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Articles by Elisa Morgan

Monstruo, el pez dorado

Lacey Scott estaba en la tienda de mascotas cuando un pez triste en el fondo de la pecera le llamó la atención. Tenía las escamas negras y lesiones en todo el cuerpo. Lacey rescató al pez de diez años, y lo llamó «Monstruo» —por la ballena del cuento Pinocho— y lo puso en una pecera «hospital». Lentamente, Monstruo mejoró, empezó a nadar y creció. Sus escamas negras se volvieron doradas. Por el cuidado diligente de Lacey, ¡Monstruo fue hecho nuevo!

Comida que dice «te amo»

Asistí a la fiesta de cumpleaños de un familiar, donde la anfitriona había entretejido el tema de «cosas favoritas» en la decoración, los regalos… y la comida. Como a la cumpleañera le encantaba el bistec y la ensalada, eso fue lo que nos sirvió la anfitriona para comer. Las comidas favoritas dicen: «Te amo».

El fruto vende al árbol

La dueña de un vivero decidió vender durazneros. Consideró diversas opciones. ¿Colocaría retoños llenos de hojas en sacos de arpillera en atractivos exhibidores? ¿Elaboraría un colorido catálogo mostrando durazneros en diferentes etapas de crecimiento? Finalmente, se dio cuenta de qué vende en realidad a un duraznero: los duraznos que produce; de olor dulce, anaranjado intenso y piel vellosa. La mejor manera de venderlo es arrancar un durazno maduro, abrirlo hasta que el jugo chorree por el brazo y convidarle un trozo a un cliente. Cuando prueben el fruto, querrán el árbol.

Lengua anclada al orar

Cuando operaron a mi hermanito, me preocupé. Mi madre me explicó que había nacido con «lengua anclada» (anquiloglosia) y que, sin ayuda, podría tener problemas para comer y hablar. En sentido figurado, lengua anclada es una forma de referirse a no saber qué decir o ser demasiado tímido para hablar.

Lágrimas justificadas

«Perdón», dijo Carolina, disculpándose por llorar. Después de la muerte de su esposo, se dedicó a cuidar a sus hijos adolescentes. Cuando la iglesia ofreció llevarlos de excursión un fin de semana para entretenerlos y que ella descansara, lloró de gratitud, disculpándose una y otra vez por sus lágrimas.

La diestra de Dios

Mientras ayudaba a mi anciano perro Wilson a salir al césped, solté sin querer la correa de Coach, el más joven. Cuando me incliné para volver a tomarla, Coach salió disparando, arrancando la correa de mi mano y retorciéndome el dedo anular en el proceso. Caí al césped y grité del dolor.

Un glosario del dolor

Después de que Hugh y DeeDee entregaron su único hijo al cielo, no sabían cómo llamarse. No hay una palabra específica en español para describir a los padres que pierden a un hijo. Una esposa sin su esposo es una viuda. Un esposo sin su esposa es un viudo. Un niño que no tiene padres es un huérfano. Un padre cuyo hijo ha muerto es un agujero de dolor indefinido.

¿Dios está escuchando?

Cuando serví en el equipo de asistencia a la congregación de mi iglesia, una de las tareas era orar por las peticiones que dejaban escritas en el banco durante las reuniones: la salud de una tía, las finanzas de una pareja, que un nieto encontrara a Dios. Raras veces oía sobre los resultados de esas oraciones, ya que los pedidos eran anónimos y no tenía manera de saber cómo había respondido Dios. Confieso que a veces me preguntaba: ¿Él realmente escucha? ¿Sucede algo como resultado de mis oraciones?

Descansar bien

El reloj marcaba la 1:55. Cargada por una conversación por mensaje de texto tarde en la noche, no podía dormir. Me levanté y fui en silencio al sofá. Busqué en Google «qué hacer para dormirse», pero terminé encontrando qué no hacer: no tomar una siesta, no beber cafeína ni trabajar hasta tarde. Después, encontré el consejo de evitar el «tiempo en pantalla» hasta tarde. Ups. Ahí me había equivocado. En cuanto al buen descanso, hay listas de qué no hacer.

La sabiduría que necesitamos

Elena abrió el buzón y vio un paquete con la dirección de su querida amiga. Pocos días antes, le había contado sobre una lucha relacional. Con curiosidad, lo abrió y encontró un colorido collar de yute con cuentas, acompañado de una tarjeta con el eslogan de una compañía —«Dilo en código Morse»— y la traducción del sabio mensaje escondido en el collar: «Busca los caminos de Dios». Elena sonrió mientras se lo ponía en el cuello.