Categoría  |  Nuestro Pan Diario

Ya no más oscuridad

El remolcador se hundió a 32 kilómetros de la costa de Nigeria, y once miembros de la tripulación se ahogaron. Pero el cocinero del barco, Harrison Odjegba Okene, encontró una bolsa de aire y esperó. Solo tenía una Coca-Cola como provisión, y dos linternas que se agotaron enseguida. Durante tres terroríficos días, Okene quedó atrapado solo y a oscuras en el fondo del mar. Había empezado a perder la esperanza cuando unos buzos en una misión para recuperar cadáveres lo encontraron acurrucado y temblando en lo profundo del casco.

Un salto de fe

Un marinero francés, junto con su gato, navegaba desde Dutch Harbor —un puerto en una isla al sur de Alaska— hasta San Diego, California, cuando su yate fue volcado por una enorme ola. La embarcación se enderezó, pero el marino perdió el timón y los aparejos. Informó de su grave situación a los guardacostas, pidiendo ayuda. Finalmente, los guardacostas se pusieron en contacto con un barco de perforación petrolera cercano que acudió al rescate. Sin embargo, él tuvo que dar un salto de fe literal —con su gato metido bajo la chaqueta— desde su embarcación hasta el buque de rescate.

El poder de resurrección de Cristo

En enero de 2023, los aficionados al fútbol americano se quedaron atónitos cuando Damar Hamlin se desplomó en el campo tras ejecutar un placaje aparentemente rutinario. El joven sufrió un paro cardíaco súbito, pero fue restablecido por los profesionales médicos mientras estaba en el campo. Sorprendentemente, tres meses después de morir y ser reanimado en el campo, Hamlin pudo volver a jugar al fútbol.

El camino de Dios a casa

Mientras bajaba hacia el estacionamiento, me invadió la ansiedad. Ya había estado en ese mismo lugar y me había perdido. Pero ahora, cuando empecé a caminar hacia la puerta cercana al ascensor, una sensación de calma llenó mi corazón. ¡Conocía el camino! Atravesé la puerta y encontré el conjunto de ascensores que buscaba.

Dios nunca nos abandona

En Tierra Santa, nos encantó caminar por donde caminó Jesús. Ahora puedo imaginar más fácilmente las imágenes y los sonidos de su vida terrenal. Pero subir y bajar por las piedras irregulares dejó su huella, y llegué a casa con las rodillas doloridas. Por supuesto, mis dolencias eran menores comparadas con las de quienes viajaban hace siglos, que no solo padecían mucho; incluso morían. Pero Dios estaba con ellos.

Belleza de la tragedia

El lago Coniston Water, en Inglaterra, es un bellísimo lugar para vacacionar. Las aguas son perfectas para navegar, nadar y hacer deportes acuáticos. Sin embargo, allí ocurrió una gran tragedia. En 1967, Donald Campbell pilotaba su hidroavión, intentando batir el récord mundial de velocidad en el agua. Alcanzó una gran velocidad, pero no vivió para celebrar el logro, ya que se estrelló y murió.

Todo va a estar bien

Uno de los recuerdos más vívidos de la infancia de mi hija es el día en que su padre le enseñó a andar en bicicleta sin rueditas. En un momento, mi esposo se subió a la parte trasera de la bicicleta tomando el manubrio con ella, para poder bajar juntos un tramo de suave pendiente. Ella recuerda a su padre riendo, mientras ella se moría de miedo. Cuando hoy recuerdan el incidente, la amable respuesta de mi marido a su recuerdo es tranquilizarla diciéndole que sabía que todo iba a salir bien.

Las casualidades no existen

El barrio de Dante en Manila solía inundarse. Cuando llovía, el pequeño llegaba a la escuela cruzando un puente improvisado que había colocado un vecino. «El Sr. Tomas ayudó a la comunidad a moverse —dijo Dante—. Me guiaba por el puente, protegiéndome de la lluvia».

Salvar vidas

Como miembro de la resistencia antinazi en Francia, Adolfo Kaminsky alteró documentos de identidad para salvar a cientos de los campos de concentración. Una vez, le dieron tres días para falsificar 900 certificados de nacimiento y 300 cartillas de racionamiento para niños judíos. Trabajó dos días sin dormir, diciéndose: «En una hora, puedo hacer treinta documentos. Si duermo una hora, morirán treinta personas».

No reconocido

Richard Griffin fue policía personal de la reina Isabel II catorce años. Mientras la acompañaba un día de picnic, se encontraron con dos excursionistas estadounidenses. «¿Conocen a la reina?», preguntaron, sin reconocer a la monarca. «Yo no —bromeó la reina—, ¡pero Richard se reúne con ella siempre!». Emocionados por conocer a alguien cercano a la realeza, ¡le entregaron a la reina su cámara y le pidieron que les sacara una foto con Richard!