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Dios en los detalles

Mi sobrina estaba ocupada con sus estudios y adaptándose a su nueva residencia. Por problemas de seguridad, la universidad requería un permiso vehicular. Como solicitarlo sería una tarea más en su larga lista, me ofrecí a hacerlo. «¡Gracias!», me dijo después, sorprendida de que me hubiera tomado solo unos minutos conseguirlo.

Definido por Cristo

Hace unos años, el artista Michael Landy enumeró todo lo que poseía: 7.227 pertenencias. Después hizo algo impactante: instaló una fábrica en el distrito comercial más concurrido de Londres y destruyó todo en público. Ropa, obras de arte, cartas de amor, incluso su auto, fueron colocados en una cinta transportadora y triturados. Mientras la gente entraba y salía de las tiendas cercanas, la obra de Landy planteaba una pregunta: «¿Quiénes somos sin nuestras posesiones?».

Uno en Jesús

Ver competencias deportivas y conocer a atletas fue un sueño hecho realidad cuando asistí a unas Olimpíadas como reportera. Me fascinaba escuchar a personas de todo el mundo hablar en distintos idiomas y aclamar a sus naciones.

Recordatorio de la presencia de Dios

Con ramas de hojas desgarbadas que crecen como manos alzadas hacia los cielos, los árboles excepcionales que vimos en el Parque Nacional Joshua Tree, en California, nos intrigaron. Se cree que los pioneros los llamaron «Árboles de Josué» porque les recordaban la historia del Antiguo Testamento cuando Josué extendió una lanza como señal de la presencia y la ayuda de Dios.

Administradores fieles

En 2024, una corporación aeroespacial estadounidense reprobó una auditoría realizada por la Administración Federal de Aviación. La auditoría se hizo tras múltiples incidentes de seguridad, incluido un vuelo que sufrió una despresurización en la cabina cuando un panel de una puerta se desprendió. Un vocero de la empresa reconoció que las fallas se debieron a que las instrucciones para los empleados eran difíciles de comprender y cambiaban demasiado a menudo, lo que impidió que siguieran fielmente los procedimientos.

Dios de mi hermana

Amina conoció a Cristo en un país donde el cristianismo era ilegal. Empezó a compartirle su nueva fe a su hermano, pero la rechazó. Luego, él contrajo una peligrosa afección pulmonar. Solo en una oscura habitación de hospital, le costaba respirar. Como no estaba listo para reconocer a Jesús como el Hijo de Dios y temía que alguien lo escuchara pronunciar su nombre, clamó: «Dios de mi hermana, ¡ayúdame!». De repente, pudo respirar bien y la habitación inexplicablemente se iluminó. Ese día comenzó su camino hacia la fe en Jesús.

Una ofrenda para Jesús

«Alzo mis ojos; ensombrecidos por la pena, no veo las colinas que perduran», escribió la poetisa Christina Rosetti en su conmovedor poema Una mejor resurrección. Allí describe que se siente «insensible al temor o a la esperanza». Pero se aferró a una esperanza más profunda que su desesperación. Aunque no veía «brote ni verde» que apuntara a la obra renovadora de la resurrección de Cristo en su vida, confesó: «Más se alzará»; y oró: «Álzate en mí, Jesús».

Más allá de los días tristes

El cantautor canadiense Gordon Lightfoot es famoso por clásicos perdurables como El Naufragio del Edmund Fitzgerald y Si supieras lo que pienso. Pero una de sus canciones menos conocidas lleva por título The Minstrel of the Dawn [El juglar del amanecer]. Un juglar es un trovador, un cantante que pone música a su poesía. Al igual que nosotros, el trovador de Lightfoot anhela estar «más feliz que triste». Aunque siempre hay cosas «tristes» en las que pensar o detenerse, el juglar elige enfocarse en lo alegre al amanecer y cantar sobre eso.

Esperar a Dios

José, un nuevo creyente en Jesús, revisaba frustrado las ofertas de trabajo. Sus empleos anteriores como mesero habían sido bien pagos, pero los turnos de fin de semana, típicos de los restaurantes, le dificultaban asistir a la iglesia con regularidad. «¿Por qué Dios no responde mi oración? —se lamentaba—. ¿No quiere que vaya a la iglesia?».

Hecho para la comunidad

Cuando mi esposo, Alan, y yo decidimos mudarnos al otro lado del país para que él continuara sus estudios, yo no tenía trabajo asegurado y no sabíamos cómo íbamos a pagar la vivienda estudiantil. Poco antes de partir, un conocido de la iglesia nos presentó a un exalumno de la universidad a la que Alan asistiría, que sabía de un apartamento económico. Luego, un compañero de trabajo me dio el contacto de un ministerio cristiano. A través de su pueblo, Dios respondió a nuestras oraciones y nos dio oportunidades, incluido un empleo. Amigos y familiares nos ayudaron a mudarnos y nos despidieron con oración.