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Promesa cumplida

Cuando era niña, todos los veranos viajábamos unos 320 kilómetros para disfrutar una semana con mis abuelos. Mucho después, tomé conciencia de cuánta sabiduría obtuve de esas dos personas que amaba. Sus experiencias de vida y su andar con Dios les habían dado perspectivas que mi mente infantil no podía siquiera imaginar. Conversar con ellos sobre la fidelidad de Dios me aseguró que Él es confiable y que cumple todas sus promesas.

Aceptando la guía

El aire olía a cuero y avena en el establo donde mi amiga Michelle le enseñaba a mi hija a cabalgar. El poni blanco abrió la boca mientras Michelle colocaba el freno detrás de sus dientes. Mientras extendía las riendas, explicó que el freno era importante porque permitía que el jinete frenara el caballo y lo hiciera girar hacia los costados.

El Dios de las sorpresas

El centro de convenciones se oscureció y miles de estudiantes universitarios inclinamos la cabeza mientras el orador nos guio en una oración de consagración. Cuando pidió que pasaran al frente los que se sintieran llamados a la obra misionera en el extranjero, vi que mi amiga Lynette se levantó, y sabía que estaba prometiendo servir en Filipinas. Pero yo no pasé. Viendo la necesidad en los Estados Unidos, quería compartir el amor de Dios en mi tierra natal. Pero una década después, formé mi hogar en Gran Bretaña, procurando servir a Dios entre las personas que Él me puso de vecinos. Mis ideas de cómo vivir mi vida cambiaron.

Actos de bondad

Meses después de perder a su bebé, Valeria decidió hacer una venta de garaje. Gerardo, un artesano vecino, compró ansioso la cuna que ella vendía. Mientras estaban allí, su esposa se enteró de la pérdida de Valeria. Cuando Gerardo se enteró de su situación, decidió usar la cuna para hacerle un recuerdo. Una semana después, emocionado, le regaló un hermoso banco. «Esta es la prueba de que todavía hay gente buena», dijo Valeria.

¡No soy nadie! ¿Quién eres tú?

En un poema que comienza diciendo: «¡No soy nadie! ¿Quién eres tú?», Emily Dickinson desafía en broma todo el esfuerzo que la gente tiende a hacer para ser «alguien», mientras defiende la alegre libertad del anonimato. Porque: «¡Qué terrible ser alguien! / ¡Cuán vulgar, como una rana, / repetir tu nombre todo el santo día / ante un charco que te admira!».

«Contra mí son todas estas cosas»

«Esta mañana pensé que tenía una gran fortuna; ahora no sé si tengo un dólar», dijo el expresidente de los Estados Unidos Ulysses S. Grant cuando fue estafado por un socio de su empresa. Meses más tarde, le diagnosticaron un cáncer incurable. Preocupado por proveer para su familia, aceptó una oferta del escritor Mark Twain para publicar sus memorias, lo cual terminó una semana antes de morir.

Bondad extrema

Kevin Ford, empleado de un restaurante de comida rápida, nunca había faltado a su turno durante 27 años. Después de que apareció en internet un video que mostraba su humilde gratitud por un modesto regalo que había recibido para conmemorar sus décadas de servicio, miles de personas se unieron para mostrarle bondad. «Es como un sueño hecho realidad», dijo cuando una organización recaudó 250.000 dólares en solo una semana.

La mascarilla BENDECIDA

Cuando el uso obligatorio de la mascarilla durante la pandemia se redujo, luchaba por recordar tener una a mano para usar donde aún la requerían… como la escuela de mi hija. Un día, cuando la necesité, encontré una en mi auto: la que había evitado usar porque tenía escrito BENDECIDA.

Conocer a Dios

En una visita a Irlanda, me asombró la enorme cantidad de tréboles decorativos. La pequeña planta verde de tres hojas se podía encontrar en cada tienda en casi todo: ¡ropa, sombreros, joyas y más!

Historia épica de Dios

La tapa de la revista Life del 12 de julio de 1968 mostraba una foto horrorosa de niños desnutridos en Biafra. Un joven, consternado, le llevó un ejemplar a un pastor y preguntó: «¿Dios sabe esto?». El pastor respondió: «Sé que no entiendes, pero sí, Dios lo sabe». El muchacho se fue, diciendo que no le interesaba un Dios así.