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De vacío a lleno

Se cuenta de un pobre muchachito campesino que se sacó la gorra para honrar al rey. Al instante, otro sombrero le apareció en la cabeza, lo que hizo que el rey se enojara porque parecía una falta de respeto. Así, el muchacho se sacaba un sombrero tras otro, mientras lo llevaban al palacio para castigarlo. Se quitaba uno, aparecía otro; pero cada vez eran más hermosos, con joyas preciosas y plumas. El sombrero número 500 despertó la envidia del rey, quien perdonó al muchachito y se lo compró por 500 piezas de oro. Al final, sin sombrero, el joven volvió a su casa con libertad y con dinero para sustentar a su familia.

Alejado, pero no abandonado

Tenía un nudo en la garganta cuando me despedí de mi sobrina la noche antes de que se mudara para ir a estudiar en la universidad. Aunque ya había estado lejos durante cuatro años, también estudiando, esta vez, se iba a otro estado. Antes, podíamos reunirnos después de conducir dos horas y media, pero ahora, estaría a unos 1.300 kilómetros de distancia. Ya no podríamos juntarnos seguido para charlar. Tendría que confiar en que el Señor la cuidaría.

Una vida en tiendas

Como crecí en Minnesota, un lugar conocido por la gran cantidad de lagos hermosos, me encantaba salir a acampar para disfrutar de las maravillas de la creación de Dios. Pero dormir en una tienda endeble no era lo que más me gustaba de la experiencia; en especial, cuando una noche lluviosa y una tienda con goteras terminaban en una bolsa de dormir empapada.

Las palabras de Simón

Refuge Rabindranath ha trabajado con jóvenes en Sri Lanka por más de diez años. A menudo, interactúa con ellos por la noche: juega con ellos, los escucha y aconseja, y les enseña. Le encanta trabajar con jóvenes, pero eso puede volverse descorazonador cuando estudiantes prometedores se alejan de la fe. A veces, se siente un poco como Simón Pedro en Lucas 5.

Agridulce

Cuando nuestro hijito mordió por primera vez un gajo de limón, frunció la nariz y sacó la lengua. «Puaj», dijo, por lo amargo. Me sonreí y quise tomar el trozo de fruta, con la intención de tirarlo a la basura.

«¡No!—gritó mientras se alejaba corriendo—. Más puaj». Fruncía los labios cada vez que mordía y saltaba el jugo. Finalmente, me dio la piel…

La oración diaria

El cantautor Robert Hamlet le escribió una canción a su madre por su determinación a orar por sus hijos todas las mañanas antes de que fueran a tomar el autobús. Cuando una joven madre lo escuchó cantarla, se comprometió a orar por su propio hijito. ¡El resultado fue enternecedor! A los cinco minutos, volvió… ¡acompañado de cinco amigos! La madre se sorprendió y preguntó qué pasaba, y él respondió: «Sus mamás no oraron con ellos».

Acabemos la carrera

En las Olimpíadas de Río, en 2016, dos atletas en la carrera de 5.000 metros captaron la atención del mundo. Durante el trayecto, Nikki Hamblin y Abbey D’Agostino se chocaron y cayeron. Abbey se levantó de inmediato, pero se detuvo para ayudar a Nikki, y las dos siguieron corriendo. Poco después, por la caída, Abbey comenzó a flaquear, lesionada en una pierna. Entonces, Nikki se detuvo para alentar a su amiga para que terminara la carrera. Cuando Abbey llegó a la meta rengueando, Nikki la esperaba para abrazarla. ¡Qué cuadro hermoso de estímulo mutuo!

La mejor parte

«¡Su porción es más grande!».

Observa al director

El mundialmente renombrado violinista Joshua Bell tiene una manera particular de dirigir su orquesta de cámara de 44 integrantes, la Academy of St. Martin in the Fields. En lugar de usar una batuta, dirige mientras toca su Stradivarius con los otros violinistas. En una entrevista, Bell explicó: «Aun tocando, puedo darles todo tipo de indicaciones y señas que sé que solo ellos entienden en ese momento: pequeños movimientos con mi violín, levantar una ceja o la forma de mover el arco. Ellos saben el sonido que espero de parte de toda la orquesta».

Quitar las barreras

Veía a Maria todos los martes cuando visitaba «la Casa», un hogar que ayuda a exprisioneras a reintegrarse en la sociedad. Mi vida parecía diferente a la de ella: recién salida de la cárcel, luchando contra las adicciones, separada de su hijo. Se podría decir que vivía al margen de la sociedad.