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Fe arraigada en Dios

Me sentí sumamente inspirada luego de leer una novela histórica sobre Mary McLeod Bethune, fundadora de la Universidad Bethune-Cookman. Las historias sobre su determinación e interés por los demás me llevaron a leer más sobre ella. Se cuenta cómo, a principios del siglo xx, le «describió» los edificios de su escuela para jóvenes afroamericanas a un rico empresario. Pero cuando él visitó el «campus», encontró solo un edificio. Ella le había descrito su sueño, esperando que él invirtiera en la escuela. Su fe y visión trabajaron juntas para conseguir los fondos. Finalmente, su escuela es hoy una universidad.

Rostros brillantes

«¡Tiene cara de azúcar!», exclamó nuestra veterinaria mientras le hacía el chequeo anual a nuestro perro. «¿Cara de azúcar?», pregunté. «Es un término que se usa para los retrievers cuyos rostros se vuelven prematuramente blancos —respondió sonriendo—. Es solo una señal de la dulzura que llevan dentro».

Preparado para ser generoso

La comida después del funeral de mi tío abuelo incluyó carne asada, maíz y porotos, en honor a la hospitalidad que él y su esposa practicaron durante años. Cada domingo, ponían un gran trozo de carne con verduras en la olla eléctrica antes de ir a la iglesia, y después del servicio, invitaban a alguien a almorzar. A veces, un buen amigo; otras veces, un desconocido. Siempre se aseguraban de tener suficiente comida, y esas tardes estaban especialmente dedicadas a la hospitalidad.

El regalo de la oración

Me esforcé para entrar en la tienda a comprar una tarjeta por el Día del Padre. Ya había perdonado a mi padre, tras haber procesado en oración las heridas que me había causado antes y después de irme de casa a los quince años. Lamentablemente, décadas después, aún no podía identificarme con las tarjetas que expresaban gratitud hacia «el mejor» de los padres. Desesperada por honrar a mi Padre celestial, me quedé allí y oré por mi padre terrenal.

Recibir de Dios

En su libro Piense y hágase rico, el autor Napoleon Hill dijo: «Todo aquello que la mente pueda concebir y creer, se puede lograr». Esta cita resume el sueño americano: si trabajas duro, puedes cumplir tus sueños más ambiciosos.

Las veredas de la vida

Nació esclavo en la década de 1860. Era un bebé enfermizo y fue vendido por el precio de un caballo. De adolescente, presenció el asesinato de un hombre negro a manos de un grupo de personas blancas. Sorprendentemente, George sobresalió en la escuela, pero cuando se inscribió en la Universidad Highland en Kansas, lo rechazaron por el color de su piel. Aun así, este joven mantuvo una profunda fe en Dios. El versículo preferido de George W. Carver era Proverbios 3:6: «Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas».

Refugiarse en Dios

Cuando comenzó el concierto al aire libre, sentí una gota de lluvia en la mejilla. Miré hacia arriba y vi nubes amenazantes. Pero al haber pagado un precio elevado por las entradas, no tenía intención de irme por mal tiempo. Luego empezaron a abrirse paraguas. Una mujer se tapó el cabello con una bolsa de plástico. Bastó un solo trueno ensordecedor para que la artista tomara el micrófono y rogara que nos refugiáramos.

Con amigos como estos…

«¡Te conozco mejor que tú mismo!». Cuando era joven, esto me aseguró una amiga. Sus intenciones eran buenas, pero mi vida complicada como hijo adoptivo de misioneros había sido moldeada en cuatro continentes y culturas. En realidad, ella no me conocía.

Camino de Santidad

Después de que a Julia le diagnosticaran demencia de inicio temprano, ya no podía leer la Biblia con facilidad, así que empezó a escucharla. Sus pasajes tienen ahora un significado nuevo para ella, ya que a veces se pierde o desvaría con animales salvajes. Cuando se siente desorientada y temerosa, recibe el consuelo de Dios al oír a Isaías hablar del «Camino de Santidad» reservado para «el que anduviere en este camino» (Isaías 35:8). Allí no habrá necios malvados «ni fieras»; es solo «para que caminen los redimidos», aquellos a quienes Dios rescata (v. 9).

Dar de las dádivas de Dios

La generosidad de Esteban siempre me sorprendió. A menudo, compraba comidas y regalos para los miembros ancianos de la iglesia, los que limpiaban en su vecindario o cualquier persona que necesitara ánimo.