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Unir a las naciones

La frontera internacional más larga del mundo la comparten Estados Unidos y Canadá: casi 8.900 kilómetros de tierra y agua. Habitualmente, se cortan árboles a tres metros de altura a cada lado para delimitar bien la línea. Esta extensa cinta de tierra deforestada, llamada «el Slash» está señalizada con más de 8.000 postes de piedra para que los visitantes sepan dónde se encuentra la división.

En las manos de Dios

Cumplir 18 años abrió paso a una nueva etapa en la vida de mi hija: ya era legalmente adulta y pronto se embarcaría en la vida tras graduarse de la escuela secundaria. Este cambio me produjo una sensación de urgencia, ya que tendría poco tiempo con ella bajo mi techo para impartirle la sabiduría que necesitaría para enfrentar el mundo sola: sus finanzas, la situación global y la toma de decisiones.

Tristeza y alegría

Después de la muerte repentina de su sobrino, Angela y sus dos hermanas se reunieron alrededor de la mesa de la cocina durante tres días, y solo se levantaron para comprar una urna, algo de comida y asistir al funeral. Mientras lloraban por su muerte, también se regocijaban por las fotos de la ecografía de una nueva vida que crecía dentro de la hermana menor.

El Dios que restaura

El 4 de noviembre de 1966, una inundación desastrosa arrasó Florencia, Italia, y dejó sumergida la renombrada obra de arte de Giorgio Vasari, La última cena, durante más de doce horas. Como la pintura se había ablandado y el marco de madera estaba significativamente dañado, muchos creyeron que no tenía reparación. Sin embargo, después de un tedioso esfuerzo de conservación de cincuenta años, expertos y voluntarios pudieron restaurar la valiosa pintura.

Una esperanza que sostiene

«Sé que papá volverá a casa porque me envió flores». Esas fueron las palabras de mi hermana de siete años a nuestra mamá cuando papá estaba desaparecido en acción durante la guerra. Antes de que se fuera a su misión, encargó flores para el cumpleaños de mi hermana, y llegaron mientras él no volvía. Sin embargo, ella tenía razón: papá sí volvió, pero después de una situación angustiante en la batalla. Y décadas más tarde, ella conserva el jarrón como recordatorio de aferrarse siempre a la esperanza.

Lo que solo el Espíritu puede hacer

Durante una entrevista al teólogo Jürgen Moltmann respecto a un libro sobre el Espíritu Santo, un periodista le preguntó: «¿Cómo se puede activar al Espíritu Santo? ¿Se puede tomar alguna píldora? ¿Acaso las empresas farmacéuticas [entregan el Espíritu]?». Moltmann se mostró asombrado. Sacudió la cabeza, sonrió y respondió: «¿Qué puedo hacer? No hagas nada. Espera en el Espíritu, y el Espíritu se manifestará».

Pequeño pero grandioso

¿Llegaré a las Olimpíadas? A la nadadora universitaria le preocupaba no ser lo suficientemente rápida. Pero cuando su profesor de matemáticas, Ken Ono, estudió sus técnicas de natación, vio cómo mejorar su tiempo por seis segundos: una diferencia importante. Identificó pequeñas acciones correctivas que podían hacer que la nadadora fuera más eficiente en el agua.

Jesús es la respuesta

Cuenta la historia que, en la gira de conferencias de Albert Einstein, su chofer mencionó que había escuchado tantas veces su discurso que él mismo podía darlo. Einstein sugirió que cambiaran de lugar en la próxima universidad, y el chofer accedió. Cuando llegó el momento de preguntas y respuestas, alguien hizo una pregunta con agresividad, y el chofer respondió: «Me sorprende que haga una pregunta tan sencilla que incluso mi chofer puede responder». Entonces, este «chofer» —el mismísimo Albert Einstein— respondió la pregunta. Así termina esta historia divertida pero ficticia.

Todo para Jesús

Cuando Jeff tenía catorce años, su mamá lo llevó a ver a un cantante famoso. B. J. Thomas había quedado atrapado en un estilo de vida autodestructivo durante las giras musicales, pero cuando conoció Jesús, su vida cambió radicalmente.

Bendita rutina

Mientras miraba cómo la multitud matutina iba metiéndose en el tren, sentí la depresión de los lunes. Al ver los rostros somnolientos y gruñones de la gente en aquella cabina atiborrada, era evidente que nadie tenía ganas de ir a trabajar. Aquí vamos, otro día rutinario en la oficina.