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Dios me ve

Cuando el esposo de Sun sufrió un derrame cerebral, su vida dio un giro dramático. Se encontró teniendo que ayudar a su esposo con las actividades diarias y enfrentando sus crisis emocionales. Durante diecisiete años, lo cuidó fielmente. Pero cuando una caída aceleró su deterioro, la carga del cuidado la superó y cayó en una profunda depresión. «Sentía que había perdido mi fe —compartió—, y no podía ver a Dios».

Caminar con Dios

Era martes en el gimnasio, así que las personas que caminaban por la pista debían hacerlo en el sentido horario. Los primeros caminantes con los que se unió mi esposa iban en esa dirección, pero luego, otra persona entró caminando en sentido opuesto. Un par de sus amigos se le unieron, y después otra persona. De repente, la pista se volvió un caos, y tomó unos minutos reordenarse.

Creer más de lo que vemos

A finales del siglo xix, pocas personas tenían acceso a los grandes bosques de secuoyas en Estados Unidos, y muchos no creían en los informes sobre estos árboles gigantescos. Pero en 1892, cuatro leñadores entraron en el bosque de Big Stump y pasaron trece días talando el grandioso árbol llamado Mark Twain, que tenía 1.341 años, y medía 90 metros de altura y 15 metros de circunferencia. Un observador lo describió como un árbol «de proporciones magníficas; uno de los más perfectos del bosque». Una parte de esta impresionante belleza, ahora destruida, se envió al Museo Americano de Historia Natural, para que todos pudieran ver una secuoya.

Crecer mediante la aflicción

El cerebro es notablemente pequeño, pero el estrés puede reducirlo aún más. Investigaciones recientes revelaron que el estrés acumulativo puede reducir la parte del cerebro responsable de gestionar las emociones, los impulsos y las interacciones sociales. Esta reducción está relacionada con la ansiedad y la depresión, lo que destaca el impacto del estrés prolongado en la vida. Pero hay buenas noticias: la plasticidad del cerebro le permite recuperarse a través de prácticas intencionales como el ejercicio, la meditación y las relaciones significativas.

Grafiti positivo

Cuando era joven, el periodista Sebastian Junger viajó por Estados Unidos y escribió sobre sus experiencias. Un día, en la década de 1980, entró en un baño en los Cayos de Florida y encontró en las paredes unos grafitis llenos de odio. La mayoría eran contra los inmigrantes cubanos. Pero un mensaje, aparentemente escrito por un cubano, se destacaba y decía: «Gracias a Dios, el resto de las personas en este país son cálidas y afectuosas, y me dieron la bienvenida en el 62». Junger señaló: «En esas paredes estaban las peores cosas de Estados Unidos, y también las mejores».

No lo hagas solo

Mientras abría las instrucciones para ensamblar la estantería, con montones de tablas y herramientas esparcidas por el suelo, vi unos diagramas explicativos sobre qué hacer y qué no hacer. Uno, marcado con una gran «X» en la parte superior, mostraba a una persona mirando desconcertada una pila de tablas y herramientas, parecida a mí unos minutos antes. A la derecha, aparecía la forma «correcta» de ensamblarla. ¿La única diferencia? Había una segunda persona. Ahora ambas figuras sonreían mientras trabajaban juntas.

Cómo vivir bien

Pedro empezó a seguir a Jesús a los 50 años. Había sido un hombre airado y vengativo que lastimaba a quienes lo rodeaban. Tras ser discipulado en su iglesia, sintió remordimiento por su pasado. «Ahora tengo menos años por delante que los que tengo detrás —dijo—. Quiero vivirlos bien. Pero ¿cómo?».

La gracia suficiente de Dios

Flannery O’Connor es una de las escritoras más reconocidas del sur de Estados Unidos. Sus historias abundan en sufrimiento y gracia. Cuando su amado padre murió de lupus cuando ella tenía quince años, se volcó devastada a escribir su primera novela. Pronto, a ella misma le diagnosticaron lupus, una enfermedad incurable que le quitó la vida a los 39 años. Los escritos de O’Connor reflejan su angustia física y mental. La novelista Alice McDermott dijo: «Creo que fue la enfermedad lo que la convirtió en la escritora que es».

¿Una ciudad que vale la pena buscar?

En mayo de 1925, Percy Fawcett envió una última carta a su esposa antes de ingresar en las inexploradas selvas de Brasil. Buscaba una legendaria y esplendorosa ciudad perdida, decidido a ser el primer explorador en compartir su ubicación después de años de búsqueda. Pero su equipo de exploradores se perdió, la ciudad nunca fue encontrada y muchas expediciones fracasaron en recuperarla.

Una gratitud humilde

Un Día de Acción de Gracias, llamé a casa para saludar a mis padres. Mientras hablábamos, le pregunté a mi madre por qué cosa estaba más agradecida. Ella exclamó: «Porque mis tres hijos saben cómo invocar el nombre del Señor». Para mi madre, que siempre había enfatizado la importancia de la educación, había algo más valioso que el que a sus hijos les fuera bien en la escuela y se cuidaran solos.