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La obra del Espíritu Santo

Cuando Oswald Chambers, autor de En pos de lo supremo, dirigía un instituto bíblico, se enteró de que una pareja que trabajaba allí estaba robando suministros. Oswald decidió no confrontarlos, sino pedirle a Dios que los convenciera de su error. Al cabo de varias semanas, confesaron su arrepentimiento. «Lo supe todo el tiempo», dijo Oswald, «pero quería esperar que el Espíritu de Dios les hablara». Conmovida y asombrada, la pareja entregó su vida a Jesús.

Anhelando el regreso de Jesús

Cuando era joven, me encantaba ir a un restaurante de comida rápida a comer gofres y té dulce. Cuando, de adulta, me mudé a otro estado, ¡me sorprendió que no hubiera ninguna sucursal en cientos de kilómetros a la redonda! En los viajes familiares, parábamos en ese restaurante, con la esperanza de que algún día abrieran uno cerca de casa.

La liberación de David

En las semifinales del torneo de lucha de su escuela, David se quebró una costilla del lado derecho. Ganó el combate, pero se preguntó cómo sobreviviría al campeonato con la caja torácica dañada.

Un verdadero tesoro

Jaime lanzó una larga cuerda con un imán a las aguas de un lago de Nueva York. Quedó atónito cuando sacó una mugrienta caja fuerte llena de fangosos billetes de cien dólares. La policía dijo que podía quedarse con el dinero, ya que no estaba vinculado a ningún delito.

En la quietud

Cuando era niña y me levantaba en la mitad de la noche, a menudo encontraba a mamá sentada en su sillón. La lámpara de mesa iluminaba un libro sobre su regazo: su Biblia. A mi madre le costaba dormir debido a su insomnio y dolores crónicos, pero aprovechaba bien el tiempo. Rara vez hablábamos esas noches, pero sé que ella se conectaba con Dios en esas tranquilas horas de la madrugada, y Dios le hablaba.

Comprensión compasiva

Mi suegro fue artillero en un bombardero durante la Segunda Guerra Mundial. Su avión fue derribado y capturado, y él estuvo prisionero varios meses. Quienes lo conocieron antes de la guerra decían que había sido alegre, sonriente y despreocupado, pero sus experiencias lo convirtieron en alguien malhumorado y retraído.

Metas alineadas con Dios

Tras ser despedido de su trabajo, Juan se deprimió tanto que se internó en un centro de salud mental. Después de semanas sin mejoras, estaba dando un paseo cuando su terapeuta, al verlo, sonrió y exclamó: «Te juego una carrera hasta el salón». Juan recuerda: «Ese pequeño acto desencadenó algo dentro de mí». De repente, sintió que tenía un propósito. Le sorprendió ver que tener un objetivo inspirador y cumplirlo le dio esperanza, la clave de su recuperación.

Respuestas amables con ayuda de Dios

«Ciérrala. Ya he visto suficiente», me dijo un apicultor mayor y experimentado mientras yo aprendía a cuidar una colmena. Mis movimientos habían sido rápidos y enérgicos, provocando vibraciones que alarmaron a las abejas y generaron un enjambre alrededor de mi cabeza. Aunque intentaba cuidarlas, las hice enojar. Mi amigo me mostró la importancia de desplazarse «suavemente», con movimientos amables que no molestaran a las abejas. Hoy (años después), cuando voy a una colmena, me muevo con tanta suavidad que mi esposa dice que parece que bailara.

No un ritual sino Cristo

En Santa Fe, Nuevo México, miles de personas se reúnen cada año para quemar a Zozobra: un muñeco de quince metros de altura relleno de sus preocupaciones, cuentas y remordimientos. Gritan: «¡Quémenlo!», con la esperanza de que las llamas devoren sus ansiedades y problemas, y reinicien sus vidas. El ritual refleja un profundo anhelo humano de ser limpiados del miedo, la vergüenza y el fracaso. Es dramático, pero inútil. El fuego puede destruir papel, pero no la culpa; consumir cenizas, pero no la vergüenza.

Escuchar a Dios

En una charla TED, Celeste Headlee presenta «10 maneras de tener una mejor conversación». Una de ellas puede parecer contraintuitiva: para tener una buena conversación, necesitamos escuchar. A menudo, cuando otra persona está hablando, no la escuchamos sino que vamos pensando en lo que queremos decir a continuación. Headlee cita a Steven Covey: «La mayoría de nosotros no escucha con la intención de entender, sino de responder».