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Silencio

Hubo un gran revuelo en la aldea al ver unos camiones de socorro que pasaban por el «camino» destrozado por la lluvia. De repente, el convoy divisó la casa del alcalde… aunque este vivía lujosamente en otra parte, mientras que a su pueblo le faltaban las cosas básicas para vivir.

Compartir el consuelo

Una amiga me envió unas artesanías de cerámica que había hecho. Cuando abrí la caja, descubrí que las preciosas piezas se habían dañado en el viaje.

Una razón para sonreír

En el trabajo, las palabras de ánimo son importantes. La manera en que los empleados se hablan afecta la satisfacción del cliente, las ganancias de la empresa y el aprecio entre colegas. Según estudios, en los grupos laborales más eficaces, sus miembros intercambian seis veces más afirmación que desaprobación, desacuerdo o sarcasmo. Los equipos menos productivos suelen usar al menos tres comentarios negativos por cada palabra amable.

Motivados por Dios

Hace unos meses, recibí un email donde me invitaban a unirme a una comunidad de «personas motivadas». Busqué la palabra «motivado», y descubrí que se refiere a alguien determinado a triunfar.

Un Padre perfecto

Una vez, mi padre admitió: «Cuando eras pequeña, no estuve muy presente».

Tiempo juntos

Camino a casa, después de la boda de un familiar, mi mamá me preguntó por tercera vez qué novedades había en mi trabajo. Una vez más, repetí algunos de los detalles, como si fuera la primera vez que se los contaba, mientras me preguntaba cómo podía lograr que mis palabras fueran más recordables. Mi mamá tiene Alzheimer, una enfermedad que va destruyendo la memoria, puede afectar la conducta y termina en la pérdida del habla… y más.

De muerte a vida

Cuando era joven, mi papá estaba viajando con un grupo de amigos a un evento deportivo en otra ciudad, cuando los neumáticos del auto se deslizaron en la ruta empapada por la lluvia. Tuvieron un accidente grave; uno de sus amigos quedó paralizado y otro murió. A mi papá lo declararon muerto y lo llevaron a la morgue. Sus padres, conmocionados y afligidos, fueron a identificarlo. Sin embargo, mi papá revivió de lo que resultó ser un coma profundo. Su lamento se transformó en alegría.

El vínculo de la paz

Cuando le envié un email a una amiga para confrontarla por una diferencia que habíamos tenido, no me respondió. ¿Me habría excedido? No quería empeorar las cosas acosándola, ni dejar todo sin resolver antes de que ella viajara al extranjero. Durante los días siguientes, cada vez que me venía a la mente, oraba por ella, sin saber cómo seguir. Entonces, una mañana, fui a caminar por el parque y la vi. Cuando me divisó, su rostro mostró el dolor que sentía. «Señor, gracias por permitirme hablar con ella», susurré mientras me acercaba con una sonrisa. Hablamos con sinceridad y pudimos resolver el problema.

Los ritmos de la gracia

Un amigo mío y su esposa, con poco más de 90 años de edad y 60 de casados, escribieron su historia familiar para dejar como legado. El último capítulo contiene importantes lecciones de vida. Una de ellas me hizo detenerme y examinarme: «Si descubres que el cristianismo te agota y te quita la energía, estás practicando una religión en lugar de disfrutar de una relación con Jesucristo. Caminar con el Señor no cansa; te vivifica y restaura tus fuerzas» (Mateo 11:28-29).

Considera las nubes

Un día, hace muchos años, mis hijos y yo estábamos acostados en el patio, mirando cómo pasaban las nubes. «Papá —me preguntó uno—, ¿por qué flotan las nubes?». «Bueno, hijo —empecé, con la intención de brindarle mi vasto conocimiento, pero después, me quedé en silencio—. La verdad que no lo sé— admití—, pero lo averiguaré».