Categoría  |  Nuestro Pan Diario

Liderazgo enfocado en el reino

Cuando me uní a un grupo de autores cristianos de libros para niños, que oraban unos por otros y se ayudaban para promocionar los materiales, algunos dijeron que éramos «tontos por trabajar con competidores». Pero nuestro grupo estaba dedicado a un liderazgo enfocado en la obra de Dios; y en la comunión, no la competencia. Compartíamos la misma meta: difundir el evangelio. Servíamos al mismo Rey: Jesús. Juntos, estamos alcanzando a más personas con nuestro testimonio de Cristo.

Comparte tu fe

En 1701, la Iglesia Anglicana fundó la Sociedad para la Propagación del Evangelio, a fin de enviar misioneros a todo el mundo. El lema que escogieron fue transiens adiuva nos, una frase en latín que significa: «¡Pasen y ayúdennos!». Este ha sido el llamamiento a los embajadores del evangelio desde el primer siglo, cuando los seguidores de Jesús llevan el mensaje del amor y el perdón de Dios a un mundo que lo necesita desesperadamente.

Legado eterno

Cuando las tormentas de arena Dust Bowl azotaron los Estados Unidos durante la Gran Depresión, John M. David, un residente de Hiawatha, Kansas, decidió hacerse famoso. Millonario y sin hijos, podría haber invertido en obras de caridad o desarrollo económico, pero prefirió gastar una gran cantidad de dinero en construir once estatuas de tamaño real de él y su fallecida esposa en el cementerio local.

Dios solo puede satisfacer

A un hombre le entregaron en su casa comida por mil dólares, pero no estaba por tener una fiesta. En realidad, él no había hecho ese pedido, sino su hijo de seis años. ¿Cómo fue? El padre lo había dejado jugar con su teléfono y el niño lo usó para pedir platos caros de varios restaurantes. «¿Por qué hiciste eso?», le preguntó el padre, mientras el niño se escondía bajo el cobertor. El niño respondió: «Tenía hambre». Su apetito e inmadurez lo llevaron a un costoso resultado.

Clamores de angustia

Atrapado bajo los escombros de dos pisos que colapsaron por un terremoto, Jinan, una niña siria de cinco años, gritaba pidiendo ayuda a los rescatadores mientras protegía a su hermanito: «Sáquenme de aquí; haré lo que me pidan. Seré su sirvienta».

Valentía en Cristo

En los albores del siglo xix, Mary McDowell vivía totalmente ajena a los brutales mataderos de Chicago. Aunque su casa estaba a solo unos 35 kilómetros, sabía poco de las terribles condiciones de trabajo que llevaron a los empleados a hacer huelga. Cuando se enteró de lo que enfrentaban junto con sus familias, se mudó a vivir entre ellos y abogar por mejores condiciones. Se ocupó de sus necesidades, incluso enseñando en una escuela en el fondo de una pequeña tienda.

Recuerda al Creador

Hace poco, leí una novela sobre una mujer que se niega a reconocer que tiene cáncer terminal. Cuando sus desesperados amigos la obligan a enfrentar la verdad, surge la razón de su evasiva. «Desperdicié mi vida —les dice—. Aunque nací talentosa y rica, no hice nada provechoso. Fui descuidada». Considerar la perspectiva de dejar el mundo en ese momento, sintiendo que había logrado poco, era demasiado doloroso.

Dios las hizo todas

Xavier, mi hijo de tres años, me apretó la mano cuando entramos en el Acuario de la bahía de Monterey, en California. Señalando hacia la escultura de tamaño real de una ballena jorobada, suspendida del techo, dijo: «¡Enorme!». Siguió con los ojos bien abiertos mientras exploramos cada sala. Nos reímos cuando las nutrias salpicaban agua mientras comían. Quedamos en silencio ante la gran ventana de vidrio, fascinados con las medusas doradas que danzaban en el agua azul eléctrico. «Dios hizo cada criatura del océano —dije—, así como nos hizo a ti y a mí». Y Xavier susurró: «Guau».

Compartir el entusiasmo por Cristo

Cuando conocimos a nuestro vecino Henry, él sacó de su bolso una Biblia desgastada. Con ojos brillantes, preguntó si nos gustaría conversar sobre las Escrituras. Asentimos, y mientras recorría algunos pasajes resaltados, nos mostró un cuaderno lleno de sus observaciones y dijo que también tenía una presentación digital con más información sobre esos temas.

Usar lo que Dios provee

La Municipalidad de Brisbane, en Australia, fue un proyecto deslumbrante en 1920. Las escaleras blancas eran de mármol de la misma cantera que usó Miguel Ángel para su escultura de David. La torre imitaba la de la basílica de San Marcos en Venecia, y su cúpula era la más grande del hemisferio sur. Los constructores querían adornar el pináculo con un enorme Ángel de la Paz, pero hubo un problema: no quedaba dinero. El fontanero Fred Johnson salió al rescate: fabricó la esfera que corona la torre desde hace casi 100 años con una cisterna de inodoro, un viejo poste de luz y trozos de chatarra.