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La volverás a ver

Mientras empujaba una silla cerca de la cama de mi amiga, la habitación del centro de cuidados especiales estaba oscura y en silencio. Antes de batallar contra el cáncer durante tres años, ella había sido una persona dinámica. Todavía puedo imaginarla riéndose, con los ojos llenos de vida y una sonrisa que le iluminaba el rostro. Ahora estaba callada y quieta. Sin saber qué decir, decidí leer la Biblia, así que la saqué de mi bolso, busqué un pasaje de 1 Corintios y empecé a leer.

Empieza con el final

«¿Qué quieres ser cuando seas grande?», solían preguntarme cuando era chico. Y las respuestas cambiaban como el viento: doctor, bombero, misionero, líder de canto, físico… o en realidad, ¡MacGyver! (un personaje favorito de televisión). Ahora, como padre de cuatro hijos, pienso cuán difícil les debe de resultar que les hagan esa pregunta. Hay momentos en que quiero decir: «¡Yo sé en qué te vas a destacar!». A veces, los padres ven más en sus hijos que lo que estos pueden ver en sí mismos.

Consuelo extraño

El versículo que recibió Lisa en la tarjeta parecía inadecuado: «Entonces el Señor abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo» (2 Reyes 6:17). ¡Tengo cáncer! —pensó confundida— ¡Acabo de perder un bebé! Un versículo sobre soldados ángeles no tiene nada que ver.

Sacar la intrusa

Acababa de amanecer cuando mi esposo se levantó y fue a la cocina. Vi que encendió la luz y la apagó, y me pregunté por qué. Entonces, recordé que la mañana anterior yo había gritado al ver una «intrusa» sobre la mesada de la cocina. Traducido: una criatura desagradable de seis patas. Mi esposo sabía de mi paranoia, y llegó de inmediato para sacarla. Esa mañana, se había levantado más temprano para asegurarse de que no hubiera ningún insecto y yo pudiera entrar sin preocuparme. ¡Qué gran muchacho!

No nos soltará

Julio cruzaba en bicicleta el puente George Washington —una ruta transitada de doble calzada que une la ciudad de Nueva York con Nueva Jersey—, cuando enfrentó una situación de vida o muerte. Un hombre estaba parado en una plataforma sobre el río Hudson, listo para saltar. Como sabía que la policía no llegaría a tiempo, Julio saltó de la bicicleta y corrió con los brazos extendidos, diciendo: «No lo hagas. Te amamos». Entonces, como un pastor con un cayado, abrazó al hombre consternado, y con la ayuda de otro transeúnte, lo puso a salvo. Según los informes, Julio no soltó al hombre, aun después de que estaba a salvo.

Cómo reflejar a Cristo

Teresa de Lisieux era una niña alegre y tranquila… hasta que su madre murió cuando ella tenía solo cuatro años. Se volvió tímida y se inquietaba fácilmente. Pero muchos años después, una Noche Buena, todo cambió. Luego de celebrar con su iglesia el nacimiento de Jesús, sintió que Dios la liberaba de su temor y le daba gozo. Atribuyó el cambio a Jesús, el poder de Dios que dejó el cielo y se convirtió en hombre, y que entró a morar en ella.

Arraigados en amor

«¡Eso es todo!», dijo Marga. Había cortado un gajo de su geranio, sumergió el extremo en miel y lo colocó en un recipiente con abono. Me estaba enseñando a reproducir geranios; convertir una planta saludable en muchas, de modo que tuviera flores para compartir con los demás. Dijo que la miel era para ayudar a la planta joven a echar mejor sus raíces.

Ojos para ver

Hace poco, descubrí la maravilla del arte anamórfico. Aunque al principio parece una mezcla de partes incoherentes, una escultura anamórfica solo tiene sentido si se la observa desde el ángulo correcto. Una serie de varas verticales se combinan para revelar el rostro de un famoso líder; una masa de cables bosquejan un elefante; cientos de motas negras suspendidas con un alambre se convierten en el ojo de una mujer. La clave de este arte es observar desde distintos ángulos hasta que se revela su significado.

Nunca es suficiente

Frank Borman comandó la primera misión espacial alrededor de la luna. No lo impresionó. El viaje duró cuatro días. Frank tuvo mareos y vomitó. Dijo que flotar en el aire fue genial… por 30 segundos. Pero después se acostumbró. Al acercarse a la luna, vio que era monótona, cubierta de cráteres. La tripulación tomó fotos de ese desierto gris, y luego se aburrieron.

Descarriarse

Al haber vivido cerca de estancias ganaderas, el humorista Michael Yaconelli observó que las vacas tendían a descarriarse mientras pastaban. Una vaca avanzaba, siempre en busca de los fabulosos «pastos más verdes». Cerca del límite de la propiedad, tal vez descubría un poco de hierba fresca bajo un árbol. Justo del otro lado de una parte rota de la cerca había un sabroso puñado de hojas. Entonces, la vaca atravesaba la cerca y salía al camino. Lentamente, iba «mordisqueando» su camino a perderse.