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Articles by Anne Cetas

¿Podemos relajarnos?

Darío entró a la oficina de la kinesióloga sabiendo que experimentaría mucho dolor. Después de sostenerle el brazo en varias posiciones incómodas durante algunos segundos, la kinesióloga le dijo con suavidad: «Bueno, puedes relajarte». Más adelante, él comentó: «Creo que lo escuchaba al menos 50 veces en cada sesión de kinesiología: “Bueno, puedes relajarte”».

Lo único que puedo ver


Un helado día de invierno, Cristina estaba parada mirando el hermoso faro rodeado de nieve junto al lago. Cuando sacó el teléfono para tomar fotos, se le empañaron los anteojos. Como no podía ver nada, decidió apuntar con la cámara hacia el faro, y tomó tres fotos desde diferentes ángulos. Más tarde, cuando las miró, se dio cuenta de que la cámara estaba en modo selfie, y riéndose, decía: «Mi foco era yo, yo y yo. Lo único que podía ver era a mí misma». Las fotos de Cristina me hicieron pensar en un error similar: podemos estar tan enfocados en nosotros mismos que perdemos de vista el panorama más amplio del plan de Dios.


¿Qué clase de Salvador es?


El año pasado, unos amigos y yo orábamos todos los días para que tres mujeres que batallaban contra el cáncer se sanaran. Sabíamos que Dios tenía poder para curarlas. Lo habíamos visto obrar en el pasado y estábamos convencidos de que podía hacerlo otra vez. En cada caso, hubo días en que parecía que sanarse era una realidad, y nos alegrábamos. Pero todas murieron ese otoño. Algunos dijeron que fue «la sanación definitiva»; y en cierto modo, lo fue. Aun así, lamentamos profundamente perderlas. Queríamos que Dios las sanara a todas —aquí y ahora—, pero por razones que no entendemos, no ocurrió ningún milagro.


Dónde hallar esperanza

Elisa luchó mucho tiempo con la adicción a las drogas. Cuando se recuperó, quiso ayudar a otros, en agradecimiento. Entonces, empezó a escribir notas y a colocarlas de forma anónima en diferentes lugares de la ciudad donde vivía. Las ponía debajo de limpiaparabrisas de autos y en postes de parques. Antes, ella buscaba señales de esperanza; ahora, las coloca para que otros las encuentren. Una de sus notas terminaba diciendo: «Con mucho amor. Hay esperanza».

A través de la cruz

Tom, mi compañero de trabajo, tiene una cruz de vidrio sobre su escritorio. Su amigo Phil, que, como él, ha sobrevivido el cáncer, se lo regaló para ayudarlo a ver todo «a través de la cruz». Esa cruz de vidrio es un recordatorio constante del amor y los buenos propósitos de Dios.

Porque Él es bueno

Joel y Laura decidieron regresar a su lugar de origen en Michigan. Para llevarse un último recuerdo especial, se detuvieron en su librería predilecta y compraron dos adhesivos para el automóvil, con la frase favorita de la ciudad de la que se despedían: «Nada como un día en Edmonds».

Tomarse el tiempo

Rima, una mujer siria que acababa de mudarse a los Estados Unidos, trataba de explicar con ademanes y su limitado inglés por qué estaba decepcionada. Con lágrimas, mostraba un plato hermosamente adornado de fatayer (tartaletas de carne, queso y espinaca) que había preparado. Dijo: «Un hombre», y señaló de la puerta a la sala y de nuevo a la puerta. Su tutor sabía que personas de una iglesia cercana irían a visitarla y llevarle regalos. Pero apareció solamente un hombre; entró apurado, dejó las cajas y se fue, solo para cumplir con su responsabilidad, mientras que Rima y su familia anhelaban compartir su fatayer con sus nuevos amigos.

Susurros de aliento

El joven se movía nervioso mientras esperaba que saliera su vuelo. Sus ojos iban de una ventanilla a otra del avión. Cerró los ojos y respiró profundo, tratando de calmarse… pero no funcionó. Cuando el avión despegó, no dejaba de moverse. Una señora mayor, del otro lado del pasillo, le puso la mano en el brazo y empezó a conversar con él para distraerlo. «¿Cómo te llamas?», «¿De dónde eres?», y «No va a pasar nada» fueron algunas de las cosas que le susurró. Ella podría haberse enojado o haberlo ignorado, pero prefirió tocarlo y conversar. Cosas simples. Tres horas después, cuando aterrizaron, él dijo: «Muchísimas gracias por ayudarme».

La clave es la actitud

Regina volvía del trabajo desanimada y cansada. El día había empezado con un mensaje de una amiga con una noticia trágica, y había ido empeorando en reuniones con compañeros de trabajo que rehusaban aplicar lo que ella sugería. Mientras hablaba con el Señor, pensó que lo mejor era poner a un lado el estrés de ese día y hacer una visita sorpresa a una amiga anciana y llevarle flores. Su ánimo se recuperó cuando María le contó lo bueno que el Señor era con ella: «Tengo mi propia cama y una silla, tres comidas por día y enfermeras que me ayudan. Y, a veces, Dios manda un cardenal a mi ventana porque sabe que me encantan, y Él me ama».

Desde lombrices hasta batallas

Cleo tenía diez años cuando fue a pescar por primera vez. Mientras miraba el recipiente con la carnada, parecía vacilar. Finalmente, le dijo a mi esposo: «¡Ayúdame, L-L-M-D-M!». Cuando mi esposo le preguntó qué pasaba, Cleo respondió: «¡L-L-M-D-M! ¡Las lombrices me dan miedo!».