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Hecho justo con Jesús

«Estamos listos para abordar el vuelo a Montego Bay», se oyó el anuncio. Estaba viajando como orador y líder de un grupo de escuela secundaria en un viaje misionero a Jamaica. Agarré mi mochila para sacar el pasaporte y la tarjeta de embarque… y me sacudió el pánico. ¡Mi pasaporte no estaba!

No te desanimes

Cansado. Así se sentía Satya después de nueve meses en su nuevo trabajo. Como creyente, había procurado seguir los principios de Dios para resolver problemas y dirigir su tarea. Pero los problemas con la gente persistían y el progreso organizacional parecía ser poco. Tenía ganas de tirar la toalla.

Fácil y difícil

Marcos era un joven pastor prometedor. Una mañana, su hijo murió mientras jugaba a la pelota con él. Quedó devastado y aún lamenta la pérdida, pero su dolor lo hizo un pastor más compasivo. Lo he acompañado en su dolor y he pensado que su prueba ilustra una reflexión de A. W. Tozer: «Es dudoso que Dios pueda bendecir en gran manera a un hombre si antes no lo ha herido profundamente». Temo que sea cierto.

Un nuevo comienzo con Dios

«¿Tu pecado también puso a Jesús en la cruz?». Esto parece estar preguntando el pintor alemán Rembrandt en su obra maestra de 1633, La elevación de la cruz. Jesús aparece en el centro de la pintura mientras su cruz es levantada. Cuatro hombres la levantan, pero uno sobresale en la luz que rodea a Jesús. Su ropa es diferente: al estilo de la época de Rembrandt y con un sombrero que el pintor solía usar. Al mirar más de cerca el rostro, se ve que se incluyó en la pintura, como diciendo: «Mis pecados tuvieron parte en la muerte de Jesús».

Caminar con Dios

Durante años, expertos en acondicionamiento físico han enfatizado la importancia de correr para la salud cardiovascular. Pero estudios científicos recientes han demostrado que las caminatas diarias también son beneficiosas. Un informe señala: «Los adultos que daban 8.000 pasos o más por día tenían menor riesgo de muerte en la siguiente década que los que caminaban solo 4.000». Caminar es bueno para nosotros.

Explorando la verdad

Reflexionando sobre por qué la gente tiende a estar totalmente convencida de tener la razón —aun cuando no la tenga—, la escritora Julia Galef argumenta que eso tiene que ver con una «mentalidad de soldado»: enfocarse en defender lo que uno ya cree frente a lo que se consideran amenazas. Sostiene que una mentalidad más útil es la de un explorador, que no se enfoca primordialmente en eliminar las amenazas sino en buscar la verdad completa: alguien que comprende «con la mayor franqueza y precisión posible lo que realmente existe, aunque no sea bonito, conveniente ni agradable». Las personas con esta perspectiva tienen la humildad de seguir desarrollando su entendimiento.

Dios obrará

Irene, una empleada esforzada, siempre hacía bien su trabajo. Pero después de que la acusaran de corrupta, la dejaron cesante mientras la investigaban. Como protesta, tenía ganas de renunciar, pero le aconsejaron que esperara: «Irte sugiere que eres culpable». Entonces, se quedó, orando para que Dios hiciera justicia. Por supuesto, meses después, la absolvieron.

De la boca de…

¿Te gustaría entender lo que dice tu perro? Una nueva tecnología usa reconocimiento de «ladrido» para ayudarte a saber qué sienten tus caninos cuando ladran. Los collares de alta tecnología usan información de más de 10.000 ladridos para identificar la emoción que expresan. Aunque no pueden traducirlo a palabras, sí fomentan un mayor entendimiento entre dueño y mascota.

Lo que revelan las Escrituras

En abril de 1817, encontraron a una joven desorientada vagando por Gloucestershire, Inglaterra, vistiendo ropa exótica y hablando un idioma desconocido. Suponiendo que era una vagabunda, las autoridades la encarcelaron. Sin embargo, ella los convenció de que era la princesa Caraboo de la isla de Javasu. Durante diez semanas, la comunidad la trató como realeza, hasta que un guardia de un internado reveló que era en realidad una sirvienta llamada Mary Willcocks.

Mejor que la vida

Después de otro problema de salud inesperado, fui con mi esposo y otras personas a un retiro en las montañas. Subí con dificultad la escalera hacia una pequeña iglesia en la cima de una colina. Sola en la oscuridad, me detuve a descansar sobre un escalón. «Ayúdame, Señor», susurré mientras comenzaba la música. Lentamente, llegué al pequeño salón. Respiré profundo aun dolorida, ¡agradecida de que Dios nos oye en el desierto!