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Articles by Xochitl Dixon

La adoración como estilo de vida

Mientras esperaba en la fila para el desayuno en una conferencia cristiana, un grupo de mujeres entró al salón. Sonreí y saludé a la que se paró detrás de mí. Luego de saludarme, dijo: «Yo te conozco». Mientras nos servíamos, tratamos de recordar dónde nos habíamos visto. Yo estaba bastante segura de que me había confundido con otra persona.

Nada de ostentación, solo alabanza

Mientras miraba los adornos caseros que mi hijo Xavier elaboró durante años y las desparejas bolas para el árbol de Navidad que la abuela le había enviado, no podía entender por qué no estaba contenta con el decorado. Siempre había valorado la creatividad y los recuerdos que representaba cada adorno. Entonces, ¿por qué los exhibidores en las tiendas me tentaban a desear un árbol decorado con bolas perfectamente iguales, luces brillantes y cintas satinadas?

En el mismo equipo

Cuando Carson Wentz, un famoso mariscal de campo, volvió después de una grave lesión, Nick Foles, quien lo suplantaba, regresó sin quejarse al banco. Aunque competían por el mismo puesto, decidieron respaldarse y cumplir sus funciones. Un reportero señaló que ambos tienen «una relación única arraigada en su fe en Cristo», demostrada en sus constantes oraciones el uno por el otro. Mientras los demás observaban, ellos honraban a Dios, recordando que estaban en el mismo equipo; no en el deporte, sino como creyentes en Cristo y representantes de Él.

Dar lo mejor que tenemos

Cuando entramos al refugio para personas sin techo, nos quedamos mirando las pilas de zapatos donados. El director había invitado a nuestro grupo de jóvenes a clasificar las montañas de calzado usado. Pasamos la mañana uniendo los pares y alineándolos en filas en el suelo. Terminamos tirando más de la mitad de los zapatos porque estaban demasiado dañados como para que alguien los usara. Aunque el refugio no podía evitar que las personas donaran cosas en mal estado, se negaba a distribuir zapatos rotos.

Ningún obstáculo imposible

Hace tiempo, organicé una excursión para estudiantes a una pista de obstáculos. Les indicamos que se pusieran el equipo de seguridad y escalaran una pared de dos metros y medio de altura. Los primeros animaban a cada escalador a confiar en el arnés y seguir avanzando sin mirar abajo. Pero una alumna tuvo miedo. «No puedo hacerlo, es imposible», dijo. Reafirmando la seguridad de su arnés, la animamos mientras ella trepaba y llegaba a la plataforma en lo alto.

Oraciones en la playa

Durante un viaje para celebrar nuestro 25.° aniversario, mi esposo y yo leíamos nuestras Biblias en la playa. Cuando los vendedores pasaban y nos ofrecían sus mercancías, les agradecíamos, pero no compramos nada. Uno de ellos, Fernando, sonrió ante mi negativa e insistió en que compráramos regalos para los amigos. Después de rechazar su invitación, él tomó las cosas y empezó a irse… aún con una sonrisa. «Oro a Dios para que bendiga su día», le dije.

Esfuerzo conjunto

Mi esposo estaba parado debajo de las luces que iluminaban el campo de juego. Cuando un jugador del otro equipo bateó la pelota, él corrió a toda velocidad hacia el rincón más oscuro de la cancha para atraparla y chocó contra la baranda de hierro. Esa noche, mientras le daba una bolsa de hielo, pregunté: «¿Estás bien?». Se frotó el hombro y dijo: «Me sentiría mejor si mis compañeros me hubiesen advertido que me acercaba a la baranda». Los equipos funcionan mejor cuando trabajan juntos. Y así también podrían evitarse lesiones.

Recuerdos cementados por Dios

Cuando mi hijo adulto enfrentó una situación difícil, le recordé sobre el cuidado y la provisión constantes de Dios mientras su padre estuvo sin empleo. Mencioné la fortaleza y la paz que el Señor dio a nuestra familia cuando mi madre peleó y perdió su lucha contra la leucemia. Señalé algunas historias de la fidelidad de Dios en la Biblia, y resalté que Él siempre cumplía su palabra. Lo guié por el sendero de recuerdos cementados por Dios que demostraban que, tanto en las luchas como en las celebraciones, la presencia, el amor y la gracia de Dios bastan.

Dios entiende

Después de mudarse, Diego, de siete años, se quejaba mientras se preparaba para un campamento de verano en su nueva escuela. La madre lo alentaba asegurándole que entendía que el cambio era duro. Una mañana, el enojo del niño parecía exagerado. Compasivamente, ella le preguntó: «Hijo, ¿qué es lo que más te molesta?». Mirando por la ventana, él se encogió de hombres y dijo: «No lo sé, mamá. Siento muchas cosas».

Trabajar con Dios

Durante su visita a México en 1962, Bill Ashe ayudó a reparar bombas manuales de molinos de viento en un orfanato. Quince años después, inspirado por un profundo deseo de servir a Dios —ayudando a suministrar agua potable a aldeas necesitadas—, Bill fundó una organización sin fines de lucro. Dijo: «Dios me estimuló a “sacar el mayor provecho del tiempo”…