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Compasión telefónica

¿El conductor se retrasó con tu comida? Puedes usar tu teléfono y calificarlo con una sola estrella. ¿La empleada de la tienda te trató mal? Puedes escribirle un informe malo. Si bien los teléfonos inteligentes nos permiten comprar, estar al día con amigos y mucho más, también nos han dado el poder de calificarnos públicamente unos a otros. Y esto puede ser un problema, ya que los juicios pueden hacerse fuera de contexto. El conductor llegó tarde por circunstancias fuera de su control. La empleada pasó toda la noche despierta con un hijo enfermo. ¿Cómo evitar juzgar injustamente a otros?

Puedes confiar en Dios

Cuando mi gato Mickey tuvo una infección en un ojo, le ponía gotas todos los días. En cuanto lo colocaba en la encimera del baño, se sentaba, me miraba con miedo y se preparaba para recibir el chorro de líquido. «Buen chico», murmuraba yo. Aunque no entendía lo que iba a hacerle, nunca saltó, gruñó ni me rasguñó. En cambio, se acurrucaba cerca de mí… la persona que lo sometía a esa situación difícil. Sabía que podía confiar en mí.

Más precioso que el oro

¿Alguna vez fuiste a una venta de artículos usados y soñaste con encontrar algo de un valor increíble? Una vez, un antiguo jarrón floral chino se compró por solo 35 dólares y se vendió en una subasta en 2021 por más de 700.000. La pieza resultó ser un artefacto raro e históricamente significativo del siglo xv. Esto es un recordatorio asombroso de que lo que algunas personas consideran insignificante puede tener un valor enorme.

Tres reyes

En el éxito musical Hamilton, se representa humorísticamente al rey Jorge III de Inglaterra como un villano demente. Sin embargo, una nueva biografía de él dice que no era el tirano descrito en la obra ni en la Declaración de la Independencia de Estados Unidos. Si hubiese sido un déspota brutal, habría detenido la independencia con medidas extremas. Pero lo contuvo su temperamento «civilizado y bondadoso».

Belleza por cenizas

Después del incendio más destructivo en la historia de Colorado, Estados Unidos, un pastor ofreció ayuda a las familias para buscar artículos valiosos entre las cenizas. Esperaban encontrar muchos objetos preciosos, pero fueron muy pocos. Un hombre habló tiernamente de su anillo de bodas. Estaba en una caja en la habitación de arriba. La casa ya no estaba; todo se había carbonizado o derretido. Buscaron el anillo exactamente en el mismo lugar donde había estado la habitación… sin éxito.

Una puerta para todos

Los protocolos en el restaurante del vecindario de mi niñez eran consistentes con las dinámicas sociales y raciales de finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. Los ayudantes de cocina —María, la cocinera, y los lavaplatos como yo— éramos negros; sin embargo, los dueños eran blancos. Los clientes negros podían pedir comida, pero tenían que retirarla por la puerta trasera. Tales políticas reforzaban el trato desigual de los negros en esa época. Aunque se ha avanzado mucho, aún hay mucho por hacer con respecto a cómo relacionarnos unos con otros como personas hechas a la imagen de Dios.

No desmayes

No recuerdo un tiempo en que mi mamá Dorothy tuviera buena salud. Diabética durante años, el azúcar en su sangre era descontroladamente errática. Tuvo complicaciones y sus riñones afectados necesitaron diálisis permanente. Una neuropatía y huesos fracturados requirieron el uso de una silla de ruedas. Su vista comenzó a reducirse.

Entregarse a Dios

Dios no ayuda a los que se ayudan a sí mismos; ayuda a los que confían y se apoyan en Él. Jonathan Roumie —el actor que representa a Jesús en la exitosa serie The Chosen [Los elegidos], basada en los Evangelios— comprendió esto en mayo de 2018. Había estado viviendo en Los Ángeles, casi arruinado, con apenas comida para un día y sin trabajo en vista. Ante tal perspectiva, el actor derramó su corazón a Dios y le entregó su carrera. Dijo: «Literalmente [oré] las palabras: “Me entrego. Me entrego”». Más tarde, ese día, encontró cuatro cheques en su correo, y tres meses después, le dieron el papel de Jesús en la serie. Roumie descubrió que Dios ayuda a los que confían en Él.

De cabeza al peligro

En 1892, un enfermo de cólera transmitió accidentalmente la enfermedad a través del río Elba, en Hamburgo, de donde se suministraba agua a toda Alemania. En pocas semanas, 10.000 personas murieron. Ocho años antes, el microbiólogo Robert Koch había descubierto que el cólera se transmitía por el agua. Su revelación incentivó a funcionaros de ciudades grandes de Europa a invertir en sistemas de filtrado para proteger el agua. Pero las autoridades de Hamburgo no habían hecho nada, alegando los altos costos y lo discutible de la ciencia.

Cristo, nuestra luz verdadera

«¡Vamos hacia la luz». Esto aconsejó mi esposo cuando luchábamos por encontrar la salida de un hospital un domingo por la tarde. Habíamos visitado a un amigo, y cuando salimos del ascensor, no encontrábamos a nadie que nos indicara dónde estaba la puerta del frente… y la brillante luz del sol de Colorado. Por fin, nos encontramos con un hombre que vio nuestra confusión. «Estos pasillos parecen todos iguales —dijo—. Pero la salida está por allí». Con sus indicaciones, encontramos la puerta, que, de verdad, llevaba hacia la luz brillante del sol.