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Muchas cosas hermosas

Justo antes de morir, la pintora y misionera Lilias Trotter miró por la ventana y vio un carro celestial. Según su biógrafa, una amiga le preguntó: «¿Ves muchas cosas hermosas?». Ella respondió: «Sí, muchas; muchas cosas hermosas».

Andar en los caminos de Dios

«Vamos por este camino», dije, mientras dirigía a mi hijo entre la multitud, para seguir a su mamá y sus hermanas que iban adelante. A medida que el día iba avanzando en el parque de diversiones que visitábamos, se lo decía más a menudo, ya que él estaba cansado y se distraía más fácilmente. ¿Qué le pasa que no puede seguirlas?, me pregunté.

Escucha a tu hermano

«Tienes que escucharme. ¡Soy tu hermano!». Esta advertencia de un hermano mayor iba dirigida a su hermano menor, ya que le preocupaba que el pequeño se alejara demasiado. Sin duda, el mayor tenía más discernimiento para juzgar qué era lo mejor en esa situación.

La bendición de los incentivadores

La película El discurso del rey narra la historia del rey Jorge vi de Inglaterra, quien, inesperadamente, asumió el trono cuando su hermano abdicó. Con el país al borde de la Segunda Guerra Mundial y la creciente influencia de la radio, los funcionarios querían un líder elocuente. Sin embargo, Jorge vi era tartamudo.

Caminos inesperados

En 1986, Levan Merritt, de cinco años de edad, cayó en el recinto de los gorilas en el zoológico de Jersey, en Inglaterra. Cuando los padres y los espectadores gritaban por ayuda, un macho adulto espalda plateada, llamado Jambo, se interpuso entre el niño inmóvil y otros gorilas, y empezó a palmear suavemente la espalda del niño. Cuando Levan comenzó a llorar, Jambo llevó a los otros gorilas a sus encierros, mientras los guardias fueron al rescate. Más de 30 años después, Levan todavía habla de Jambo, el gigante bueno; su ángel guardián que actuó de una manera asombrosamente inesperada, y que cambió para siempre su concepto de los gorilas.

Dónde hallar esperanza

Elisa luchó mucho tiempo con la adicción a las drogas. Cuando se recuperó, quiso ayudar a otros, en agradecimiento. Entonces, empezó a escribir notas y a colocarlas de forma anónima en diferentes lugares de la ciudad donde vivía. Las ponía debajo de limpiaparabrisas de autos y en postes de parques. Antes, ella buscaba señales de esperanza; ahora, las coloca para que otros las encuentren. Una de sus notas terminaba diciendo: «Con mucho amor. Hay esperanza».

Un momento apropiado

Ayer compré un boleto de avión para que mi hija mayor vaya a la universidad. Me sorprende que el teclado de la computadora todavía funcione, ya que una catarata de lágrimas cayó de mis ojos mientras seleccionaba el vuelo. He disfrutado cada día de los 18 años que vivimos juntas, y me entristece que se vaya. No obstante, no le robaría la oportunidad que tiene por delante, por el mero hecho de extrañarla. A esta altura de su vida, es apropiado que se embarque en un nuevo viaje, para descubrir otra parte del país y aprender a ser adulta.

Esculpidos en sus manos

Allá por el siglo xix, en su iglesia de Londres, Carlos Spurgeon se deleitó durante años en predicar sobre las riquezas de Isaías 49:16, que dice que Dios nos tiene esculpidos en las palmas de sus manos. Declaró: «¡Un texto como este ha de ser predicado cientos de veces!». Un pensamiento así es tan precioso que podemos meditar en él una y otra vez.

Legados de amor

Estaba hojeando la Biblia de mi bisabuela, cuando un tesoro cayó sobre mis piernas. En un pequeño trozo de papel, escrito con letras de niño, estaban estas palabras: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación» (Mateo 5:3-4). Garabateada debajo de esos versículos, estaba la firma de mi madre.

Orar correctamente

Admiro a las personas que anotan pedidos de oración en diarios gastados de usarlos todos los días, que mantienen un registro de peticiones y alabanzas, y que los actualizan fielmente. Me motivan los que se reúnen para orar con otros y los que tienen las rodillas gastadas de hablar con Dios junto a sus camas. Durante años, traté de copiar sus estilos, de imitar su vida de oración perfecta, de emular su elocuencia. Luché para develar cuál era el misterio de sus vidas, anhelando aprender cómo orar correctamente.