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Articles by Katara Patton

Motivado a orar

Una vez, una colega y amiga me dijo que su vida de oración había mejorado por causa de nuestro gerente. Quedé impresionada, pensando que nuestro complicado líder le había dado algunas pautas espirituales que influyeron en su manera de orar. Pero me equivoqué… en cierto modo. Me explicó: «Cada vez que lo veo venir, empiezo a orar». Su tiempo de oración había mejorado porque oraba más antes de conversar con él. Sabía que necesitaba la ayuda de Dios cuando trataba con el gerente, y clamaba más a Él por eso.

Pronto para oír

Sentí palpitaciones cuando iba a abrir mi boca para refutar las acusaciones de una querida amiga. Lo que yo había publicado en línea no tenía nada que ver con ella, como ella había supuesto. Pero antes de contestar, susurré una oración. Entonces, me calmé y escuché el dolor que reflejaban sus palabras. Era claro que había algo profundo y que estaba muy dolida. Mi necesidad de defenderme desapareció al decidir ayudarla a enfrentar su dolor.

La sabiduría de Dios salva vidas

Una cartera se preocupó al ver que se acumulaba el correo de una de sus clientes. Sabía que la anciana vivía sola y que buscaba su correo del buzón todos los días. Esta empleada del correo decidió hablar con uno de los vecinos. El vecino alertó a otro que tenía una llave de la casa de la mujer y, juntos, entraron y la encontraron en el suelo. Se había caído hacía cuatro días y no podía levantarse ni pedir ayuda. La sabiduría, el interés y la decisión de actuar de la cartera probablemente le salvaron la vida.

Ver por fe

Durante mi caminata matinal, el sol golpea las aguas del lago Míchigan en un ángulo perfecto que produce una vista espectacular. Le pedí a mi amiga que se detuviera y me esperara mientras tomaba una foto. Por la posición del sol, no podía ver la imagen en la pantalla antes de captarla. Pero como lo había hecho antes, sabía que sería una foto maravillosa. Le dije a mi amiga: «No podemos verla ahora, pero las fotos como esta siempre salen bien».

Una elección

Unas semanas después de la muerte de una querida amiga, hablé con su mamá. No sabía si preguntarle cómo estaba porque pensé que era una pregunta inapropiada; estaría desconsolada. Pero dejé de lado mi reserva y simplemente le pregunté cómo lo iba sobrellevando. Su respuesta: «Mira, decidí tener gozo».

Dios cubre nuestro pecado

En la década de 1950, cuando una madre soltera tuvo que buscar trabajo para mantener a su familia, consiguió hacer tareas de mecanógrafa. El problema era que no lo hacía muy bien y cometía muchos errores. Buscó maneras de cubrirlos, hasta que finalmente creó lo que se conoce como Liquid Paper, un líquido blanco que se usa para tapar errores. Cuando se seca, se puede escribir sobre lo oculto como si el error no estuviera.

La mascarilla BENDECIDA

Cuando el uso obligatorio de la mascarilla durante la pandemia se redujo, luchaba por recordar tener una a mano para usar donde aún la requerían… como la escuela de mi hija. Un día, cuando la necesité, encontré una en mi auto: la que había evitado usar porque tenía escrito BENDECIDA.

Vestirse de humildad

La CEO de una franquicia de helados fue al programa de televisión Jefe encubierto vestida de cajera. Mientras trabajaba en una de las tiendas de la franquicia, la peluca y el maquillaje ocultaban su identidad al convertirse en una empleada «nueva». Su objetivo era ver cómo funcionaban las cosas directamente desde adentro. Con base en sus observaciones, pudo solucionar algunos problemas que enfrentaba la tienda.

La religión pura

El verano después de mi primer año en la universidad, un compañero de clase murió inesperadamente. Lo había visto pocos días antes y estaba bien. Todos en la clase éramos jóvenes y viviendo lo que considerábamos la plenitud de la vida.

Dios recuerda los nombres

El domingo después de que empecé a trabajar como líder de jóvenes en una iglesia, hablé con una adolescente sentada junto a su mamá. Sonreí y saludé por su nombre a la tímida chica, y le pregunté cómo estaba. Ella levantó la cabeza y abrió grandes los ojos. Me devolvió la sonrisa y susurró: «Recordaste mi nombre». Tan solo con llamar a esa jovencita por su nombre —una chica que tal vez se sentía insignificante en una iglesia llena de adultos—, empecé una relación de confianza. Se sintió vista y valorada.