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Articles by James Banks

Dar en vida

Un exitoso empresario multimillonario pasó las últimas décadas de su vida haciendo todo lo posible para repartir su fortuna. Donó dinero a varias causas, como llevar paz a Irlanda del Norte y modernizar el sistema de salud en Vietnam. Y poco antes de su muerte, gastó 350.000.000 de dólares para convertir la isla Roosevelt, en la ciudad de Nueva York, en un polo tecnológico. Dijo: «Creo firmemente en dar en vida. Veo pocas razones para posponer dar […]. Además, es mucho más divertido dar mientras vives que hacerlo cuando estás muerto». Dar mientras vives… ¡qué actitud asombrosa!

El mayor regalo de amor

Mi hijo Geoff salía de una tienda cuando vio un andador abandonado. Espero que nadie necesite ayuda adentro, pensó. Miró detrás del edificio y encontró a un vagabundo inconsciente sobre el pavimento. Lo levantó y le preguntó si estaba bien. «Estoy tratando de emborracharme hasta morir —le respondió—. Una tormenta rompió mi carpa y perdí todo. No quiero vivir más».

Cuando el amor nunca termina

«Cada vez que mi abuelo me llevaba a la playa —recuerda Sandra—, se sacaba el reloj y lo guardaba. Un día, le pregunté por qué lo hacía. Él sonrió y contestó: “Porque quiero que sepas cuánto me importa estar contigo. Solo quiero disfrutar de ti y dejar que el tiempo pase”».

¡León, Cordero, Salvador!

Dos imponentes leones de piedra custodian la entrada a la Biblioteca Pública de Nueva York desde 1911. Primero, les pusieron Leo Lenox y Leo Astor, en honor a los fundadores de la biblioteca. Pero durante la Gran Depresión, el gobernador de Nueva York los denominó Fortaleza y Paciencia, virtudes que pensó que los neoyorkinos debían demostrar en ese tiempo difícil. Hoy en día, esos siguen siendo sus nombres.

Necesitamos la comunidad de la iglesia

Crecí como el primogénito de un pastor de una Iglesia Bautista del Sur. Todos los domingos, la expectativa era clara: tenía que estar en la iglesia. ¿Alguna excepción? Tal vez si tenía mucha fiebre. Pero la verdad es que me encantaba ir, y hasta fui algunas veces con fiebre. Sin embargo, el mundo ha cambiado, y la gente no va a la iglesia como antes. Por supuesto, la pregunta rápida es: ¿por qué? Hay muchas respuestas. La autora Kathleen Norris aporta una respuesta que recibió de un pastor a la pregunta: «¿Por qué vamos a la iglesia?». Le dijo: «Vamos a la iglesia por las demás personas. Alguien tal vez te necesite allí».

Verdaderos adoradores

Por fin tuvo la oportunidad de visitar la iglesia. En la parte más profunda del sótano, Annie Dillard llegó a una pequeña cueva, llena de velas y lámparas que iluminaban un rincón. Allí, una estrella de plata de catorce puntas cubría el piso de mármol. Estaba en la Gruta de la Natividad, el lugar donde, según la tradición, nació Jesús. Sin embargo, no la impresionó en absoluto, ya que entendía que Dios era mucho más grande que ese sitio.

Dios canta sobre ti

Diecisiete meses después del nacimiento de nuestro primer hijo, llegó una niña. Rebosaba de alegría ante la idea de tener una hija, pero estaba un poco inquieto porque, aunque sabía algo sobre varones, ese era territorio desconocido. La llamamos Sarah, y uno de mis privilegios era hamacarla para que se durmiera, para que mi esposa pudiera descansar. No sé bien por qué, pero comencé a cantarle para que durmiera, y escogí la canción You Are My Sunshine [Eres mi sol]. Sosteniéndola en mis brazos y mirándola en su cuna, cantaba literalmente sobre ella, y me encantaba. Ahora tiene más de 20 años, y todavía la llamo Sunshine.

Con nosotros en el valle

Cuando Hannah Wilberforce (tía del abolicionista británico William Wilberforce) estaba por morir, escribió una carta en la que dijo haber oído sobre la muerte de un hermano en Cristo: «Bienaventurado es el querido hombre que partió a la gloria; ahora en la presencia de Dios, a quien sin verlo amaba. Mi corazón parecía saltar de gozo». Luego, describió su propia situación: «Yo, mejor y peor; Jesús, tan bueno como siempre».

Todo lo bueno

Todos los viernes por la noche, el noticioso que ve mi familia concluye la transmisión con una historia inspiradora. Una de esas historias se concentraba en una periodista que había padecido COVID-19, la cual ya estaba recuperada y había decidido donar plasma para ayudar a otros. En ese momento, todavía no se sabía bien cuán eficaces serían los anticuerpos. Pero mientras muchos no saben qué hacer, e incluso ante la incomodidad de donar plasma, ella sintió que «era un pequeño precio que pagar por la posible recompensa».

De perdición a predicación

Darío era una leyenda del béisbol que casi destruye su vida con las drogas. Pero Jesús lo liberó, y hoy ayuda a otros que luchan con adicciones y los guía a la fe en Cristo. Al mirar atrás, afirma que Dios transformó su perdición en una predicación.