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Articles by Arthur Jackson

¡Calla, alma mía!

Imagina a un padre o una madre con el dedo extendido sobre su nariz y su boca, tranquilizando a su hijo con palabras suaves: «shhh… está todo bien». El gesto y las palabras sencillas buscan consolar y tranquilizar al pequeño en su descontento, incomodidad o dolor. Escenas como esta son universales y constantes, y casi todos hemos dado o recibido tales expresiones de amor. Esta es la imagen que me viene a la mente cuando medito en el Salmo 131:2.

El ruego de un ciego

Hace unos años, un compañero de viaje observó que me costaba ver objetos a la distancia. Lo que hizo fue sencillo pero revelador. Se sacó los anteojos y me dijo: «Prueba con esto». Cuando me los puse, me sorprendió que se me aclarara la visión. Al tiempo, fui a un oculista que me recetó anteojos.

¡Piensen seriamente en Jesús!

Si alguna vez hubo alguien fiel, ese fue el hermano Justice. Estaba dedicado a su familia, dedicado a su trabajo en el correo postal, y todos los domingos cumplía con su liderazgo en nuestra iglesia local. Hace poco, visité mi iglesia de la niñez, y sobre el piano estaba la misma campana que él usaba para avisarnos que el tiempo de estudio bíblico estaba por terminar. La campana había soportado el paso de los años, y, aunque hace años que el hermano Justice está con el Señor, su legado de fidelidad también perdura.

Una manta para todos

«Linus» es un personaje central en la tira cómica Snoopy. Ingenioso e inteligente, aunque inseguro, siempre llevaba una manta de seguridad. Podemos identificarnos con él, ya que nosotros también tenemos nuestros miedos e inseguridades.

¡Mi ayuda!

Durante décadas, el renombrado Coro del Tabernáculo de Brooklyn ha bendecido a multitudes con sus inspiradores himnos cristianos. Un ejemplo es su grabación del Salmo 121, titulado Mi ayuda.