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Oidores y hacedores

El teléfono sonó en medio de la noche. Buscaban a mi esposo, el pastor. Estaban llevando al hospital a una de nuestras guerreras de oración de la congregación, una mujer de unos 70 años, que vivía sola. Estaba tan enferma que ya no comía ni bebía; tampoco podía ver ni caminar. Le pedimos a Dios que la ayudara y tuviera misericordia de ella, ya que nos interesaba mucho su bienestar. La iglesia se puso en acción, organizando una cadena de visitas que no solo la ayudaron a ella, sino que demostraron el amor cristiano a pacientes, visitas y personal médico.

Conversaciones tranquilas

¿T e hablas a veces interiormente? En ocasiones, mientras trabajo en algún proyecto (por lo general, debajo del capot de un automóvil), me resulta útil pensar en voz alta para evaluar qué hacer para mejorarlo. Si alguien me descubre en mi «conversación»,  me da un poco de vergüenza; aunque la mayoría de la gente habla sola en algún momento del día.

La vista a 640 kilómetros

«Mi perspectiva de la Tierra cambió drásticamente la primera vez que fui al espacio», dice el astronauta Charles F. Bolden Jr. Para él, todo parecía tranquilo y hermoso visto a 640 kilómetros de distancia. Sin embargo, agregó que, cuando pasó sobre Oriente Medio, «la realidad lo sacudió» al considerar el conflicto actual en esa región. En una entrevista con un productor cinematográfico, declaró que, en ese momento, cuando vio la Tierra como esta debería ser, se sintió desafiado a hacer todo lo posible para mejorarla.

¿Cuánto vales?

Se cuenta que, en el año 75 a.C., un joven de la nobleza romana llamado Julio César fue secuestrado por piratas, tras lo cual se pidió un rescate para liberarlo. Cuando exigieron 20 talentos de plata (unos 600.000 dólares hoy), César se rio y dijo que era evidente que no tenían idea de quién era él. Entonces, insistió en que elevaran el monto del rescate a 50 talentos. ¿Por qué? Porque creía que valía más de 20.

¡Soy rico!

Hay una publicidad por televisión que muestra a una persona abriendo la puerta y viendo a alguien que le entrega un cheque por una cantidad enorme de dinero. Ante eso, el sorprendido destinatario empieza a gritar, cantar, saltar y abrazar a todo el mundo. «¡Gané! ¡Soy rico! ¡No lo puedo creer! ¡Se terminaron los problemas!». Hacerse rico de repente desencadena una gran reacción emocional.

Sin distinción

Imagina a dos adolescentes. Una es fuerte y saludable. La otra nunca conoció la libertad de moverse sola. Desde su silla de ruedas, no solo enfrenta los desafíos emocionales comunes de la vida, sino también una serie de dolores y dificultades físicas.

La pluma roja

Una vez, encontré un dicho popular sobre la pesca en una obra del siglo II a.C. del escritor griego Eliano: «Entre Berea y Tesalónica corre un río llamado Astreo. […] hay en él peces [truchas] de un color moteado». Luego, describe un «cebo para los peces, […] que apela a una inteligente astucia. Cubren el anzuelo con lana purpúrea y encajan en la lana dos plumas […]. Sueltan los pescadores el engaño, y el pez, atraído y excitado por el color, […] imaginando […] un prodigioso banquete, abre la boca ampliamente» (Historia de los animales).

No enviar

¿A lguna vez mandaste un email y, de pronto, te diste cuenta de que había ido a la persona equivocada o que contenía palabras duras e hirientes? ¡Si tan solo pudieras presionar una tecla y detenerlo! Bueno, ahora puedes hacerlo. Varias compañías ofrecen una opción que te da un tiempo breve después de enviar un correo para detenerlo antes de que salga de tu ordenador. Después de eso, el email es como una palabra dicha que no puede retractarse. En lugar de considerarse una solución, esta opción de «no enviar» debería recordarnos la enorme importancia de cuidarnos en lo que decimos.

¡La mejor oferta!

¿Cuánto es suficiente? Esta pregunta podría hacerse en una época cuando muchos países desarrollados se dedican cada vez más a comprar cosas. Me refiero al Viernes Negro, en la semana siguiente a la fiesta de Acción de Gracias en Estados Unidos, cuando las tiendas abren temprano con grandes ofertas; costumbre que se ha extendido a otros países. Algunos compran porque tienen recursos limitados y tratan de aprovechar los precios bajos, pero, lamentablemente, a otros los motiva la codicia, y las peleas por las ofertas se vuelven violentas.

Juego de gratitud

T odos los años, hacemos una exquisita fiesta de Acción de Gracias en la Universidad Cornerstone. ¡A los alumnos les encanta! El año pasado, hicieron un juego mientras celebraban: en tres segundos o menos, cada uno debía mencionar un motivo de agradecimiento, sin repetir lo dicho por otra persona. El que vacilaba, era descalificado.

Fama y humildad

A muchos nos obsesiona la fama, ya sea que se trate de experimentarla personalmente, o de conocer la vida de personas famosas a través de libros o películas sobre giras internacionales, presentaciones en espectáculos nocturnos o sus millones de seguidores en Twitter.

Anhelo de llegar a casa

Mi esposa entró en el cuarto y me encontró con la cabeza metida dentro del gabinete del reloj de nuestro abuelo. «¿Qué estás haciendo?», preguntó. «Este reloj huele igual que la casa de mis padres —contesté avergonzado mientras cerraba la puerta—. Supongo que se podría decir que estaba yendo un rato a casa».

¿Qué harás tú?

Emilia escuchaba mientras unos amigos hablaban de sus costumbres para la fiesta de Acción de Gracias. Uno explicó: «Uno por uno, decimos por qué estamos agradecidos». Otro mencionó: «Aunque mi padre tenía demencia senil, su oración de gratitud al Señor era clara». Y otro compartió: «Nosotros cantamos juntos, ¡y mi abuela nunca para de cantar!». Emilia sintió celos y tristeza al pensar en su familia, y se quejó: «Nuestra costumbre es comer, mirar televisión y no mencionar a Dios ni dar gracias por nada».

Fe sacrificial

Es domingo por la tarde y estoy sentada en el jardín de nuestra casa, cerca de la iglesia donde mi esposo es pastor. En el aire, flotan melodías de alabanza y adoración en idioma farsi, ya que una vibrante congregación de creyentes iraníes se reúne en nuestra iglesia londinense. Su pasión por Cristo nos conmueve cuando comparten cómo fueron algunos perseguidos y otros, como el hermano del pastor, martirizados por su fe. Siguen los pasos de Esteban, el primer mártir cristiano.

Telescopio

Preocupado por asuntos del trabajo y del hogar, Mateo decidió salir a caminar. La brisa primaveral era encantadora, mientras el inmenso cielo azul se oscurecía y una espesa niebla descendía lentamente sobre el pantano. Las estrellas comenzaban a brillar, anunciando la salida de la luna llena. La ocasión le resultó sumamente espiritual, y pensó: Dios está allí; Él lo hizo.