Lágrimas de gozo
Una mañana, al salir de su casa, Daniel encontró a unos amigos que lo esperaban con globos. Uno le entregó un sobre y dijo: «Enviamos tus poesías a un certamen». Adentro, una tarjeta decía: «Primer premio», y enseguida todos lloraron de alegría. Sus amigos habían hecho algo hermoso, que confirmaba su talento para escribir.
El triunfo de la fe
Un examen médico de rutina para el pequeño Calvin, de cuatro años de edad, reveló unas manchas inesperadas en su cuerpo. Durante la visita, le aplicaron inyecciones y cubrieron el lugar con una venda adhesiva. En casa, cuando llegó el momento de quitársela, lloriqueaba con miedo. Para consolarlo, su padre dijo: «Calvin, sabes que nunca haría nada para lastimarte». Quería que su hijo confiara en él más de lo que temía que le quitara la venda.
La oración importa
«Oración por una resonancia magnética cerebral». «Que mis hijos vuelvan a la iglesia». «Consuelo para David, que perdió a su esposa». Estos son algunos de los pedidos de oración que recibe nuestro equipo especial que luego envía notas manuscritas a cada persona. Las peticiones son abrumadoras, y nuestros esfuerzos pueden parecer pequeños e invisibles. Eso cambió cuando recibí una conmovedora tarjeta de agradecimiento de David, el desconsolado esposo, con una copia del obituario de su esposa. Volví a darme cuenta de que la oración importa.
Un Creador confiable
El «monstruo» de Frankenstein, de Mary Shelley, es uno de los personajes literarios más conocidos y que cautiva nuestra imaginación. Pero los lectores minuciosos de la novela saben que puede argumentarse claramente que Víctor Frankenstein, el delirante científico que creó la criatura, es el verdadero monstruo. Después de crear una criatura inteligente, le niega toda guía, compañía y esperanza de felicidad, lo que garantiza que la criatura entrará en desesperación e ira. Al confrontar a Víctor, se lamenta: «Tú, mi creador, quisieras destruirme, y lo llamarías triunfar».
La autoridad de Jesús
Después de que Jesús liberara a mi hijo Geoff de años de drogadicción, seguía preocupándome. Habíamos atravesado muchas cosas juntos y, a veces, mi foco seguía en su pasado difícil en lugar del futuro que Dios tenía para él. Los padres de adictos suelen preocuparse por las recaídas. Un día, en una reunión familiar, llamé a Geoff aparte y le dije: «Recuerda que tenemos un adversario y que es poderoso». «Lo sé, papá —respondió—. Tiene poder, pero no tiene autoridad».
No se puede amar más que Dios
Cuando mi hijo Xavier estaba en jardín de infantes, extendió ampliamente los brazos y dijo: «Te amo así de grande». Yo extendí mis brazos aún más y dije: «Yo te amo así de grande». Con los puños en la cintura, dijo: «Yo te amé primero». Sacudí la cabeza y dije: «Yo te amé cuando Dios te puso en mi panza». Xavier abrió grande los ojos… «Ganaste». «Los dos ganamos —dije—, porque Jesús nos amó primero a ambos».
Orar y velar
Cuando tienen luchas espirituales, los creyentes en Jesús deberían tomar seriamente la oración. Sin embargo, una mujer descubrió que podría ser peligroso practicarlo de manera insensata. Cuando oraba, cerraba los ojos. Pero un día, mientras conducía y oraba (¡con los ojos cerrados!), no se detuvo en un semáforo, pasó volando el cruce y terminó en el patio de una casa. Aunque salió ilesa, le hicieron una multa por conducir imprudentemente y dañar una propiedad. Esta guerrera de oración no consideró una parte clave de Efesios 6:18: mantenerse alerta.
Compañeros angelicales
Cuando un examen médico tras otro llenó la agenda de Bev, su preocupación y agotamiento fueron aumentando. Se alarmó cuando los médicos le dijeron que estaban buscando un cáncer en alguna parte de su cuerpo. Cada día, cuando oraba o leía la Biblia, Dios la alentaba con las promesas de su presencia y paz. Una mañana, se cruzó con un versículo en Éxodo 23, que saltó de la hoja a su corazón antes de una cirugía importante: «He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino» (v. 20).
Arrancar la maleza de la preocupación
Después de enterrar unas semillas en el jardín de mi casa, esperé para ver los resultados. Había leído que brotarían entre diez y catorce días, así que las revisaba con frecuencia al regarlas. Pronto, vi que unas hojas verdes se abrían paso por el suelo. Pero se me pinchó el globo de inmediato cuando mi esposo me dijo que eran malezas. Me instó a que las sacara enseguida, para que no ahogaran las plantas que intentaba cultivar.
Servir juntos en Jesús
Un grupo de rescate ayudó a dos hombres perdidos en una isla de Micronesia. Fue necesario trabajar en equipo porque una crisis de salud exigía que limitaran el contacto unos con otros. Un piloto que los detectó se comunicó con un barco de la marina australiana. El barco envió dos helicópteros que les llevaron comida, agua y ayuda médica. Luego, los guardacostas estadounidenses llegaron para evaluar cómo estaban y emitieron un comunicado. Por último, un bote patrulla micronesio los llevó a su destino.