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Articles by Cindy Hess Kasper

Nuestro lugar seguro

Mi primer trabajo fue en un restaurante de comida rápida. Un sábado por la noche, un hombre se quedó dando vueltas, preguntando cuándo terminaba mi turno. Me hizo sentir incómoda. Aunque no vivía lejos, me daba miedo caminar sola hasta mi casa a través de un par de estacionamientos oscuros y un tramo de campo arenoso. Por fin, a medianoche, entré a la oficina a hacer un llamado telefónico.

Tesoro en el cielo

Cuando era niña, con mis hermanas nos gustaba sentarnos una al lado de la otra sobre el baúl grande de cedro de mamá. Allí, ella guardaba nuestros suéteres de lana y las manualidades en crochet y bordadas de la abuela. Valoraba mucho el contenido del baúl, y confiaba en que el olor fuerte de la madera de cedro espantara las polillas, para que no destruyeran lo que estaba adentro.

Adiós por ahora

Mi nieta Allyssa y yo tenemos una rutina cuando nos despedimos. Nos abrazamos y empezamos a llorar con sollozos dramáticos durante veinte segundos. Luego, nos separamos y decimos simplemente: «Hasta luego», y nos vamos. A pesar de nuestra sonsa práctica, siempre esperamos volver a vernos… pronto.

Servir y ser servido

Hacía semanas que Marilín estaba enferma, y muchos la habían animado en ese tiempo difícil. ¿Cómo podré compensarlos por su amabilidad?, pensaba, preocupada. Entonces, un día, leyó: «Ora para que [los demás] desarrollen humildad, lo cual no solo les permita servir, sino también ser servidos». De repente, Marilín se dio cuenta de que no hacía falta equilibrar ninguna balanza, sino simplemente dar gracias y permitir que los demás experimentaran el gozo de servir.

Crecer lleva tiempo

El primer día en preescolar, a la pequeña Charlotte le pidieron que dibujara un autorretrato. Su obra de arte incluía un redondel para el cuerpo, una cabeza ovalada y dos ojos redondos. El último día de escuela, le pidieron que hiciera lo mismo. Esta vez, mostraba a una niñita con vestido de colores, un rostro sonriente con sus distintos rasgos y unos hermosos bucles rojos. La escuela había usado una tarea sencilla para demostrar cómo actúa el tiempo en la madurez.

La oración diaria

El cantautor Robert Hamlet le escribió una canción a su madre por su determinación a orar por sus hijos todas las mañanas antes de que fueran a tomar el autobús. Cuando una joven madre lo escuchó cantarla, se comprometió a orar por su propio hijito. ¡El resultado fue enternecedor! A los cinco minutos, volvió… ¡acompañado de cinco amigos! La madre se sorprendió y preguntó qué pasaba, y él respondió: «Sus mamás no oraron con ellos».

Si tan solo…

Mientras salíamos del estacionamiento, mi esposo desaceleró para dejar pasar a una joven que iba en bicicleta. Ella sonrió, saludó y siguió su camino. Momentos después, el conductor de una camioneta estacionada abrió de repente la puerta, arrojando a la ciclista al pavimento. Con las piernas ensangrentadas, la joven lloraba mientras examinaba su bicicleta doblada.

Sin reconocimiento

En las décadas de 1950 y 1960, Audrey Hepburn, Natalie Wood y Deborah Kerr deleitaban a los espectadores con sus interpretaciones en musicales de Hollywood. Gran parte del atractivo era el canto impresionante que realzaba sus actuaciones. Pero, en realidad, Marni Nixon era quien doblaba las voces de estas actrices y, durante mucho tiempo, no tuvo ningún reconocimiento por su contribución vital.

Un Padre perfecto

Una vez, mi padre admitió: «Cuando eras pequeña, no estuve muy presente».

Posturas del corazón

Cuando mi esposo toca la armónica en la iglesia, a veces, cierra los ojos. Dice que lo ayuda a concentrarse y aislar las distracciones para alabar a Dios; solo están su armónica, la música y él.