Mentiras y verdad
Adolfo Hitler creía que las grandes mentiras eran más poderosas que las pequeñas; y trágicamente, su teoría demostró ser exitosa. Al comienzo de su carrera política, declaró estar contento de apoyar las aspiraciones de otros. Cuando llegó al poder, dijo que su partido no intentaba perseguir a nadie. Más tarde, usó los medios de comunicación para describirse como figura de un padre y líder moral.
Alegría y sabiduría
Fragantes cerezos en flor inundan Japón con tonos rosados intensos todas las primaveras, para deleite de residentes y turistas. La brevedad de la vida de los brotes genera una conciencia de disfrutarlo mientras dure, lo que eleva el impacto de tal experiencia. Así denominan ellos este disfrute intencional de algo que cambiará rápidamente: «profundo patetismo de las cosas».
Una voz solitaria
Tras la Conferencia de Paz de París que puso fin a la Primera Guerra Mundial, el mariscal francés Ferdinand Foch dijo amargado: «Esto no es paz. Es un armisticio por veinte años», contradiciendo la opinión popular de que aquella era «la guerra para terminar con todas las guerras». Veinte años y dos meses después, se desató la Segunda Guerra Mundial. Foch tenía razón.
Dejar un legado espiritual
De adolescentes, mi hermana y yo no entendíamos la decisión de mamá de recibir a Jesús como su Salvador, pero no podíamos negar los cambios que vimos en ella. Tenía más paz y alegría, y empezó a servir fielmente en la iglesia. Su deseo de estudiar la Biblia la llevó a asistir a un seminario y graduarse. Años después, mi hermana aceptó a Cristo y empezó a servirlo. Y a los pocos años, yo hice lo mismo. Mucho después, mi padre se unió a nosotros en nuestra fe. La decisión de mi mamá por Cristo generó un efecto dominó en nuestro núcleo familiar y otros parientes.
No darse por vencido en Cristo
En la obra clásica de J. R. Tolkien, La comunidad del anillo, cuando Gandalf confronta a Saruman, queda claro que este había abandonado lo que supuestamente debía hacer: ayudar a proteger Tierra Media del poder de Sauron, el ser maligno. Y no solo eso, ¡se había aliado con Sauron! Entonces, los examigos entablaron una batalla épica del bien contra el mal. ¡Si tan solo Saruman no se hubiese dado por vencido y hecho lo que sabía que era correcto!
Tratar de salvarnos
Hace muchos años, la ciudad de Nueva York lanzó una campaña publicitaria —«Mantenerse seguro. Quedarse quieto»— para enseñarle a la gente a permanecer calmada y segura al quedar atrapada en un ascensor. Los expertos informaban que algunas personas habían muerto al tratar de abrir forzadamente la puerta o intentar salir por otros medios. Lo mejor es simplemente usar el botón de alarma y esperar que llegue la ayuda.
Desiertos florecientes
Hace un siglo, un bosque frondoso cubría alrededor del 40 % de Etiopía, pero hoy apenas un 4 %. Esta poda para cultivos, sin proteger los árboles, ha generado una crisis ecológica. La vasta mayoría de superficies verdes que quedan están protegidas por iglesias. Durante siglos, las iglesias Tewahido Ortodoxas Etíopes han nutrido esos oasis en medio del desierto árido. Imágenes aéreas muestran islas verdes rodeadas de arena marrón. Los líderes de las iglesias insisten en que cuidar los árboles es parte de obedecer a Dios como mayordomos de su creación.
Ojos para ver
Analía estaba preocupada por su parienta Sandra, que durante años había luchado con el alcoholismo y problemas de salud mental. Cuando fue a su apartamento, la puerta estaba cerrada y parecía no haber nadie. Mientras, junto con otros, planeaba su búsqueda, oró: «Dios, ayúdame a ver lo que no estoy viendo». Antes de salir del apartamento, vio que una cortina se movía, y en ese momento, supo que Sandra estaba viva. Aunque se requirió asistencia de emergencia, Analía se alegró de esa oración respondida.
Personalidad y dones dados por Dios
Hace décadas, fui a un retiro universitario donde todos hablaban de un test de personalidad. «¡Yo soy ISTJ!», dijo uno. «Yo, ENFP», dijo otro. Estaba desconcertado… y dije en chiste: «Yo soy ABCXYZ».
Obediencia por amor
Durante nuestra boda, nuestro pastor me dijo: «¿Prometes amar, honrar y obedecer a tu esposo hasta que la muerte los separe?». Mirando a mi esposo, susurré: «¿Obedecer?». Habíamos construido nuestra relación sobre el amor y el respeto; no la obediencia ciega, como parecían sugerir los votos. Mi suegro filmó ese momento sorpresivo en que procesé la palabra obedecer y dije: «Sí».