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Mi Dios está cerca

Durante más de treinta años, Lourdes, una maestra de canto en Manila, enseñó a alumnos cara a cara. Cuando le pidieron que dictara clases en línea, se puso ansiosa porque tenía una computadora vieja y no entendía las plataformas de videollamadas.

Dilema navideño

David y Angie habían sentido un llamado de mudarse al extranjero, y Dios los respaldó. Pero la mudanza tenía un lado negativo: los padres de David pasarían la Navidad solos.

Comunidad en Cristo

En el sur de las Bahamas hay un pequeño trozo de tierra llamado Isla Ragged. En 2016, cuando menos de 80 personas vivían ahí, había tres denominaciones religiosas, pero todos se reunían en el mismo lugar para adorar y tener comunión cada semana. Con tan pocos habitantes, el sentido de comunidad era especialmente vital para ellos.

Iguales ante Dios

Mientras estábamos de vacaciones, mi esposa y yo disfrutamos de pasear en bicicleta. Un camino nos llevó por un vecindario lleno de casas de millones de dólares. Vimos diversas personas: residentes paseando a sus perros, otra gente andando en bicicleta, y muchos obreros y jardineros. Era una mezcla de personas de todos los ámbitos de la vida, y eso me recordó una realidad valiosa. Todos en aquella calle esa mañana éramos iguales. «El rico y el pobre se encuentran; a ambos los hizo el Señor» (Proverbios 22:2). Más allá de las diferencias, todos fuimos hechos a imagen de Dios (Génesis 1:27).

Apetito de distracción

Dejé mi teléfono a un lado, cansado del bombardeo de imágenes y notificaciones. Después, lo levanté y volví a encenderlo. ¿Por qué?

Superar las pruebas

Anne creció en la pobreza y el dolor. Cuando tenía cinco años, una enfermedad la dejó parcialmente ciega e incapaz de leer y escribir. Tiempo después, su madre murió de tuberculosis, y su padre abusivo abandonó a los hijos que habían sobrevivido. Anne y su hermano Jimmie fueron a parar a un albergue para indigentes. Pocos meses después, Jimmie falleció.

Apóyate en Dios

Mientras estábamos en un parque acuático con amigos, intentamos abrirnos paso por una pista de obstáculos flotantes. Las plataformas flexibles y resbalosas hacían que caminar fuera casi imposible. Después de tambalearnos un poco, siempre terminábamos en el agua. Cuando completamos la pista, mi amiga se apoyó en una de las «torres» a recuperar el aliento. Casi de inmediato, esta cedió bajo su peso, lanzándola al agua.

Dios es más que suficiente

Elena tenía un presupuesto ajustado, así que se alegró cuando recibió un bono de Navidad. Habría sido suficiente, pero cuando depositó el dinero, el cajero dijo que, como regalo de Navidad, el banco le descontaba una cuota de su pago por la hipoteca. ¡Qué gran sorpresa!

Dios no se olvidará de ti

En mi infancia, coleccionaba estampillas. Cuando mi angkong («abuelo» en el dialecto fuzhou) se enteró de mi pasatiempo, empezó a guardar estampillas del correo que recibía en su oficina todos los días. Siempre que visitaba a mis abuelos, Angkong me daba un sobre lleno de estampillas. «Aunque esté ocupado —me dijo una vez—, no me olvidaré de ti».

Ser la iglesia

Durante la pandemia del COVID-19, David y Carla buscaron una iglesia a la cual asistir. «Es un momento difícil para encontrar una iglesia», me escribió Carla. Entonces, me di cuenta de que yo también anhelaba reencontrarme con la familia de mi iglesia. «Es un momento difícil para ser la iglesia», respondí. En esa época, nuestra iglesia había dado un giro: se ofrecían alimentos en los vecindarios aledaños, nos reuníamos en línea y se telefoneaba a los miembros de la congregación para ofrecer apoyo y oración. Mi esposo y yo participábamos, pero también nos preguntábamos qué más podíamos hacer para «ser la iglesia» en nuestro mundo cambiado.