Honrar a Jesús
Un billete de veinte dólares y dos folletos con mensajes sobre Jesús. Eso había dentro de un sobre etiquetado: «John Daniels, Sr. Día de los actos de bondad al azar». Una mujer me lo dio mientras caminaba por el campus de la universidad. Un año antes, John había sido fatalmente atropellado después de ayudar a un hombre sin hogar y compartir palabras sobre el amor de Cristo con él. Su legado de testimonio mediante palabras y acciones sigue vivo a través de la mujer que conocí ese día y de otros miembros de su familia.
El intercambio
Elías había roto accidentalmente un billete de diez dólares mientras jugaba con sus amigos. Pero en lugar de reprenderlo, su padre le ofreció cambiarlo por uno nuevo de su billetera.
Cómo caen los arrogantes
John Taylor fue un cirujano británico del siglo XVIII que, por arrogancia, se creó una reputación prestigiosa. Tras relacionarse con celebridades, se convirtió en el oculista personal del rey Jorge II. Viajaba por el país realizando espectáculos médicos que prometían curas milagrosas, y a menudo escapaba de los pueblos durante la noche con bolsas llenas de dinero. Los registros sugieren que era un charlatán y que quizá dejó ciegos a cientos de pacientes. La historia no lo recuerda como un médico destacado, sino como el que destruyó la vista de dos de los mayores compositores del siglo: Bach y Händel. Su legado revela sus mentiras y el daño que causó.
Cuando el amor aparece
«¿Por qué lloras?», preguntó un voluntario de un ministerio cristiano de ayuda humanitaria que atendía a personas cuyas casas habían sido destruidas por el huracán Helene. La mujer, que había estallado llorando momentos antes, respondió: «No lloro porque perdí todo. Lloro porque el amor acaba de aparecer».
¿Fuentes o desagües?
A veces, un poco de sabiduría llega cuando menos lo esperamos. Esto me ocurrió mientras leía un artículo sobre el jugador de fútbol americano Travis Kelce. Frustrado, un entrenador le dijo: «Cada persona que conoces en este mundo es una fuente o un desagüe». Tal vez te imagines cuál de los dos era Kelce…
Pequeños comienzos
En 1848, el ingeniero Charles Ellet Jr. pensaba cómo construir el primer puente sobre la Garganta del Niágara. Inspirado por un sueño, organizó un concurso de vuelo de cometas. Un adolescente estadounidense, Homan Walsh, ganó cinco dólares cuando su cometa aterrizó en el lado canadiense del río. Ataron la cuerda a un árbol y esta se usó para tirar de un cordón liviano de regreso al lado opuesto, seguido de cuerdas progresivamente más pesadas, hasta que se consiguió un cable de alambre resistente. Así comenzó la construcción del puente colgante.
Descanso renovador
Durante una fiesta de cumpleaños, la pequeña Mia, de cinco años, disfrutó jugando, cantando «Cumpleaños feliz», comiendo y viendo a su amiga abrir regalos. Cuando todos salieron a jugar, dijo: «Mamá, ya me quiero ir». Agradecieron a sus anfitriones y, al salir, la mamá le preguntó qué le había gustado más. «Irme», respondió. Sonriendo, se quedó dormida antes de que doblaran la esquina.
Tesoro en el cielo
Es común que quienes viajan al extranjero por primera vez empaquen demasiadas cosas. Temen estar lejos de casa y necesitar algo. Pero un artículo reciente habla de los problemas de sobrecargar el equipaje. Aconseja no llevar champú ni secadores de cabello (casi todos los hoteles tienen), y tampoco zapatos ni libros adicionales, que son voluminosos y pesados. El autor señala que, al cargar una maleta pesada por las calles adoquinadas de Europa, uno deseará no haber llevado tanto.
Enfocado en Dios
Al menos aprobó, pensó Julio. Había ayudado a su hijo con matemáticas, pero entre las tareas del hogar y el trabajo extra que su jefe le había asignado, estudiar juntos había sido difícil. Desanimado, pensó en su esposa fallecida: Lisa, tú sabrías qué hacer. No soy tan buen guardián del hogar como lo eras tú.
Seguir humildemente a Jesús
Cerca de casa, hay un famoso jardín donde solemos pasear con un niño al que cuidamos. Su área favorita es el jardín infantil, que tiene una pequeña puerta lo suficientemente grande para que él corra a través de ella, pero lo bastante baja como para que yo tenga que agacharme. Él ríe mientras me arrodillo y atravieso la pequeña abertura para perseguirlo.