Buscar el reino de Dios<
Mi nietito iba a pasar la noche en nuestra nueva casa, en una cama desconocida. Se reía entusiasmado mientras leíamos libros bajo la carpa de dinosaurios que había armado sobre su cubrecama, pero cuando llegó la hora de dormir, abrió grandes los ojos y, preocupado, preguntó: «¿Cómo te encuentro si te necesito?». Tuve una idea: tomé un rollo de cinta de regalo del armario, y juntos la desenrollamos desde su cama, por el suelo, a lo largo del pasillo y hasta mi habitación. «No te preocupes —dije—. Si me necesitas en la noche, ¡sigue la cinta y me vas a encontrar!». Respondió con una sonrisa radiante.
El único digno de adoración
Una tarde de abril, millones de personas se reunieron a lo largo del gráfico de un arco que cruzaba México y Estados Unidos para presenciar un eclipse total de sol. Mientras los equipos de televisión documentaban la cuenta regresiva hacia la «totalidad», la multitud enmudeció salvo por una frase repetida: «¡Dios mío!».
Vida nueva a corazones muertos
El duramen es el pilar sustentador de ciertos árboles. Aunque está muerto, no se descompone ni pierde su fuerza mientras las capas externas vivas permanezcan intactas. Compuesto de fibras unidas por una especie de «pegamento químico» llamado lignina, puede ser tan fuerte como el acero. Este componente de la estructura de un árbol le permite sobrevivir a las inclemencias de la naturaleza.
Delicados pasteles y la provisión de Dios
Estaba acostando a mi nieto durante una fiesta de pijamas. Cuando el marcador de su Biblia se abrió en el Salmo 23, protestó: «Este ya lo leímos». Le sugerí que tal vez podríamos aprender algo nuevo, entonces leyó en voz alta: «El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pasteles me hará descansar». ¡¿Delicados pasteles?! Le expliqué que la palabra era pastos, no pasteles. Horas antes, él había estado en una panadería, eligiendo dulces. Su interpretación cobró sentido: para él, una panadería representaba un lugar de descanso y regocijo.
Las respuestas que Dios da
«¿Cómo se llama mi mamá biológica?». La sincera pregunta de mi hija de siete años me atravesó el corazón. Su adopción había sido privada, y solo nos habían proporcionado la información más básica sobre sus padres: estatura, peso, edad, color de cabello y ojos. ¿Cómo responder? ¡La pregunta parecía imposible! Respiré hondo y oré: «Dios, ¿qué digo?». Una frase me brotó de la boca: «¿Cómo te gustaría que se llamara?». Ella sonrió y exclamó: «¡Madeline!». «Entonces, ¡es Madeline!», declaré. Creo que Dios me dio una respuesta cuando yo no la tenía.
Escuchar al buen Pastor
Abrí la aplicación de banca en línea y descubrí dos retiros de más de 500 dólares, que no había realizado. Entré en pánico, llamé al banco y me enteré de que habían robado mi identidad. Con la ayuda del banco, pude restablecer mi buen historial, pero la experiencia me enseñó a estar alerta para prevenir este tipo de robos en el futuro.
Recordatorios de amor
Cuando me fracturé el brazo, mi amigo Rex me sorprendió enviándome un paquete solidario con sopas y un hermoso cucharón plateado. Me conmovió profundamente y conservé el cucharón mucho después de haber consumido la sopa. Mi brazo ya sanó y el querido Rex ha fallecido, pero su gesto de amor sigue expresando el amor de Dios hacia mí. Cada vez que tomo el cucharón, doy gracias a Dios por su amor manifestado a través de mi amigo.
Las mujeres anónimas
Después de limpiar las mesas con desinfectante, Silvia se inclinó para atar una bolsa de basura llena de vasos y platos usados. La puso sobre su hombro y giró para inspeccionar el salón de usos múltiples de la iglesia. Se había ofrecido para limpiarlo antes del próximo encuentro y quería asegurarse de que estuviera listo. Un pensamiento le cruzó por la mente: ¿Alguien lo notaría?
Paseo de oración
Estaba bloqueada. Había escrito la mitad de un artículo cuando se me agotó la mente. «Dios, ¿qué debo hacer?», oré. Entonces, recordé una investigación que afirma que nuestra creatividad aumenta cerca de un 60 % cuando caminamos, así que fui al sendero detrás de mi casa y seguí hablando con Dios. Treinta minutos después, estaba renovada. Regresé al teclado y terminé el escrito.
Sé como Jesús
El pasajero alto pareció desplegarse al ponerse de pie en el pasillo del pequeño avión. Entonces noté el título de su libro: Sé como Jesús. Más tarde, vi a ese mismo hombre empujar a otros para tomar su equipaje del carrito. ¿Sé como Jesús? No sabía si era un «hermano» en la fe, pero me desconcertó ese acto de egoísmo que representaba mal a Jesús.