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Lo que podemos hacer

Aunque estaba confinado a su cama, Morrie Boogaart, de 92 años, tejía gorros para los vagabundos. Según él, en 15 años, había hecho más de 8.000. En vez de centrarse en su salud o sus limitaciones, hacía lo que podía para poner las necesidades de los demás por encima de las suyas, y esto lo hacía sentir bien y con propósito. Decía: «Voy a hacer esto hasta que vaya al cielo con el Señor», lo cual sucedió en febrero de 2018. Aunque la mayoría de quienes recibieron esos gorros tal vez no sepan esta historia, su acto de amor sirve ahora de inspiración a personas en todo el mundo.

Padres e hijos

Mi padre era un buen padre, y yo, por lo general, era un hijo responsable. Pero nunca dejé que él tuviera lo que podría haberle dado: a mí mismo.

Pedir perdón

En 2005, Collins falsificó informes que llevaron a McGee a prisión durante cuatro años, y este juró encontrar a Collins cuando saliera y vengarse. Finalmente, McGee fue exculpado, pero ya había perdido todo. Mientras tanto, se descubrió que los registros de Collins eran falsos, y él también fue preso. En la cárcel, los dos conocieron a Cristo como Salvador.

Papá en el dentista

No esperaba recibir en el consultorio del dentista una lección profunda sobre el corazón del Padre celestial, pero así fue. Había llevado a mi hijo de diez años, ya que un diente definitivo estaba saliendo debajo de uno de leche que todavía no se había caído. Tenían que sacárselo. No había otra solución.

Fuente de sabiduría

Un hombre demandó a una mujer, aduciendo que ella tenía su perro. En el tribunal, ella le dijo al juez que el perro no podía ser de él e indicó dónde lo había comprado. La identidad del verdadero dueño se conoció cuando el juez liberó al animal. Moviendo la cola, ¡corrió directamente hacia el hombre!

Sigue siendo el Rey

Un reportaje lo llamó «el día más sangriento para los cristianos en décadas». Es imposible entender la matanza de creyentes en una iglesia norteamericana en abril de 2017. No hay manera de entender que se derrame sangre en una casa de adoración. Pero algunas personas que conocieron esta clase de dolor pueden ayudarnos.

Mira tu ciudad

«Mira nuestra ciudad como nosotros la miramos». Un grupo de desarrollo urbano en Detroit, Michigan, usó este eslogan para lanzar su visión para el futuro de la ciudad. Pero el proyecto se detuvo repentinamente cuando personas de la comunidad notaron que faltaba algo en la campaña: los afroamericanos, quienes son mayoría en la población y entre los trabajadores, no aparecían entre los rostros blancos que se mostraban en los carteles, estandartes y publicidades.

Cacería de zorras

Mientras hablaba por teléfono con una amiga que vive en la costa del mar, le dije cuánto me gustaba oír el graznido de las gaviotas. «Criaturas viles», respondió ella, porque le resultan una amenaza constante. Al vivir en Londres, yo siento lo mismo respecto a las zorras. No me resultan animales bonitos, sino criaturas que dejan un olor espantoso al pasar.

Fatiga por compasión

Ana Frank es famosa por su diario, donde describe los años en que su familia se escondió durante la Segunda Guerra Mundial. Más tarde, cuando la encarcelaron en un campo de concentración nazi, sus compañeros decían que «sus lágrimas [por ellos] nunca se detuvieron», lo cual la hicieron «una presencia bendita para todos los que la conocieron». Así, el erudito Kenneth Bailey afirmó que Ana nunca mostró tener «fatiga por compasión».

Esperanza en la oscuridad

Según una leyenda, Qu Yuan era un funcionario sabio y patriota del gobierno chino, que vivió durante el período conocido como Reinos Combatientes (475-246 a.C.). Se dice que trató varias veces de advertirle a su rey de la inminente amenaza que destruiría el país, pero que el rey rechazó su consejo. Finalmente, Qu Yuan fue exiliado. Cuando se enteró de la caída de su amado país a manos del enemigo del cual había advertido, se quitó la vida.