo encontraron acurrucado y temblando en lo profundo del casco.

Vencer el mal con el bien

El doctor Dolittle, el médico ficticio que conversa con los animales, ha deleitado a muchos a través de libros, películas y obras de teatro. Sin embargo, pocos saben que el autor, Hugh Lofting, les escribió los cuentos de Dolittle a sus hijos desde las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Como la guerra era demasiado horrible, escribía e ilustraba cuentos para contrarrestar el horror de la guerra.