Cuando Dios perdona
Después de que un niño de cuatro años rompió accidentalmente un raro jarrón de la Edad del Bronce de 3.500 años de antigüedad, exhibido en un museo de Israel, recibió una respuesta amable y sorprendente. Lo perdonaron y lo invitaron a regresar. Roee Shafir, en nombre del Museo Hecht, dijo que así crecía el interés global en el proceso de restauración, y que podría despertar el interés del niño en la historia y la arqueología. Un resultado positivo y sanador.
Fortalecerse en Dios
De niño, me encantaba leer historias sobre piratas. ¡Cómo estimulaban mi imaginación esas aventuras! Ahora vivo en una zona donde uno de los piratas más infames, Barbanegra (nombre real, Edward Teach), tenía su cuartel general. Cerca de la costa, se encuentra el barco de Barbanegra que naufragó: Venganza de la Reina Ana.
Aguzados por el hierro
Luisa, una gerente de proyectos, lamentaba haber aceptado el trabajo independiente. Tanto el cliente como el diseñador estaban poniendo a prueba su paciencia. ¿Por qué es tan difícil? —se preguntaba—. ¿Por qué no pueden ponerse de acuerdo?
Dios entiende
En el «Diccionario de penas oscuras», John Koenig ofrece una colección de nuevas palabras, cada una inventada para dar nombre a sentimientos complicados para los que antes no teníamos un término. Incluye palabras como dés vu, «la conciencia de que este momento se convertirá en un recuerdo», y onism, «la frustración de estar atrapado en un solo cuerpo que habita en un solo lugar en un momento dado». Koenig dice que su misión es arrojar luz sobre todas las experiencias únicas y extrañas de ser humano, para que las personas puedan sentirse menos solas cuando las atraviesan.
Calmar la tormenta
Mi sobrina de tres años está empezando a entender que puede confiar en Jesús en cualquier situación. Una noche, mientras oraba antes de acostarse durante una tormenta, juntó sus manos, cerró los ojos y dijo: «Querido Jesús, sé que estás aquí con nosotros. Sé que nos amas. Y sé que la tormenta se detendrá cuando tú le digas».
Grandioso y a la vez compasivo
¿Cómo puede ser que a Dios le importen todas estas personas? Este pensamiento me golpeó al bajar de una concurrida plataforma de tren en una ciudad abarrotada, a miles de kilómetros de casa. Era un adolescente que viajaba al extranjero por primera vez, y me abrumó el tamaño del mundo que me rodeaba. Me sentía pequeño y me preguntaba cómo Dios podía amar a tantas personas.
Dejar las ansiedades
Me acerqué al mostrador de la aerolínea para registrarme con el número de confirmación guardado en mi teléfono celular. ¡Pero mi teléfono había desaparecido! Lo había dejado en el auto que me había trasladado. Entonces, ¿cómo haría para contactarme con el conductor?
Una postura de oración
Una larga batalla contra una enfermedad crónica había pasado factura a Jaime. Aunque deseaba pasar tiempo con Dios cada mañana, orando y meditando en las Escrituras, no podía encontrar una posición en su silla que no fuera dolorosa. Se movía de un lado a otro, pero sin alivio. Finalmente, desesperado, cayó de rodillas. Al hacerlo, esa postura de oración disminuyó su dolor agonizante. En las mañanas que siguieron, pasó tiempo con Dios de rodillas, sintiendo consuelo mientras clamaba a Él en oración.
El método de Dios es el amor
Con más tiempo libre, mi plan para los próximos meses era servir a las personas tanto como pudiera. Pero mientras ayudaba a una nueva amiga, tropecé, me caí y me fracturé el brazo. De repente, yo era la que necesitaba ayuda. El pueblo de Dios me cuidó con visitas, tarjetas, flores, llamadas telefónicas, mensajes de texto, oraciones, comidas (e incluso una caja de chocolates) y haciendo mandados. ¡No podía creer lo amables que fueron mi familia, amigos y hermanos de la iglesia! Era como si Dios estuviera diciendo: «Siéntate. Necesitas ayuda. Verás cómo es que te cuiden». Gracias a ellos, sé más sobre servir de corazón y estar agradecida a Dios por los demás.
Buscado por Dios
David Uttal es un científico cognitivo que estudia la navegación, pero tiene problemas para orientarse en ubicaciones geográficas. Este no es un problema nuevo para él, sino que se remonta a cuando tenía trece años y se perdió durante dos días y medio en una caminata. Uttal admite que sigue siendo terrible para las direcciones simples en la vida. Pero algunos son navegadores naturales; saben exactamente dónde están y cómo llegar a su destino. Otros, como Uttal, luchan incluso con indicaciones claras y suelen perderse.