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El poder de la gente


Un hombre estaba subiendo a un tren en Perth, Australia, cuando resbaló y la pierna le quedó atrapada en el espacio entre el vagón y la plataforma de la estación. Decenas de personas se acercaron rápidamente para ayudarlo. Con todas sus fuerzas, empujaron el vagón hacia el costado, ¡y el hombre fue liberado! En una entrevista, el vocero del servicio ferroviario declaró: «De algún modo, todos participaron. Fue el poder de la gente que salvó a alguien de un posible daño grave».


La tiranía de la perfección

Al Dr. Goldman lo obsesionaba ser perfecto al tratar a sus pacientes. Sin embargo, en un programa de amplia difusión, admitió que había cometido errores. Reveló que, luego de tratar a una mujer en la sala de primeros auxilios, decidió darle el alta. Más tarde, una enfermera le preguntó: «¿Recuerda a esa paciente que mandó a su casa? Bueno, volvió». La habían vuelto a internar y murió. La situación lo devastó. Se esforzó aun más para ser perfecto, pero aprendió lo inevitable: es imposible ser perfecto.

Proyecto Babel

A dos obreros les preguntaron qué estaban construyendo. Uno dijo que era un garaje, pero el otro contestó que edificaba una catedral. Al día siguiente, había uno solo poniendo ladrillos. Cuando le preguntaron dónde estaba el otro, respondió: «Ah, sí, lo despidieron. Insistía en construir una catedral en lugar de un garaje».

La edad no importa

Después de trabajar durante 50 años en su consultorio dental, Dave Bowman planeaba jubilarse y descansar. La diabetes y una cirugía cardíaca confirmaron su intención. Sin embargo, cuando escuchó sobre un grupo de refugiados jóvenes en Sudán, que necesitaban ayuda, tomó una decisión que transformó su vida: accedió a patrocinarlos.

No lo pospongas


Durante años, le hablé a mi primo lejano sobre su necesidad de un Salvador. Hace poco, cuando vino a visitarme y volví a invitarlo a recibir a Cristo, respondió de inmediato: «Me gustaría aceptar a Cristo y unirme a una iglesia, pero todavía no. Vivo entre personas con otras creencias. A menos que me mude, no podré practicar bien mi fe». La persecución, el ridículo y la presión de sus pares fueron las excusas para posponer su decisión.


Constatar la verdad


«Una araña selvática mortífera ha migrado a nuestro país y está matando gente», decía el artículo que me enviaron a mí y a la lista de contactos de email de mi amigo. La historia sonaba creíble; repleta de nombres de científicos y de situaciones de la vida real. Sin embargo, cuando la verifiqué en páginas de Internet confiables, descubrí que era mentira; un engaño de la web. Su autenticidad solo podía ser verificada consultando una fuente confiable.


Pasos de bebé


Mi hijita está aprendiendo a caminar. Tengo que sostenerla, y ella se aferra a mis dedos porque todavía se siente inestable. Tiene miedo de caerse, pero yo estoy allí para sostenerla y cuidarla. Mientras camina con mi ayuda, sus ojos destellan gratitud, felicidad y seguridad. Sin embargo, a veces llora porque no la dejo ir por lugares peligrosos… no se da cuenta de que estoy protegiéndola.


Héroes decepcionantes


La tendencia actual en muchos países es «reeditar» su historia. Próceres destacados, anteriormente reconocidos y honrados por sus luchas incansables para lograr la independencia de sus pueblos, son ahora reprobados al darse a conocer ciertos aspectos oscuros de sus conductas y prácticas. La buena reputación de muchos ha sido manchada por revelaciones irrefutables. Aun así, no dejan de ser héroes.


El propósito de la rutina


Un reloj expuesto en el Museo Británico me impactó por ser una ilustración impresionante del efecto embotador de la rutina. Una pequeña esfera de acero rueda por los surcos en vaivén de una plancha, hasta que golpea una palanca en el otro extremo. Esto inclina la plancha hacia el otro lado, y la esfera comienza a desplazarse en esa dirección, lo cual hace mover las agujas del reloj. Cada año, la esfera recorre unos 4.000 kilómetros, pero sin llegar a ninguna parte.


El poder de las palabras


Nelson Mandela, el famoso líder sudafricano, conocía el poder de las palabras. En la actualidad, sus frases suelen citarse, pero, cuando estaba preso, no podían repetirse por temor a las repercusiones. Diez años después de ser liberado, declaró: «Nunca acostumbro a usar palabras con ligereza. Si 27 años de encarcelamiento me han favorecido en algo, fue aprovechar el silencio de la soledad para entender cuán preciosas son las palabras y el impacto que produce nuestro vocabulario en la manera de vivir y de morir de las personas».


Cuando todo anda mal


Lo primero que a muchos les gusta citar cuando enfrentan dificultades es: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Romanos 8:28). Pero no es fácil creerlo en momentos complicados. Una vez, me senté a hablar con un hombre que había perdido tres hijos, una tras otro, y lo escuché lamentarse: «¿Cómo puede ser para mi bien semejante tragedia?». No supe qué contestar, pero permanecí a su lado, en silencio y acompañándolo en su dolor. Varios meses después, él estaba agradecido, mientras afirmaba: «Mi tristeza está acercándome a Dios».


Estar al lado


Cuando a mi hermana Carole le diagnosticaron cáncer de mama, toda la familia se preocupó. Las cirugías y los tratamientos nos hicieron temer por su bienestar, lo cual nos llevó a orar por ella. Durante los meses siguientes, fue sincera al ponernos al tanto de los desafíos, pero todos nos alegramos cuando llegó el informe de que los tratamientos habían tenido éxito. ¡Estaba recuperándose!


Desconectarse


Cuando nuestros hijos eran jóvenes, fuimos a visitar a mis abuelos. Donde ellos vivían, el televisor no tenía muy buena recepción, pero, para ellos, no era una cuestión muy importante. Después de ver a mi hijo manipulando el aparato durante un tiempo, me preguntó frustrado: «¿Qué se hace cuando se ve un solo canal y no te gusta lo que están transmitiendo?».


Eso hacemos


Mi padre fue gravemente herido tras recibir un disparo en la pierna mientras guiaba como teniente segundo a sus hombres en Hill 609, en el norte de África, durante la Segunda Guerra Mundial. Después de eso, nunca volvió a estar físicamente al cien por ciento. Yo nací varios años más tarde y, mientras fui joven, nunca supe que lo habían herido. Me enteré al tiempo, cuando alguien me contó. Aunque a mi padre siempre le dolía la pierna, nunca se quejaba ni usaba eso como excusa para no sustentar a su familia.


Seguir con Cristo


Cuando era niña, mi semana favorita en el verano era la que pasaba en un campamento cristiano de jóvenes. El fin de semana, me sentaba codo a codo con mis amigos, frente a una enorme fogata. Allí compartíamos lo que habíamos aprendido sobre Dios y la Biblia, y cantábamos. Una canción que todavía recuerdo hablaba de decidir seguir a Cristo. El estribillo tenía una frase importante: «no vuelvo atrás».