Festivales de adoración
Asistir a un gran evento podría cambiarte de forma sorprendente. Después de interactuar con más de 1.200 personas en encuentros de todo el día en Reino Unido y Estados Unidos, el investigador Daniel Yudkin descubrió que los grandes festivales pueden impactar nuestra esfera moral e incluso la disposición a compartir recursos con otros. El 63 % de los asistentes tuvo una experiencia «transformadora» que también los dejó más vinculados con la humanidad y más generosos con amigos, familiares e incluso desconocidos.
Más que embajadores de marcas
La competición en la era de internet se ha vuelto feroz. Las empresas no dejan de desarrollar formas creativas para atraer clientes. Toma por ejemplo los vehículos Subaru. Por la famosa lealtad de los dueños de Subarus, la compañía invita a los «superfanáticos subis» a convertirse en «embajadores de la marca». Dice: «Los embajadores Subaru son un grupo exclusivo de individuos enérgicos que ofrecen su pasión y entusiasmo para hablar a otros de Subaru». La empresa quiere volverse parte de la identidad de las personas, de modo que estas no puedan evitar compartir su pasión.
El poder de la perseverancia
En 1917, una joven costurera se emocionó al ser admitida en una de las escuelas de diseño de moda más renombradas de Nueva York. Pero cuando Ann Cone llegó para inscribirse, el director le dijo que no era bienvenida. «Para ser franco, Srta. Cone, no sabíamos que era negra», dijo. No queriendo irse, susurró una oración: Por favor, permítame quedarme. Al ver su perseverancia, la dejó quedarse, pero la separó del aula solo para blancos, dejando la puerta trasera abierta «para que oyera».
Jesús, nuestro hermano
Bridger Walker tenía solo seis años cuando un perro amenazador arremetió contra su hermana menor. Instintivamente, saltó frente a ella para protegerla del feroz ataque. Después de recibir asistencia y 90 puntos en la cara, Bridger explicó: «Si alguien tenía que morir, pensé que debía ser yo». Felizmente, los cirujanos plásticos ayudaron a curar su cara. Pero su amor fraternal, demostrado en fotos recientes abrazando a su hermana, sigue tan intenso como siempre.
Solo, pero no olvidado
Cuando escuchas sus historias, queda claro que la parte más difícil de estar preso es el aislamiento y la soledad. Incluso, un estudio reveló que, independientemente del tiempo de encarcelamiento, la mayoría de los presos recibe solo dos visitas de amigos y seres queridos durante su tiempo tras las rejas. La soledad es una realidad constante.
Un enfoque diferente
Cuando Mary Slessor viajó a Calabar (actualmente Nigeria, en África) a finales del siglo xix, estaba entusiasmada por continuar con la obra misionera del fallecido David Livingston. Su primera tarea —enseñar en la escuela mientras vivía con otros misioneros— puso en ella un peso sobre servir de otro modo. Entonces, se mudó con la gente a la que servía. Aprendió su idioma, vivió como ellos y comió la misma comida. Incluso albergó a decenas de niños abandonados. Durante casi 40 años, llevó el evangelio y esperanza a los que necesitaban ambas cosas.
Dios fiel siempre
Cuando Xavier estaba en la escuela primaria, lo llevaba y lo traía en auto. Un día, las cosas no salieron según lo planeado y llegué tarde a buscarlo. Oraba desesperada mientras corría hacia su aula de clases, donde lo encontré abrazado a su mochila y sentado junto a una maestra. «Perdón, mijo. ¿Estás bien?». Suspirando, dijo: «Estoy bien, pero enojado contigo porque llegaste tarde». ¿Cómo culparlo? Yo también estaba enojada conmigo. Amaba a mi hijo, pero sabía que lo decepcionaría muchas veces. También sabía que, algún día, él se decepcionaría de Dios. Entonces, me esforcé para enseñarle que Dios nunca ha roto ni romperá una promesa.
¿Quién soy?
Robert T. Lincoln vivió bajo la enorme sombra de su padre, el amado presidente norteamericano Abraham Lincoln. Mucho después de la muerte de su padre, su identidad quedó oculta bajo la presencia abrumadora de su progenitor. Nicholas M. Butler, amigo íntimo de Lincoln, escribió que Robert solía decir: «Nadie me quería a mí para secretario de guerra; querían al hijo de Abraham Lincoln. Nadie me quería para ministro en Inglaterra; querían al hijo de Abraham Lincoln. Nadie me quería para presidente de la compañía Pullman; querían al hijo de Abraham Lincoln».
El Dios de todos nuestros días
Después de una cirugía fallida, el médico de Juana dijo que tendrían que operarla de nuevo en cinco semanas. Con los días, la ansiedad aumentaba. Juana y su esposo eran adultos mayores, y sus familiares vivían lejos. Tenían que viajar a una ciudad desconocida y moverse en un sistema hospitalario complejo, además de tratar con un especialista nuevo.
Meterse en problemas por Dios
Una alumna de sexto grado observó que su compañero se estaba cortando el brazo con una navaja. Intentando hacer lo correcto, se la quitó y la tiró. Lo sorprendente fue que, en vez de elogiarla, la suspendieron de la escuela diez días. ¿Por qué? Tuvo brevemente la navaja en su mano: algo prohibido en la escuela. Cuando le preguntaron si lo haría de nuevo, respondió: «Aunque me meta en problemas… lo haría otra vez». Tal como la acción de esta niña de intentar hacer el bien le trajo problemas, la intervención de Jesús también le generó un buen problema con los líderes religiosos.