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Articles by Arthur Jackson

Fructífero hasta el final

Aunque Lenore Dunlop tenía 94 años, su mente era aguda, su sonrisa, brillante; y muchos percibían su amor contagioso por Jesús. No era inusual encontrarla con los jóvenes de la iglesia; su presencia y participación eran fuentes de alegría y ánimo. Su vida era tan vibrante que su muerte nos tomó por sorpresa. Como una corredora enérgica, cruzó a toda velocidad la línea de llegada de la vida. Su energía y devoción eran tales que, tan solo días antes de morir, había completado un curso de 16 semanas sobre llevar el evangelio a todo el mundo.

Oraciones perseverantes

«Las oraciones son inmortales» es la llamativa frase de E. M. Bounds, cuyos escritos clásicos sobre la oración han inspirado a varias generaciones. Sus comentarios sobre el poder y la naturaleza perdurable de nuestras oraciones siguen diciendo: «La muerte puede cerrar los labios que las han expresado, el corazón que las sintió quizá deje de latir, pero las oraciones continúan vivas delante de Dios; […] sobreviven a una generación, a una era, a un mundo».

Haz lo que dice

Daniel tenía que participar en la boda de su hermano, pero no se presentó. Era comprensible que los familiares estuvieran decepcionados, incluida su hermana Jazmín, quien estuvo a cargo de leer las Escrituras. En la ceremonia, leyó sin errores el conocido pasaje bíblico de 1 Corintios 13 sobre el amor. Pero tiempo después, cuando su padre le pidió que le entregara un regalo de cumpleaños a Daniel, ella vaciló. Le resultó más difícil poner en práctica las palabras sobre el amor que leerlas. No obstante, poco después se arrepintió y admitió: «No puedo levantarme y leer las Escrituras sobre el amor y no practicarlo».

Un escudo alrededor de mí

Nuestra iglesia sufrió una pérdida lamentable cuando Pablo, nuestro dotado director de canto, murió a los 31 años en un accidente en un bote. Él y su esposa DuRhonda conocían lo que era el dolor, ya que habían sepultado a varios hijos que habían muerto antes de nacer. Ahora habría otra tumba cerca de las de los pequeños. La aplastante crisis que experimentó esa familia fue como un golpe casi mortal en la cabeza.

¡Grandes cosas!

El 9 de noviembre de 1989, el mundo quedó atónito y emocionado ante la caída del muro de Berlín. La pared que había dividido la capital alemana durante 28 años se había derribado, y la ciudad volvería a estar unida. ¡Había ocurrido algo grandioso!

«Aunque»

En 2017, la oportunidad de ayudar a algunas personas tras la devastación producida por el huracán Harvey en Estados Unidos nos motivó a un grupo a viajar a Houston con el objetivo de alentar a los afectados por la tormenta. Mientras ayudábamos, nuestra fe fue desafiada y fortalecida al acompañarlos frente a sus iglesias y casas dañadas.

Listo para ser restaurado

Mientras servía en el ejército en Alemania, me compré un Volkswagen Beetle 1969 nuevo. ¡Era hermoso! El verde oscuro del exterior complementaba el cuero marrón del interior. Pero con los años, comenzaron a suceder cosas, incluido un accidente que arruinó el estribo y destruyó una de las puertas. Con más imaginación, podría haber pensado: «¡Mi auto clásico era un candidato perfecto para una restauración!». Y con más dinero, podría haberlo arreglado… pero nada de eso ocurrió.

Desvíos divinos

A veces, nos resulta difícil escuchar «no» o «ahora no» de parte de Dios. Al inicio de mi ministerio, surgieron dos oportunidades de servicio en iglesias, pero ambas puertas terminaron cerrándose. Después de estas dos desilusiones, surgió otro puesto, y esta vez, me seleccionaron. Con ese llamado ministerial, vinieron trece años de trabajo pastoral que impactó muchas vidas.

Presente en la tormenta

El fuego arrasó con el hogar de una familia de nuestra iglesia. Aunque el padre y un hijo sobrevivieron, el padre todavía estaba hospitalizado cuando su esposa, su madre y dos hijos fallecieron. Cuando sucesos desgarradores como estos aparecen, también lo hace la antigua pregunta: ¿Por qué a las personas buenas les pasan cosas malas?

Encadenados pero no silenciados

En 1963, la defensora de derechos humanos, Fannie Lou Hamer, y otras seis personas entraron a comer a un restaurante en Winona, Mississippi. Después de que unos policías los obligaron a irse, fueron detenidos y encarcelados. Pero la humillación no terminaría con un arresto ilegal, sino que todos fueron golpeados, y Fanny recibió lo peor. Tras un brutal ataque que la dejó casi muerta, comenzó a cantar: «Pablo y Silas encerrados en la cárcel; deja a mi pueblo ir». Y no cantaba sola. Los otros prisioneros —sujetos sus cuerpos pero no sus almas— se unieron a ella en el canto.