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Alcanzar a otros para Cristo

Hace una década, no conocían el nombre de Jesús. Escondido en las montañas de Mindanao, en Filipinas, el pueblo banwaon casi no tenía contacto con el mundo exterior. Ir a buscar provisiones podía llevar dos días de dura caminata por un terreno escarpado. El mundo los ignoraba.

Toca la campana

Después de treinta aplicaciones asombrosas de tratamiento con radiación, a Daniela la declararon curada del cáncer. Como parte de la tradición del hospital, estaba ansiosa por tocar la «campana de libre de cáncer», que indicaba el final de su tratamiento y celebraba su alta. ¡Tal era su entusiasmo y vigor al hacer sonar la campana que le arrancó la soga! Todos soltaron carcajadas de alegría.

Contrarrestar la celebración

Elisa quería encontrar una manera de contrarrestar la celebración. Muchos de los adornos que veía parecían festejar la muerte; a veces, de formas horripilantes y macabras. Decidida a neutralizar esa tenebrosidad, empezó a escribir con un marcador indeleble sobre una calabaza cosas por las cuales estaba agradecida. «El brillo del sol» fue lo primero. Poco después, los visitantes agregaron otras cosas. Algunas, extravagantes, como por ejemplo: «garabatear». Otras, prácticas: «una casa acogedora», «un auto que funciona». Y otras, conmovedoras, como el nombre de un ser querido que había partido.

Un nuevo llamamiento

Carlos y su pandilla robaban casas, autos y tiendas, y peleaban con otras pandillas. Finalmente, Carlos fue arrestado y sentenciado. En la cárcel, se convirtió en «mandamás», alguien que repartía cuchillos caseros durante los disturbios.

Dios canta sobre ti

Diecisiete meses después del nacimiento de nuestro primer hijo, llegó una niña. Rebosaba de alegría ante la idea de tener una hija, pero estaba un poco inquieto porque, aunque sabía algo sobre varones, ese era territorio desconocido. La llamamos Sarah, y uno de mis privilegios era hamacarla para que se durmiera, para que mi esposa pudiera descansar. No sé bien por qué, pero comencé a cantarle para que durmiera, y escogí la canción You Are My Sunshine [Eres mi sol]. Sosteniéndola en mis brazos y mirándola en su cuna, cantaba literalmente sobre ella, y me encantaba. Ahora tiene más de 20 años, y todavía la llamo Sunshine.

¿Dios está escuchando?

Cuando serví en el equipo de asistencia a la congregación de mi iglesia, una de las tareas era orar por las peticiones que dejaban escritas en el banco durante las reuniones: la salud de una tía, las finanzas de una pareja, que un nieto encontrara a Dios. Raras veces oía sobre los resultados de esas oraciones, ya que los pedidos eran anónimos y no tenía manera de saber cómo había respondido Dios. Confieso que a veces me preguntaba: ¿Él realmente escucha? ¿Sucede algo como resultado de mis oraciones?

Un propósito en el sufrimiento

«Así que dice que tal vez no sea mi culpa». Las palabras de la mujer me tomaron por sorpresa. Tras predicar en una iglesia, conversaba con ella sobre lo que había compartido esa mañana. «Tengo una enfermedad crónica —explicó—, y he orado, ayunado, confesado mis pecados y hecho todo lo que me dijeron para sanarme. Pero sigo enferma, así que pensé que era culpa mía».

Apartado

Los taxis de tres ruedas de Sri Lanka, conocidos como «tuk tuks», son un medio de transporte conveniente y agradable para muchos. Lorraine, residente de Colombo, la capital, también se dio cuenta de que son un campo misionero. Un día, al subir a un tuk tuk, descubrió que el conductor entabló con mucho agrado una conversación sobre religión. Ella se dijo que la próxima vez le hablaría de la buena noticia.

Hablar, confiar, sentir

«No hables, no confíes, no sientas era la regla con la que vivíamos» —dice Frederick Buechner en su impactante biografía Diciendo secretos—, «y pobre de aquel que la quebrantaba». Así describe su experiencia de lo que llama «las leyes tácitas de familias que, por alguna razón u otra, quedaron completamente desequilibradas». En su caso, esa «ley» significaba que no podía hablar del suicidio de su padre ni lamentarse, lo que lo dejaba sin nadie a quien confiarle su sufrimiento.

Creyentes sabios

La pandemia del coronavirus cerró escuelas en todo el mundo. En China, los maestros comenzaron a usar DingTalk, una aplicación digital que permitía tener clases en línea. Entonces, sus alumnos supusieron que si la calificación de DingTalk bajaba mucho, dejaría de estar disponible para descargarla. De la noche a la mañana, miles de calificaciones de una estrella redujeron su puntaje.