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Extender el cuidado de Dios

Cuando era adolescente, tenía una relación tensa con Lisa, una compañera de la iglesia, así que me desanimé al saber que compartiríamos la habitación en el campamento de verano. Pero la semana transcurrió sin problemas.

Imitar el perdón de Dios

Solía trabajar con una mujer llamada Madge, una cocinera maravillosa. «¡Tendrías que probar mi sopa de arvejas con jamón!», me dijo un día. Cuando respondí que no me gustaban las arvejas, sonrió y dijo: «Te gustarán después de probar mi sopa». Al día siguiente, me entregó un recipiente con su sopa, hecha especialmente para mí.

Esperar en Dios

Cuando era niña, me entusiasmaba al ver coloridos carteles especiales al costado del camino. Creía que ya habíamos llegado al parque de diversiones al que íbamos. Comenzaba alegremente a recoger mis cosas, solo para decepcionarme al ver más carteles y tener que esperar aún más antes de llegar. Finalmente, entendí que esos carteles anunciaban que los visitantes estaban cerca, pero que aún faltaban unos kilómetros.

Fui yo

En una antigua comedia de cine, un programador torpe pero brillante es elegido para la primera misión tripulada a Marte. Tras cometer errores tontos constantemente, acostumbra a exclamar: «¡Yo no fui!». Cuando aterrizan en Marte, el programador resbala de la escalera y cae sobre la superficie del planeta, justo antes de que su compañero ponga el pie en ella. Las primeras palabras pronunciadas en Marte son: «¡Yo no fui!».

Gozo en Jesús

El tratamiento contra el cáncer de Nancy le provocó tantas úlceras en la boca y la garganta que ni siquiera podía tragar un trozo de pan. Durante muchos días dolorosos, tuvo que depender de la leche para llenar su estómago. Lo único que le sacaba una sonrisa era el gozo de conocer a Jesús… y sus nietos. Estar con ellos cada semana la ayudaba a no enfocarse en su situación. «Si no fuera por los niños, habría renunciado», dijo.

Actuar con integridad

Sin darse cuenta, Sara dejó caer su anillo de compromiso de diamantes en el vaso de un mendigo. Billy Ray, el que lo recibió, lo hizo tasar y consideró venderlo, pero decidió ser honesto y se lo devolvió cuando ella volvió unos días después. Sara y su esposo crearon un fondo para donaciones para ayudar a Ray, lo que generó en otros una oleada de generosidad. Ray recibió asesoramiento financiero y finalmente pudo comprar una casa. También se reencontró con su familia, a la que no veía desde hacía mucho.

Encontrar descanso

La «siesta táctica» es una serie de pautas para que los soldados logren dormir provechosamente entre diez y treinta minutos. Cuando experimentan una oleada de soledad o ansiedad, los soldados pueden ser incapaces de relajarse. Los consejos incluyen usar tapones para los oídos y leer antes de dormir. Es cuando más necesitamos descanso que resulta más difícil encontrarlo.

Las respuestas que Dios da

«¿Cómo se llama mi mamá biológica?». La sincera pregunta de mi hija de siete años me atravesó el corazón. Su adopción había sido privada, y solo nos habían proporcionado la información más básica sobre sus padres: estatura, peso, edad, color de cabello y ojos. ¿Cómo responder? ¡La pregunta parecía imposible! Respiré hondo y oré: «Dios, ¿qué digo?». Una frase me brotó de la boca: «¿Cómo te gustaría que se llamara?». Ella sonrió y exclamó: «¡Madeline!». «Entonces, ¡es Madeline!», declaré. Creo que Dios me dio una respuesta cuando yo no la tenía.

Libertad en Cristo

En 1849, Henry Brown (un esclavo en Virginia, Estados Unidos) se metió en una caja de madera (de 90 x 75 x 60 cm) marcada «mercancía seca», y dos amigos lo enviaron de Richmond a Filadelfia. Permaneció allí durante un viaje de veintiséis horas, con tres pequeños agujeros para respirar. Cuando los abolicionistas lo sacaron de la caja, cantó una paráfrasis del Salmo 40, expresando su esperanza en el Dios que promete libertad. Más tarde, escribió: «Si nunca has sido privado de tu libertad, como lo fui yo, no puedes comprender el poder de esa esperanza de libertad, que para mí fue un ancla del alma, firme y segura».

Buscar el rostro de Dios

Cada otoño, quienes conducen por la autopista 18 en Oregón se encuentran con una sorpresa encantadora en las laderas arboladas junto al camino: una enorme carita sonriente. Solo es visible en otoño, cuando las agujas de los alerces se tornan amarillas y contrastan con los oscuros abetos Douglas que forman los ojos y la boca. Una empresa maderera plantó esta cara de unos noventa metros de diámetro en 2011 como parte de un esfuerzo por reforestar la zona que habían talado.