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Nuestro valor en Cristo

Mario, de veintiocho años, era adicto al crack y al alcohol, y fue encarcelado por robo. En su sentencia, el juez dijo que era «un desperdicio de vida humana». Tristemente, él estuvo de acuerdo. A mitad de su condena, vio un anuncio para un concurso de periodismo. Le interesó y se inscribió en una universidad cercana en la que, después de su liberación, terminó su maestría en periodismo. Ahora escribe para The New York Times. ¡Ya no es un desperdicio!

La posesión más preciada

Mi padre vio a mi madre por primera vez en una fiesta en Londres. Luego se coló en una segunda fiesta y organizó una tercera, solo para volver a verla. Finalmente, la invitó a dar un paseo, recogiéndola en su viejo Rover sedán, su posesión más preciada.

Dios nos guarda

Dos pilotos se durmieron durante su vuelo sobre Indonesia. Aunque el comandante tenía permiso para dormir una vez que el avión alcanzara la altitud de crucero, se despertó y descubrió que su copiloto también se había quedado dormido. Ambos estuvieron dormidos durante una media hora con más de 150 pasajeros y tripulantes a bordo, y a casi 11.000 metros de altitud. El avión se había desviado de su curso, pero aun así, llegó a su destino de manera segura.

Síndrome del impostor

¿A veces te consideras un fraude? ¡No eres el único! A finales de la década de 1970, dos investigadores identificaron el «síndrome del impostor» como la condición de dudar de los talentos o capacidades personales y considerarse un fraude. Incluso personas exitosas y brillantes luchan con la sensación de incapacidad, preocupándose de que si alguien espiara detrás de la cortina de sus vidas, vería cuánto desconocen.

Solamente ora

El proyecto independiente no estaba yendo bien. Los clientes estaban demandando lo que parecía imposible, y yo estaba estresado y desanimado. Mi primera reacción fue simplemente abandonar el trabajo, lo que significaría no recibir pago por lo que ya había hecho, además de eliminar la posibilidad de futuros proyectos con ellos. Entonces, pensé: ¿Ya he orado a Dios?

Vivir con Jesús

El médico Christian Ntizimira sintió el llamamiento de Dios para brindar cuidados paliativos en áreas desfavorecidas de su país natal, Ruanda. Sus colegas solían pasar por alto el valor de dicho cuidado porque «esos pacientes ya se consideraban sin esperanza». Pero Ntizimira descubrió que, para los pacientes y sus familiares, su «presencia renovaba la esperanza cuando todo parecía perdido». Su trabajo se basaba en la convicción de que la muerte y la vida de Jesús pueden transformar cómo enfrentamos la muerte, porque «la muerte de Cristo es la fuente de la vida».

Conexión basada en Cristo

¿Podrían ocho minutos cambiar la vida de alguien? En un mundo donde las conexiones significativas pueden ser raras, la autora Jancee Dunn propone aprovechar el poder de una llamada telefónica de ocho minutos. Cree que puede ayudarnos a conectar con familiares y amigos. Algunos estudios muestran que esas breves llamadas varias veces a la semana ayudan a reducir la depresión, la soledad y la ansiedad. Dunn cita a otros expertos que afirman que pequeños ajustes en las relaciones pueden mejorar profundamente nuestro bienestar y el de los demás.

Calcular el costo

Los locales lo llaman «El camino a ninguna parte», pero su nombre oficial es Lakeview Drive. Es un tramo pintoresco de casi diez kilómetros, con vista al lago Fontana en el Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes, cerca de Bryson City, Carolina del Norte. Tras pasar un túnel de 360 metros de largo excavado en un lado de la montaña, el camino se detiene abruptamente. El gobierno gastó millones de dólares hasta que, por problemas ambientales descubiertos más tarde, el proyecto se abandonó.

Cantar las Escrituras

Para sus devociones diarias, Julia empezó a cantar las Escrituras. «¡Mientras cantaba, mi corazón y mi mente comenzaron realmente a creer y hacer lo que estaba cantando!». Al vocalizar la Palabra de Dios, Julia deseaba que sus verdades mostraran lo que no le gustaba de sí misma, como su voz y su estatura.

Esperar a Dios

Cuando un país estalló en guerra civil, las autoridades reclutaron a un hombre para el servicio militar. Pero él se opuso: «No quiero participar en la destrucción de [mi país]». Y se fue. Como no tenía visas adecuadas, se encontró atrapado en el aeropuerto de otro país. Durante meses, los empleados del aeropuerto le dieron comida y miles de personas siguieron sus publicaciones en redes mientras deambulaba por las terminales, tejía bufandas y no perdía la esperanza. Al enterarse de su constante aprieto, una comunidad en Canadá recaudó dinero y le consiguió un trabajo y una casa.