Un anhelo cumplido
Blas Pascal dijo que hay un «abismo infinito» dentro de nosotros que solo un Dios infinito puede llenar. Agustín oró: «Nos has hecho para ti, oh Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti». David expresó que, como personas sedientas en el desierto, nuestro ser «anhela» a Dios (Salmo 63:1).
Interrupciones divinas
Por la mañana, Sara escribió su lista de tareas para el día, pero fue interrumpida por una familia que necesitaba recibir con urgencia una tarjeta de gasolina de la iglesia. Sara estaba ocupada, pero sabía que Dios quería que ayudara, así que aceptó llevarles la tarjeta al hotel donde la iglesia los había alojado unas semanas. Miró la dirección y notó que era más lejos de lo que pensaba. Se quejó ante Dios: ¡Voy a gastar demasiado combustible para llevarles esto!
Nuestro derecho de nacimiento en Cristo
El dueño de los Dallas Mavericks, de la NBA, le ofreció 100.000 dólares a un locutor radial de deportes de Chicago para que cambiara legalmente su nombre a «Dallas Maverick». Además, dijo que donaría otros 100.000 a la organización benéfica favorita del hombre. Después de reflexionar, el locutor se mantuvo firme y dijo que no. Explicó: «Estaría diciendo que haría cualquier cosa por dinero, y eso me incomoda. Mi nombre es mi derecho de nacimiento. Quiero preservar mi integridad y credibilidad».
En toda nación
Londres es una ciudad cosmopolita donde conviven personas de muchas naciones. Esta diversidad puede traer gran riqueza, tanto en comidas increíbles como en desafíos. Por ejemplo, me entristeció saber que algunos amigos de un país europeo se sentían los menos respetados en Londres porque su nación acababa de ser admitida en la Unión Europea. Se sentían ignorados, culpados por problemas y objetos de resentimiento por los trabajos que conseguían.
Fe y acusación falsa
Impulsado por poderosos vientos, el incendio arrasó durante días. El historiador Tácito describe una escena llena de gritos y ciudadanos huyendo. Casi dos tercios de Roma fueron destruidos. El emperador Nerón acusó falsamente a los creyentes en Jesús de haber iniciado el fuego. Los odiaba y los escogió como chivos expiatorios de la catástrofe, la cual, se rumoreaba, había sido ordenada por él.
Valentía para mantenerse firme por Jesús
En el año 155 d.C., un padre de la iglesia primitiva, Policarpo, fue amenazado con morir en la hoguera por su fe en Cristo. Él respondió: «Durante ochenta y seis años he sido su siervo, y no me ha hecho ningún mal. ¿Cómo puedo ahora blasfemar contra mi Rey que me salvó?». Su respuesta puede ser una inspiración cuando enfrentamos pruebas extremas por nuestra fe en Jesús, nuestro Rey.
Un corazón ensanchado
En sus Confesiones, Agustín luchó con la idea de cómo era posible que Dios se relacionara con él. ¿Cómo podía el que creó el universo entrar en algo tan pequeño y pecador como su corazón? Pero le rogó a Dios que lo hiciera posible: «La casa de mi alma es estrecha. Ensánchala para que puedas entrar. ¡Está en ruinas! ¡Repárala! Contiene cosas que ofenderían tus ojos. Lo confieso y lo sé. Pero ¿quién la limpiará, o a quién clamaré sino a ti?».
Bondad invisible
El rostro siempre estuvo allí, pero nadie lo sabía. Cuando Sir Joshua Reynolds pintó La muerte del cardenal Beaufort, incluyó el rostro de un demonio en la oscuridad detrás del hombre moribundo. Reynolds representó exactamente una escena de una obra de Shakespeare, pero algunos no apreciaron su literalidad. Después de su muerte, el rostro fue cubierto con pintura y olvidado. Una reciente tarea de conservación de arte lo descubrió bajo capas de pintura y barniz.
Consuelo de Dios
Estaba ansiosa. Mi esposo y yo acabábamos de regresar del supermercado. Mientras descargábamos las compras, busqué frenéticamente la bolsa de rosquillas… pero no la encontré. Revisé el recibo. Nada. Frustrada, exclamé: «¡Lo único que quería de la tienda era una rosquilla!». Minutos después, mi esposo me entregó una bolsa de rosquillas. Enfrentando la nieve, había vuelto a salir para comprarlas. Lo abracé y, un poco avergonzada, dije: «¡Me alegra que no tuvieras un accidente solo por satisfacer mi antojo!».
Tomarse de Dios
En el campeonato escolar de lucha libre, niños de tan solo ocho años se enfrentaban utilizando hábiles técnicas para derribar a sus oponentes y ganar. La lucha, un deporte antiguo, exige una combinación de derribos, escapes, inmovilizaciones y otras maniobras. Una pequeña niña de tercer grado —favorita del público— era más rápida que el resto, y usaba movimientos veloces que engañaban a sus rivales hasta derrotarlos.