Amor drástico de Dios
Daniel nació en un orfanato en Rumania. Durante siete años, solo salía de su cuarto para ir al baño. Cuando cumplió ocho, una familia de otro país lo adoptó. Supieron del trastorno de apego de Daniel y que podía tener dificultades para vincularse, pero poco a poco, comenzó a confiar en ellos. Al tiempo, sin embargo, empezó a tener tales arrebatos de ira que sus padres contrataron a un guardaespaldas para que los protegiera de los estallidos de su hijo. Entonces, decidieron aplicar una terapia controvertida: durante los siguientes cinco años nunca se alejaron de él, incluso durante sus crisis. Cuando Daniel cumplió trece años, se quebró y, por primera vez, les dijo a sus padres que los amaba mucho. Su madre resumió: «Generar amor no es para los blandos ni sentimentales. El amor es un campo de batalla».
Jesús, nuestro sustituto
A medida que la Guerra Civil Estadounidense se prolongaba, ambos bandos recurrieron al reclutamiento obligatorio. Según la ley confederada, un reclutado podía evitar el servicio contratando a otro hombre para que lo reemplazara; en su mayoría, alguien menor o mayor que la edad requerida. Generalmente, el «principal» (como se llamaba al que evadía el reclutamiento) pagaba una tarifa al gobierno y una suma grande a su sustituto. Solo los ricos podían costear un reemplazo.
La Palabra de Dios permanece
A principios del siglo xx, el exitoso empresario Charles Schwab decidió construir la mansión quizá más lujosa de la ciudad de Nueva York, en Riverside Drive. Se inspiró en los castillos franceses y ocupaba toda una manzana, con jardines exuberantes, salones majestuosos e interiores opulentos. Contrastaba fuertemente con los edificios de apartamentos que pronto caracterizarían Manhattan. A pesar de su esplendor, fue difícil encontrar un comprador tras la muerte de Schwab. Era demasiado grande y costosa, y no encajaba con las tendencias inmobiliarias. La demolieron en 1948. Tanto la mansión como el hombre se desvanecieron.
Ira lenta
La expresión «televisión lenta» describe la cobertura maratónica de un evento en tiempo real. El género se hizo popular en 2009 cuando la Corporación de Radiodifusión Noruega transmitió un viaje en tren de siete horas. Sí, siete horas, en un tren. Suena... aburrido. Pero ha ganado una audiencia que encuentra cautivador el recorrido escénico.
Más allá de los días tristes
El cantautor canadiense Gordon Lightfoot es famoso por clásicos perdurables como El Naufragio del Edmund Fitzgerald y Si supieras lo que pienso. Pero una de sus canciones menos conocidas lleva por título The Minstrel of the Dawn [El juglar del amanecer]. Un juglar es un trovador, un cantante que pone música a su poesía. Al igual que nosotros, el trovador de Lightfoot anhela estar «más feliz que triste». Aunque siempre hay cosas «tristes» en las que pensar o detenerse, el juglar elige enfocarse en lo alegre al amanecer y cantar sobre eso.
Una presencia no ansiosa
En su libro Generation to Generation, el terapeuta familiar Edwin Friedman incorporó la frase «una presencia no ansiosa». Su tesis sostiene que «el clima estadounidense contemporáneo se ha vuelto tan crónicamente ansioso que la sociedad ha entrado en una regresión emocional tóxica para un liderazgo bien definido». Se centró en cómo la ansiedad crónica se propaga dentro de un sistema: una familia, un lugar de trabajo, una congregación. Sin embargo, de la misma manera, un líder puede ofrecer una presencia no ansiosa en esos entornos, convirtiéndose en un agente de paz en medio de la tormenta.
La hermosa creación de Dios
Para un padre, la muerte de un hijo es devastadora. Pero perder dos hijos... ¡inimaginable! Sin embargo, esa fue la experiencia del músico, escritor y actor Nick Cave. En 2015, su hijo de quince años cayó de un acantilado y murió. Años después, su hijo mayor también murió. Ante una pérdida tan abrumadora, ¿cómo lograron Cave y su esposa seguir adelante? ¿Cómo lo harías tú?
Ora lo que tienes en el corazón
Brenda y Eduardo se subieron al coche y comenzaron su ritual de los jueves por la noche.
La gracia suficiente de Dios
Flannery O’Connor es una de las escritoras más reconocidas del sur de Estados Unidos. Sus historias abundan en sufrimiento y gracia. Cuando su amado padre murió de lupus cuando ella tenía quince años, se volcó devastada a escribir su primera novela. Pronto, a ella misma le diagnosticaron lupus, una enfermedad incurable que le quitó la vida a los 39 años. Los escritos de O’Connor reflejan su angustia física y mental. La novelista Alice McDermott dijo: «Creo que fue la enfermedad lo que la convirtió en la escritora que es».
El trabajo que importa
En la conmovedora escena hacia el final de la novela histórica Brendan, de Frederick Buechner, el personaje Gildas se levanta y se ve que le falta una pierna de la rodilla hacia abajo. Al querer tomar su bastón, pierde el equilibrio. Brendan pega un salto y lo sostiene.