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El secreto no secreto

Un compañero de trabajo me confesó que no se creía «calificado para Jesús». Lo escuché mientras describía su vida «cómoda y narcisista», y que eso no lo satisfacía. Luego, agregó: «Pero este es mi problema. Trato de ser bueno y de interesarme en los demás, pero eso tampoco funciona. Parece que lo que quiero hacer, no puedo hacerlo, y lo que quiero dejar de hacer, sigo haciéndolo».

Esperar al Mesías

El técnico parecía joven… demasiado joven para solucionar nuestro problema: un auto que no arrancaba. «Es solo un chico», susurró mi esposo con cierta duda. Su incredulidad respecto al joven sonaba como el murmullo en Nazaret cuando sus habitantes dudaban de quién era Jesús.

«Del Señor soy»

No lleva mucho tiempo darse cuenta de que la moda hoy es tatuarse. Algunos tatuajes son tan pequeños que apenas se notan. Pero otros —desde atletas y actores hasta personas comunes— optan por cubrirse el cuerpo con tintas, palabras y diseños multicolores. La tendencia parece haber llegado para quedarse; una tendencia que dio ganancias por 3.000 millones de dólares en 2014… más otros 66 millones para remover tatuajes.

Amor perdurable

«¡Te amo!», exclamó mi papá cuando cerré la puerta del auto y entré a la escuela. Estaba en sexto grado, y durante meses, casi la misma escena se había repetido todas las mañanas. Cuando llegábamos, Papá decía: «¡Que tengas un hermoso día! ¡Te amo!», y lo único que yo le contestaba era: «Adiós». No era por enojo ni desprecio; simplemente, estaba tan envuelta en mis cosas que no le prestaba atención. Sin embargo, su amor perduraba inalterable.

Hogar

Hace poco, Patsy, una amiga que se ganaba la vida vendiendo casas, murió de cáncer. Mientras hablábamos de ella, mi esposa recordó que años antes, Patsy había guiado a un hombre a Cristo, y que él se había hecho muy amigo de nosotros.

La mano escondida de Dios

Un amigo mío fue adoptado por una pareja norteamericana que salió a la obra misionera en Ghana. Cuando volvieron a Estados Unidos, él empezó la universidad, pero tuvo que abandonarla. Luego, se alistó en el ejército, lo cual lo ayudó a pagar sus estudios y lo llevó por todo el mundo. Dios estaba obrando en todo eso, preparándolo para un rol especial. Actualmente, escribe y edita literatura cristiana para una audiencia internacional.

Navidad solitaria

La Navidad más solitaria que pasé en mi vida fue en la cabaña de mi abuelo cerca de Sakogu, en el norte de Ghana. Tenía solo 15 años, y mis padres y mis hermanos estaban a miles de kilómetros de distancia. Otros años, estando con ellos y mis amigos de la aldea, Navidad había sido siempre algo grande y memorable. Pero esa vez, fue silenciosa y solitaria. Aquella mañana, acostado sobre mi tapete en el suelo, recordé una canción típica: El año ha terminado; la Navidad ha llegado; el Hijo de Dios ha nacido; paz y gozo nos ha traído. Con tristeza, la cantaba una y otra vez.

Una mano que levanta

Mis hijos tuvieron la oportunidad de disfrutar de una pista de patinaje sobre hielo en el patio trasero de nuestra casa durante los fríos inviernos de Idaho, en Estados Unidos. Cuando eran niños, era un desafío persuadirlos a pararse sobre el hielo duro y frío porque sabían cómo dolía al caerse. Cada vez que trastabillaban, mi esposo y yo corríamos para ayudarlos a enderezarse y afirmarse sobre los patines.

Preguntas en Navidad

Mucho antes de que el calendario se cambie a diciembre, la alegría de la Navidad empieza a despertar en nuestra ciudad. Un consultorio médico envuelve las ramas de sus árboles con luces de colores, lo cual resulta en un panorama nocturno espectacular. Otro negocio decora su edificio para que parezca un enorme y extravagante paquete de regalo de Navidad. Es difícil mirar y no ver evidencias de espíritu navideño, o al menos, de publicidades de productos estacionales.

¡Gracias por ser como eres!

Cuando era cuidadora residente de mi madre en un centro oncológico, conocí a Lori, otra asistente que vivía al final del pasillo con su esposo. Charlaba, me reía, me desahogaba, lloraba y oraba con ella en las áreas para actividades compartidas. Nos encantaba alentarnos mutuamente mientras cuidábamos a nuestros seres amados.