Una mente sana
Como jugador del equipo de béisbol de los Giants de San Francisco, Drew Robinson conocía los altibajos mentales. Cada vez que las lesiones lo degradaban a las ligas menores, caía en depresión. ¿Me sustituirán? ¿Me recuperaré? Tras un intento de suicidio durante la pandemia, compartió sus problemas con el psicólogo del equipo de los Giants. Recibió tanta ayuda que instó a otros jugadores a que contaran sus luchas mentales. Ahora, aboga por la salud mental de los Giants e insta a los jugadores físicamente duros a buscar también una salud mental fuerte. Tras sobrevivir a lo peor, Robinson cree que su propósito es animar a los demás.
Metas alineadas con Dios
Tras ser despedido de su trabajo, Juan se deprimió tanto que se internó en un centro de salud mental. Después de semanas sin mejoras, estaba dando un paseo cuando su terapeuta, al verlo, sonrió y exclamó: «Te juego una carrera hasta el salón». Juan recuerda: «Ese pequeño acto desencadenó algo dentro de mí». De repente, sintió que tenía un propósito. Le sorprendió ver que tener un objetivo inspirador y cumplirlo le dio esperanza, la clave de su recuperación.
¡Qué comunión!
Raquel «fue de iglesia en iglesia» durante tres años hasta encontrar un grupo de estudio bíblico que le brindara lo que no podía hallar en muchas de ellas: comunidad. Raquel es sorda. En todo el mundo, muchas de estas personas enfrentan desafíos similares para congregarse. Su iglesia fomenta la comunidad viendo juntos un servicio para sordos en YouTube, conversando sobre la enseñanza y compartiendo una comida. El pequeño grupo le brinda la familia espiritual que ella anhela.
La rica provisión de Dios
Tras las inundaciones del huracán Helene, que estuvieron a punto de arrasar su pueblo de Carolina del Norte, un pastor comenzó a notar algo inspirador: los donativos aparecían exactamente cuando los necesitaba. ¿Cargadores de teléfono? Un hombre llegó con un generador y creó una estación de recarga en la iglesia. ¿Agua potable? De la nada, llegaron palés de botellas de agua.
Amar a los niños como Dios los ama
Todo el verano, los niños de la casa detrás de la nuestra pasaban horas columpiándose en su hamaca. Su ruidosa hamaca. Quejándome, le pregunté a mi marido por qué sus padres no engrasaban el columpio. Sin embargo, al orar al respecto, noté un cambio en mi corazón. Pude ver la risa y el gozo de los niños que surgen de la confianza que hallan en el patio de su familia, y de tener a padres cercanos a los que pueden llamar.
Anclado en Dios
Es de mañana, y mi esposo Dan abre su teléfono para seleccionar su himno favorito, My Soul Is Anchored [Mi alma está anclada]. La letra expresa esperanza en Dios en tiempos turbulentos. Las palabras advierten sobre olas que se levantan y rompientes que golpean, pero no tambaleamos porque Dios nos sostiene firmes.
Orar para crecer
Cuando Lam Wai Chan se mudó desde su Singapur natal para pastorear una iglesia en Japón, entró en pánico. La iglesia apenas tenía veinte miembros. En una nación conocida como «cementerio de misioneros», donde aproximadamente el uno por ciento de la población es cristiana y muchas iglesias están vacías, Lam sintió que «estaba tomando el mando de un barco que se hundía». Al clamar a Dios, percibió su respuesta: «Entrégame la iglesia».
Temporadas de amor
El reconocido paisajista holandés Piet Oudolf dice que las flores no tienen que florecer para ser hermosas. Aun en pleno invierno, sus galardonados diseños son famosos por su impresionante atractivo. Aunque algunos disientan, Oudolf afirma: «La belleza está en tantas cosas que uno no imagina. Al decir que amas las plantas que están muertas [dormidas], tienes un problema, porque a la gente no le gustan las plantas muertas».
Raíces profundas
Mientras el paisajista Douglas Kent recorría un vecindario carbonizado de Los Ángeles tras los feroces incendios forestales de 2025, se encontró con una sorpresa: árboles vivos y verdes —muchos de ellos llenos de hojas, frutos y troncos fuertes— junto a autos derretidos y edificios quemados. ¿Cómo era posible?
Una buena defensa
El equipo de baloncesto de séptimo grado de nuestro nieto hacía todo lo posible por anotar. Atacar era su pasión. Pero después de cada canasta, el entrenador los instaba a que corrieran a defender, algo que a veces no hacían con ganas. Todos querían sumar puntos, pero ninguno parecía dispuesto a esforzarse para defender.