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Articles by Katara Patton

Así obra la sabiduría

Cuando era niño, llevé a casa una libreta con todas calificaciones excelentes. Las de mi hermana, cinco años mayor que yo, eran más bajas, así que pensé que yo era más inteligente que ella. Entonces, mi hermano mayor propuso probarnos. Fue a la biblioteca, tomó un libro y me pidió que leyera. Apenas reconocí algunas palabras, pero mi hermana leyó sin dificultad. Mi hermano declaró que ella era la más inteligente. Su prueba resultó sabia y aprendí la lección.

Fe arraigada en Dios

Me sentí sumamente inspirada luego de leer una novela histórica sobre Mary McLeod Bethune, fundadora de la Universidad Bethune-Cookman. Las historias sobre su determinación e interés por los demás me llevaron a leer más sobre ella. Se cuenta cómo, a principios del siglo xx, le «describió» los edificios de su escuela para jóvenes afroamericanas a un rico empresario. Pero cuando él visitó el «campus», encontró solo un edificio. Ella le había descrito su sueño, esperando que él invirtiera en la escuela. Su fe y visión trabajaron juntas para conseguir los fondos. Finalmente, su escuela es hoy una universidad.

Buena tierra en Dios

Cada año, a finales de la primavera, planto semillas de pepino en nuestra huerta. Producen hojas rápidamente, pero lleva tiempo ver el fruto. Un verano, después de regar y esperar, me preguntaba si alguna vez tendría pepinos. Pero un día, vi un pequeño bulbo verde. A la semana siguiente, apareció otro. Y luego otro. En pocas semanas, pasamos de tener enredaderas a casi suficiente fruto para preparar ensaladas durante una semana.

Servir como Cristo

Mientras visitaba a una paciente en el hospital, me impactó cómo actuó un joven médico que estaba con un grupo de otros médicos inexpertos. Todos escuchaban mientras un doctor más experimentado explicaba el estado de salud de la paciente. De repente, la paciente dijo ansiosa que necesitaba ir al baño y que no podía levantarse ni esperar a que llegara una asistente de enfermería. En medio de la escena frenética, el joven médico tomó una chata y la asistió. Cuando la enfermera llegó, se sorprendió al ver que alguien ya había ayudado a la paciente. El médico principal elogió la acción del joven doctor.

Satisfacción verdadera en Dios

Hace treinta años, participé en una actividad en un taller de desempleo que recuerdo hasta hoy. A mis compañeros despedidos y a mí nos invitaron a escribir nuestros discursos de jubilación. ¿Qué? Estábamos buscando empleo y lejos de la edad de jubilarnos. Pero la facilitadora explicó el propósito de la actividad: «Es probable que su discurso tenga poco que ver con su trabajo». Dijo que, aunque estuviéramos lamentando la pérdida de un empleo, nuestras vidas significaban mucho más que estar empleados.

La fe de los amigos

Durante una conferencia, una mujer notó que su amiga —la presentadora del día— no se veía bien. Se acercó a ella, y esta respondió: «Voy a terminar esta presentación. Si no me siento mejor, iré al médico». La mujer no se olvidó de la promesa. Aunque tuvo que irse antes, le pidió a otra amiga que viera cómo seguía.

Enfocado en Dios

Una compañera de trabajo me llamó por teléfono para hablar de un tema. Me preguntó cómo estaba, y le conté que tenía una dolorosa sinusitis y que la medicina no estaba funcionando. Entonces, me preguntó: «¿Puedo orar por ti?». Acepté, e hizo una breve oración pidiéndole a Dios que me sanara. Le dije: «A veces me olvido de orar. Estaba tan enfocada en el dolor que no acudí a Dios».

Gozo y fuerza en Dios

En medio de coloridas creaciones hechas con botellas de plástico cortadas para parecer plumas e incluso pantallas de lámparas, un guía en un museo de Nueva Orleans compartió la idea detrás del uso de ese material: «Para una ciudad que ha pasado por tantas dificultades, también hemos aprendido a usar lo que tenemos para crear alegría y belleza. No nos enfocamos solo en los tiempos difíciles; celebramos la resiliencia».

Una gratitud humilde

Un Día de Acción de Gracias, llamé a casa para saludar a mis padres. Mientras hablábamos, le pregunté a mi madre por qué cosa estaba más agradecida. Ella exclamó: «Porque mis tres hijos saben cómo invocar el nombre del Señor». Para mi madre, que siempre había enfatizado la importancia de la educación, había algo más valioso que el que a sus hijos les fuera bien en la escuela y se cuidaran solos.

Trabajar juntos en Cristo

«No importa dónde estés ni lo que estés pasando; utiliza lo que tienes y aprovéchalo al máximo», dijo la joven en una entrevista televisiva. Sus palabras me impulsaron a escuchar con atención la historia completa. Era una de seis hermanas, anteriormente sin hogar, que se esforzaron para alcanzar su objetivo común: obtener títulos de enfermería. Cuando se emitió la historia, las seis estaban completando el programa en una universidad local.