Palabras de amigos
Durante una clase bíblica a los veintiséis años, me sentí desconcertada. Algunos de los comentarios de mis compañeros eran desalentadores por tener tantos problemas. Pregunté: «Si somos cristianos, ¿por qué estamos tan deprimidos? ¿No sabemos cómo termina realmente esta historia?». Me refería a la promesa de la vida eterna en Cristo, pero también a muchas otras sobre el cuidado de Dios. El maestro simplemente sonrió y continuó, pero recordé mi comentario durante años.
Consuelo en medio de las lágrimas
Mi madre llamó alrededor de las nueve de la noche. «Es sobre tu papá —dijo—. Partió». Aunque había imaginado esa llamada durante días y sentía alivio de que mi padre ya no sufriera, la noticia me sacudió. Lloré profundamente mientras el dolor seguía su curso los días y semanas siguientes.
La iglesia cálida
Cuando era niña, iba contenta con mi familia a la iglesia cada domingo. Nuestro pastor irradiaba alegría y siempre incluía a los niños en el servicio. Tanto él como mis maestros de escuela dominical me inculcaron amor por las Escrituras. Y los domingos por la noche, solía haber un predicador invitado o un misionero que despertaba en mí un sentimiento hacia las misiones. El lema de nuestra iglesia era: «La iglesia cálida en la calle Coldwater [agua fría]». No era perfecta, pero éramos una familia. Desde entonces, he seguido asistiendo a la iglesia (aun cuando fue difícil encontrar la adecuada), y como resultado, mi fe ha crecido.
El corazón del asunto
En un viaje de estudio a Moscú, decidí tomar el metro para ir a almorzar. De pie en el vagón, comencé a silbar porque, simplemente, me sentía bien después de una mañana agradable enseñando y el día estaba hermoso. Los pasajeros me miraron como si estuviera loco. Al regresar a la escuela, le conté a una de las empleadas de la oficina que las personas estaban tan desanimadas que se sorprendieron al verme silbar. Ella me informó amablemente: «Sí, sus vidas son muy duras, pero no por eso lo miraron, sino porque aquí es de mala educación silbar en público».
Hijos de Dios
Uno de mis libros favoritos de ilusiones ópticas siempre me asombra, ya que las imágenes engañan mi visión: dos líneas de la misma longitud parecen tener tamaños diferentes, o en la «escalera imposible», cuatro tramos de escalones parecen unirse en un bucle continuo. Puede ser un poco desconcertante darnos cuenta de que no siempre vemos las cosas como realmente son.
Plan de rescate de Dios
Un padre se enteró de que su hija de cinco años había caído por la borda desde el crucero en el que viajaban y se lanzó al océano para rescatarla. Se aferró a ella mientras se mantuvo a flote por más de diez minutos, hasta que el equipo de rescate del barco los llevó sanos y salvos a bordo. En cuanto el padre supo que su hija estaba en peligro, arriesgó todo para salvarla.
Buscar el reino de Dios<
Mi nietito iba a pasar la noche en nuestra nueva casa, en una cama desconocida. Se reía entusiasmado mientras leíamos libros bajo la carpa de dinosaurios que había armado sobre su cubrecama, pero cuando llegó la hora de dormir, abrió grandes los ojos y, preocupado, preguntó: «¿Cómo te encuentro si te necesito?». Tuve una idea: tomé un rollo de cinta de regalo del armario, y juntos la desenrollamos desde su cama, por el suelo, a lo largo del pasillo y hasta mi habitación. «No te preocupes —dije—. Si me necesitas en la noche, ¡sigue la cinta y me vas a encontrar!». Respondió con una sonrisa radiante.
Mirar a Dios
Elisa sintió que el pánico aumentaba. El diseño del libro debía entregarse al día siguiente, pero la imprenta había rechazado las fotos. Podría llevar días resolverlo.
Eternidad con Dios
En el sur de Inglaterra, dos mujeres dirigen el Coffin Club [Club del ataúd]. Crearon ese lugar para que las personas seleccionen y decoren sus ataúdes para cuando finalmente mueran. El padre de una de ellas murió cuando ella tenía trece años. Dijo: «Fue horrendo. Nadie quería hablar de la muerte». Su club es una manera de normalizar una experiencia por la que todos pasaremos algún día.
Sé paciente
Una vez, Shiro Oguni visitó un hogar para adultos con demencia senil. Conmovido por su aislamiento, sintió que debía existir algo mejor. Su genio creativo dio origen a lo que se conoce como el Restaurante de los pedidos equivocados, un restaurante real en el cual todo el personal de servicio lucha con la pérdida de memoria. Sí, leíste bien. Cada persona en ese rol clave, que requiere buena memoria, sufre precisamente en esa área. Ahora bien, desde la perspectiva de los negocios, los resultados fueron pobres, pero los clientes esperan tales problemas, así que comprenden. Esas «sorpresas» van seguidas de disculpas y risas sinceras, y los comensales se van felices.