Hombre de oración
Mi familia recuerda a mi abuelo Dierking como un hombre de fe y oración sólidas. Sin embargo, no siempre fue así. Mi tía recuerda la primera vez que su padre le anunció a la familia: «Vamos a empezar a dar gracias a Dios antes de comer». Su primera oración no fue para nada elocuente, pero el abuelo continuó con esa práctica durante los siguientes 50 años; y a menudo, oraba a lo largo del día. Cuando murió, mi esposo le regaló a mi abuela una «planta de la oración» en honor al abuelo. Su decisión de seguir a Dios y hablar con Él cada día lo transformó en un siervo fiel de Cristo.
Manos vacías
Roberto se sintió avergonzado cuando llegó a una reunión con desayuno y se dio cuenta de que se había olvidado la billetera. Le molestó tanto que consideró si debía comer algo o simplemente pedir algo para beber. Después de que su amigo lo convenció, pudo relajarse. Ambos disfrutaron de los bocadillos, y su amigo pagó con gusto la cuenta.
La gran historia de la Biblia
Cuando Carlos abrió la caja de piezas de vitral, en lugar de encontrar los fragmentos que había pedido, descubrió ventanas enteras e intactas. Habían sido quitadas de una iglesia para protegerlas de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Carlos se maravilló al ver cómo los «fragmentos» formaban una hermosa imagen.
Tiempo de reformas
Era hora de renovar el interior de nuestra casa. Pero apenas empecé a preparar una habitación para pintarla, el gobierno anunció que detendría la venta de muchos productos por la pandemia de COVID-19. Cuando escuché el anuncio, corrí a la tienda y compré los materiales esenciales. Es imposible remodelar sin los elementos adecuados.
Compartir a Jesús
Poco después de que Dwight Moody pusiera su fe en Cristo, el evangelista decidió no dejar pasar un día sin compartir la buena noticia de Dios con al menos una persona. En días atareados, a veces se olvidaba de su resolución hasta tarde. Una noche, estaba en la cama cuando se acordó. Salió de su casa, pero pensó: No encontraré a nadie en medio de esta lluvia. Justo entonces, vio a un hombre caminando por la calle. Moody se acercó y le preguntó si podía refugiarse en su paraguas. Una vez que le dio permiso, dijo: «¿Tienes algún refugio en tiempos de tormenta? ¿Podría contarte sobre Jesús?».
Misericordia y gracia
Un majestuoso girasol se erguía solitario junto a un tramo de autopista nacional. Cuando pasé con el auto, me pregunté cómo habría crecido allí sin ningún otro girasol a la vista. Solo Dios podría crear una planta tan robusta que prosperara tan cerca de la carretera, en medio de tanta grava gris. Allí estaba, exultante, meciéndose suavemente en la brisa y saludando a los viajantes que pasaban apurados.
El poder del evangelio
La antigua Roma tenía su propia versión del «evangelio», la buena noticia. Según el poeta Virgilio, Zeus, el rey de los dioses, había decretado para los romanos un reino sin fronteras. Los dioses habían elegido a Augusto como el hijo divino y salvador del mundo al dar inicio a una era dorada de paz y prosperidad.
Un gran final
Mi esposo y mi hijo estaban haciendo zapeo, y descubrieron que sus películas favoritas ya habían comenzado. Mientras disfrutaban viendo las escenas finales, la búsqueda se transformó en un juego. Se las arreglaron para encontrar ocho de sus películas preferidas. Frustrada, pregunté por qué no elegían una para mirar desde el principio. Mi esposo se rio. «¿A quién no le gusta un gran final?».
El Sanador supremo
Cuando un tratamiento médico empezó a aliviar las alergias alimentarias severas de un familiar, me entusiasmé tanto que empecé a hablar de eso todo el tiempo y a elogiar al médico que había creado el programa. En un momento, unos amigos comentaron: «El mérito de la sanidad siempre debería ser de Dios». Esto me hizo pensar. ¿Había sacado mis ojos del Sanador supremo?
Acatar las advertencias
Cuando un carterista intentó robarme mientras estaba de vacaciones en otro país, no me sorprendió. Había leído sobre los peligros de los ladrones en los trenes, pero nunca esperé que fuera a sucederme.