Invitación abierta de Dios
Antes de la boda de mi íntima amiga, preparamos meticulosamente la mesa para doscientos invitados a la recepción. Con alegre expectativa, pasamos horas doblando servilletas, alineando cubiertos, acomodando manteles y arreglando flores. Después de trabajar tanto, ¡estábamos ansiosas de que los invitados llegaran y disfrutaran! Pero cuando muchos asientos quedaron vacíos, nos sentimos profundamente decepcionadas.
Peleará por ti
El boxeador Jim Braddock no luchaba por la riqueza y la fama, sino para llevar comida a la mesa de su familia. La película El luchador narra cómo pasó de boxeador en decadencia a campeón mundial de peso pesado. Mientras se enfrentaba a la pobreza extrema durante la Gran Depresión, Jim sacrificó sus propios recursos, su salud y su orgullo para proveer para sus hijos. Nunca se dejó intimidar por un adversario y soportó con valentía los golpes en el ring para mantener a salvo a su familia.
Obra de la mano de Dios
Las libélulas son insectos diminutos con algunas de las capacidades de vuelo y resistencia más asombrosas. Sus habilidades aéreas se han estudiado para mejorar la tecnología de vuelo. Recientemente, se ha descubierto que, gracias a que sus alas baten treinta veces por segundo y sus ojos procesan la increíble cantidad de doscientas imágenes por segundo, una libélula que ha caído boca arriba puede enderezarse en apenas 0,2 segundos.
Preparado para ser generoso
La comida después del funeral de mi tío abuelo incluyó carne asada, maíz y porotos, en honor a la hospitalidad que él y su esposa practicaron durante años. Cada domingo, ponían un gran trozo de carne con verduras en la olla eléctrica antes de ir a la iglesia, y después del servicio, invitaban a alguien a almorzar. A veces, un buen amigo; otras veces, un desconocido. Siempre se aseguraban de tener suficiente comida, y esas tardes estaban especialmente dedicadas a la hospitalidad.
Encontrar descanso
La «siesta táctica» es una serie de pautas para que los soldados logren dormir provechosamente entre diez y treinta minutos. Cuando experimentan una oleada de soledad o ansiedad, los soldados pueden ser incapaces de relajarse. Los consejos incluyen usar tapones para los oídos y leer antes de dormir. Es cuando más necesitamos descanso que resulta más difícil encontrarlo.
Fiel en la oración
Cuando falleció mi bisabuela Clara, su lista de oración de más de tres metros de largo se convirtió en una reliquia familiar. Tenía nombres mecanografiados de muchos parientes, amigos, amigos de amigos, además de evangelistas, pastores y ministerios. Nuevos miembros de la familia y peticiones específicas estaban escritos a mano en los márgenes. Me emocioné al ver el nombre de mi madre en la lista, añadido cuando ella era apenas una niña.
Cosecha sus bendiciones
Alan es un agricultor de quinta generación que administra la granja familiar de cerezas, duraznos y manzanas. A lo largo de los años, han perfeccionado el cultivo para obtener el máximo rendimiento, pero aun así, nunca tienen asegurada una buena cosecha. Factores como el clima, los polinizadores y las enfermedades están fuera de su control.
Vidas ofrecidas a Dios
«Estoy agradecido a Dios por su bondad», dice la placa, «por permitirme participar en la construcción de esta gran carretera como marco para la magnífica imagen que Él creó». La inscripción se atribuye al ingeniero Samuel Lancaster en 1915, ubicada en un hermoso mirador escénico en la carretera que diseñó, la cual lleva a los viajeros por el impresionante desfiladero del río Columbia, con bosques, cascadas y rocosos acantilados.
Eterno amado de Dios
Una de las cartas de amor más dramáticas y misteriosas fue escrita por el compositor Ludwig van Beethoven, descubierta después de su muerte en 1827. Escrita apresuradamente, está llena de líneas apasionadas como: «Mi eterna amada […], solo puedo vivir completamente contigo o no vivir en absoluto». Trágicamente, parece que nunca fue enviada y la destinataria sigue siendo desconocida.
La misericordia y nuestro desastre
Durante la escuela dominical, mi paciencia con Pedrito, de tres años, se estaba agotando. Estaba inquieto, trataba mal a los otros niños y se negaba a estar contento, incluso cuando le ofrecíamos los juguetes más codiciados. Mi compasión se transformó en fastidio. Si insistía en ser difícil, lo enviaría de vuelta con sus padres.