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Escoger seguir a Dios

«La persona promedio tomará 773.618 decisiones durante su vida», afirma el Daily Mirror. El periódico británico continúa asegurando que «lamentaremos haber tomado 143.262 de ellas». No tengo idea de cómo llegaron a estos números, pero está claro que enfrentamos incontables decisiones a lo largo de nuestra vida. La mayor cantidad de ellas podría volverse paralizante; en especial, cuando consideramos que todas tienen consecuencias, algunas mucho más trascendentales que otras.

Aprender de los errores

La Biblioteca de los Errores se fundó en Edimburgo, Escocia, para ayudar a evitar errores financieros como los de 1929 y 2008 que derrumbaron la economía mundial. Su colección de más de 2.000 libros puede ayudar a instruir a la próxima generación de economistas. Es un ejemplo perfecto de cómo «las personas inteligentes siguen haciendo cosas estúpidas», dicen sus curadores, quienes sostienen que la única manera de desarrollar una economía fuerte es aprender de los errores previos.

Servir a otros por Jesús

A la actriz Nichelle Nichols se la recuerda por interpretar a la teniente Uhura en la serie Viaje a las estrellas. Ese papel fue un éxito personal para ella, al convertirla en la primera mujer afroamericana en un programa de televisión importante. Pero su mayor éxito estaba por venir.

Absorber el mal

El desastre nuclear en Fukushima, en 2011, causado por un terremoto, liberó enormes cantidades de toxinas y obligó a evacuar a más 150.000 residentes. Uno de ellos dijo: «Es como si una nieve invisible cayera sin parar sobre Fukushima, cubriendo la zona». La elevada radiación se manifestó en las cosechas, la carne y «focos» a cientos de kilómetros de la planta. Para combatir la contaminación, los habitantes empezaron a plantar girasoles, que se sabe que absorben la radiación. Plantaron más de 200.000 semillas, y ahora Fukushima está repleta de girasoles.

Soportar en Cristo

Cuando estudiaba en el seminario, teníamos un culto semanal. En uno de ellos, mientras cantábamos «Cuán grande es Dios», observé a tres de nuestros amados profesores cantando fervorosos. Sus rostros irradiaban gozo, lo cual solo era posible por la fe que tenían en Dios. Años después, cuando enfrentaron enfermedades terminales, fue esa fe la que les permitió soportar y alentar a otros.

Obrero de Dios

En un campamento de refugiados en Medio Oriente, cuando Reza recibió una Biblia, supo de Jesús y creyó en Él. Su primera oración en el nombre de Cristo fue: «Úsame como tu obrero». Más tarde, tras salir de ahí, Dios respondió su oración cuando, inesperadamente, consiguió trabajo en una agencia de asistencia y regresó al campamento para servir a las personas que conocía y amaba. Organizó clubes de deportes, clases de idioma y orientación legal: «todo lo que pudiera dar esperanza a la gente». Él considera que estos programas son una manera de servir a los demás y compartir la sabiduría y el amor de Dios.

Una petición sencilla

«Por favor, limpia la habitación del frente antes de irte a dormir», le dije a una de mis hijas. Instantáneamente, vino la respuesta: «¿Por qué no ella?».

Un llamado a orar

Abraham Lincoln le confesó a un amigo: «Muchas veces fui llevado a ponerme de rodillas ante la abrumadora convicción de que no tenía ningún otro lugar adonde ir». Durante los horrorosos años de la Guerra Civil Estadounidense, el presidente Lincoln no solo pasó tiempo orando fervientemente, sino que también convocó al país a unirse a él. En 1861, decretó un «día de humillación, oración y ayuno». Y lo repitió en 1863, declarando: «Es el deber de todas las naciones, así como de los hombres, depender del poder soberano de Dios: confesar sus pecados y transgresiones con humilde tristeza, pero con la segura esperanza de que el arrepentimiento genuino traerá misericordia y perdón».

Amor sin medida

«¿Cómo te amo? Déjame contar las formas». Estas palabras de Sonetos del portugués, de Elizabeth Barrett Browning, están entre las poesías más conocidas del idioma inglés. Se las escribió a su esposo antes de casarse, y él quedó tan conmovido que la alentó a publicar toda su colección de poemas. Pero como el lenguaje era tan tierno, por un deseo de privacidad, ella los publicó como si hubiesen sido escritos por un autor portugués y traducidos.

Salvador dispuesto

Una noche, mientras conducía, Nicolás vio que se incendiaba una casa. Estacionó, fue corriendo hacia allí y rescató a cuatro niños. Cuando la niñera se dio cuenta de que faltaba uno de los hermanos, se lo dijo a Nicolás. Sin dudar, volvió a entrar en ese infierno. Atrapado en el primer piso con la niña de seis años, rompió una ventana y saltó con la pequeña en sus brazos. Más preocupado por los demás que por sí mismo, rescató a todos los niños.