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En el huerto

A mi papá le encantaba acampar, pescar, buscar rocas y trabajar en el jardín de casa, disfrutando del aire libre en la creación de Dios. ¡Pero eso requería muchísimo trabajo! Aun así, los resultados hacían que valiera la pena: un césped atractivo, tomates sabrosos y rosas bellísimas. Todos los años, podaba las rosas casi a ras del suelo, pero todos los años volvían a crecer, inundando los sentidos con su fragancia y hermosura.

Primero en la lista

La mañana comenzó como una competición de atletismo. Prácticamente salté de la cama, lanzándome de lleno a las obligaciones del día. Llevar a los chicos a la escuela. Listo. Ir al trabajo. Listo. Escribí a toda velocidad mi lista de «tareas por cumplir», donde las obligaciones personales y profesionales se juntaban como en una avalancha.

Usa para Cristo lo que tienes

¿Alguna vez oíste sobre el Salón de la fama de la costura? Establecido en 2001, reconoce a personas que han tenido «un gran impacto en la industria costurera doméstica con contribuciones únicas e innovadoras mediante la educación y el desarrollo de productos». Incluye a personas como Martha Pullen, incorporada en 2005, a la que se describe como «una mujer de Proverbios 31 […] que nunca dejó de reconocer públicamente la fuente de su fuerza, inspiración y bendiciones».

Nuestra ancla de esperanza

Mostré una foto de gente durmiendo debajo de cartones en un callejón oscuro. «¿Qué necesitan?», pregunté a mis alumnos de la escuela dominical. «Comida», dijo uno. «Dinero», otro. «Un lugar seguro», agregó reflexivamente un chico. Luego, habló una niña: «Esperanza».

¿Quién soy?

Kizombo miraba la fogata, mientras pensaba en grandes preguntas de su vida: ¿Qué he logrado? La respuesta llegó rápidamente: No mucho. De vuelta en su tierra natal, servía en la escuela que su padre había fundado en la selva. También estaba intentando escribir la potente historia de su padre, que había sobrevivido dos guerras civiles: ¿Quién soy yo para hacer todo esto?

Caminos inesperados de Dios

El pastor entrecerró los ojos y acercó las hojas de su sermón para poder ver las palabras. Era terriblemente miope y leía cada frase cuidadosamente escogida con una voz monótona e inexpresiva. Pero el Espíritu de Dios se movió a través de la predicación de Jonathan Edwards para despertar el primer gran avivamiento evangélico y llevar a miles a la fe en Cristo.

Un regalo imposible

Estaba eufórica por haber encontrado el regalo de cumpleaños perfecto para mi suegra: ¡la pulsera incluso tenía su piedra natal! Encontrar el regalo perfecto para alguien es siempre maravilloso. Pero ¿qué pasa si lo que la persona necesita está más allá de nuestro alcance? Muchos querríamos poder dar paz interior, reposo e incluso paciencia. ¡Si tan solo estas cosas se pudieran comprar y envolver para regalo!

Abriendo paso a la confianza

Una mañana, al abrir las persianas, me encontré con una vista sorprendente: una pared de niebla. El pronóstico decía: «niebla congelada». Raro para nuestra región, venía con una sorpresa aún mayor: habría cielo despejado y sol… una hora después. «Imposible —le dije a mi esposo—. Apenas vemos a 30 centímetros». Pero, tal cual, poco después la niebla se había disipado y el cielo despejado daba paso a un sol radiante. Parada frente a la ventana, reflexioné sobre mi nivel de confianza cuando solo puedo ver niebla en la vida.

Conocer y amar

En su impactante artículo «¿Mi hijo te conoce?», el periodista deportivo Jonathan Tjarks escribió sobre su batalla contra un cáncer terminal y su deseo de que otros cuidaran bien a su esposa y su pequeño hijo. Con 34 años de edad, lo escribió solo seis meses antes de morir. Tjarks, creyente en Jesús, compartió pasajes bíblicos que hablan del cuidado de Dios por las viudas y los huérfanos (Éxodo 22:22; Isaías 1:17; Santiago 1:27). Y a sus amigos les escribió: «Cuando te vea en el cielo, una sola cosa voy a preguntar: “¿Fuiste bueno con mi hijo y mi esposa? […]. ¿Mi hijo te conoce?”».

Abre los ojos de mi corazón

En 2001, un bebé prematuro llamado Christopher Duffley sorprendió a los médicos al sobrevivir. Con solo cinco meses, entró en el sistema de acogida, hasta que la familia de su tía lo adoptó. Una maestra se dio cuenta de que el pequeño de cuatro años, aunque era ciego y con autismo, entonaba a la perfección. Seis años después, Christopher se paró en el escenario de la iglesia y cantó Abre los ojos de mi corazón. El video llegó a millones en línea. En 2020, compartió que su meta era servir como defensor de la minusvalía. Aún sigue demostrando que las posibilidades son ilimitadas con los ojos de su corazón abiertos al plan de Dios.