Cuenta tus bendiciones
Cuando era niña, me encantaba el himno «Bendiciones cuántas tienes ya». La canción anima al combatido por la adversidad a contar cuántas bendiciones Dios le ha mandado. Años más tarde, cuando mi esposo estaba desanimado, solía pedirme que le cantara esa simple canción. Entonces, yo lo ayudaba a contar sus bendiciones. Al hacerlo, dejaba de centrarse en sus luchas y dudas, y enfocaba sus pensamientos en Dios y en sus razones para estar agradecido.
Pedir ayuda a Dios
Cuando era más joven, pensaba que era inapropiado pedirle a Dios que me ayudara a cumplir con plazos de escritura. Otras personas tienen necesidades mayores, me decía. Problemas familiares; crisis de salud; decepciones laborales; necesidades financieras. He enfrentado todo eso también, pero cumplir con un plazo de escritura parecía demasiado pequeño para llevarlo ante Dios. Sin embargo, cambié de opinión tras encontrar múltiples ejemplos en la Biblia sobre la ayuda de Dios a personas, sin importar el desafío que enfrentaran.
Pedir ayuda a Dios
Cuando era más joven, pensaba que era inapropiado pedirle a Dios que me ayudara a cumplir con plazos de escritura. Otras personas tienen necesidades mayores, me decía. Problemas familiares; crisis de salud; decepciones laborales; necesidades financieras. He enfrentado todo eso también, pero cumplir con un plazo de escritura parecía demasiado pequeño para llevarlo ante Dios. Sin embargo, cambié de opinión tras encontrar múltiples ejemplos en la Biblia sobre la ayuda de Dios a personas, sin importar el desafío que enfrentaran.
Esperanza en la espera
En 2020, Alida se hizo una prueba de ADN y descubrió una gran coincidencia con un hombre que vivía en la costa opuesta de Estados Unidos. Más tarde, encontró artículos de la década de 1950 que la llevaron a concluir que el hombre era su tío perdido: ¡Luis! Lo habían secuestrado cuando tenía seis años. Esa prueba realizada setenta años después, llevó a un feliz reencuentro con sus familiares biológicos. Alida dijo: «Nuestra historia podría ayudar a otras familias […]. Yo diría: no se rindan».
Nuestro valor en Cristo
Mario, de veintiocho años, era adicto al crack y al alcohol, y fue encarcelado por robo. En su sentencia, el juez dijo que era «un desperdicio de vida humana». Tristemente, él estuvo de acuerdo. A mitad de su condena, vio un anuncio para un concurso de periodismo. Le interesó y se inscribió en una universidad cercana en la que, después de su liberación, terminó su maestría en periodismo. Ahora escribe para The New York Times. ¡Ya no es un desperdicio!
La posesión más preciada
Mi padre vio a mi madre por primera vez en una fiesta en Londres. Luego se coló en una segunda fiesta y organizó una tercera, solo para volver a verla. Finalmente, la invitó a dar un paseo, recogiéndola en su viejo Rover sedán, su posesión más preciada.
Dios nos guarda
Dos pilotos se durmieron durante su vuelo sobre Indonesia. Aunque el comandante tenía permiso para dormir una vez que el avión alcanzara la altitud de crucero, se despertó y descubrió que su copiloto también se había quedado dormido. Ambos estuvieron dormidos durante una media hora con más de 150 pasajeros y tripulantes a bordo, y a casi 11.000 metros de altitud. El avión se había desviado de su curso, pero aun así, llegó a su destino de manera segura.
Síndrome del impostor
¿A veces te consideras un fraude? ¡No eres el único! A finales de la década de 1970, dos investigadores identificaron el «síndrome del impostor» como la condición de dudar de los talentos o capacidades personales y considerarse un fraude. Incluso personas exitosas y brillantes luchan con la sensación de incapacidad, preocupándose de que si alguien espiara detrás de la cortina de sus vidas, vería cuánto desconocen.
Solamente ora
El proyecto independiente no estaba yendo bien. Los clientes estaban demandando lo que parecía imposible, y yo estaba estresado y desanimado. Mi primera reacción fue simplemente abandonar el trabajo, lo que significaría no recibir pago por lo que ya había hecho, además de eliminar la posibilidad de futuros proyectos con ellos. Entonces, pensé: ¿Ya he orado a Dios?
Vivir con Jesús
El médico Christian Ntizimira sintió el llamamiento de Dios para brindar cuidados paliativos en áreas desfavorecidas de su país natal, Ruanda. Sus colegas solían pasar por alto el valor de dicho cuidado porque «esos pacientes ya se consideraban sin esperanza». Pero Ntizimira descubrió que, para los pacientes y sus familiares, su «presencia renovaba la esperanza cuando todo parecía perdido». Su trabajo se basaba en la convicción de que la muerte y la vida de Jesús pueden transformar cómo enfrentamos la muerte, porque «la muerte de Cristo es la fuente de la vida».