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Articles by Amy Peterson

Una fiesta de amor

En el filme danés El festín de Babette, una refugiada francesa aparece en una aldea costera. Dos hermanas ancianas, líderes de la vida religiosa de la ciudad, la reciben, y durante catorce años, ella trabaja como su ama de llaves. Cuando logra tener una gran suma de dinero, invita a la congregación de doce personas a una extravagante cena francesa de caviar, codornices en masa de hojaldre, y más.

Un remedio disponible

Mientras seguía al guía del parque, tomaba notas de lo que él enseñaba sobre el bosque primigenio de las Bahamas. Nos dijo qué árboles evitar, ya que al tener veneno en la madera, segregan una savia negra que causa un doloroso sarpullido. ¡Pero no hay que preocuparse! Por lo general, el antídoto se puede encontrar en otra planta justo al lado. «Corten la corteza roja del elemí —explicó—, y froten la savia sobre la urticaria. Empezará a sanar de inmediato».

Creados para relacionarnos

En muchos países, hay una creciente industria de «alquilar una familia» para suplir las necesidades de personas solitarias. Algunos usan el servicio para cuidar las apariencias, de modo que en un evento social, pueden simular tener una familia feliz. Otros rentan actores para representar a parientes que viven lejos, y así sentir, aunque sea brevemente, un vínculo familiar que tanto anhelan.

Aprendizaje práctico

A mi hijo de seis años, Owen, le encantó recibir un nuevo juego de mesa. Pero después de leer las reglas durante media hora, se frustró. No podía entenderlo. Solo al tiempo, cuando vino un amigo que ya sabía cómo jugarlo, empezó a disfrutar su regalo.

El Señor se regocija

Hace poco, mi abuela me envió una carpeta llena de viejas fotografías, y mientras las iba hojeando, una captó mi atención. En la foto, tengo dos años y estoy sentada junto a una chimenea. Al otro lado, mi papá está abrazando a mi mamá. Los dos me miran con una expresión de amor y deleite.

Nos necesitamos unos a otros

Mientras caminaba con mis hijos, descubrimos una planta liviana y elástica que crecía en manojos sobre el sendero. Según un cartel, se la llama comúnmente musgo de ciervo, pero no es un musgo, es un liquen: un hongo y un alga que crecen juntos en una relación mutua de la cual se benefician ambos organismos. Ni el hongo ni el alga puede sobrevivir por sí solos, pero juntos forman una planta resistente que puede vivir hasta 4.500 años en grandes cordilleras. Al poder soportar sequías y temperaturas bajas, es una de las únicas fuentes alimentarias para los renos durante los inviernos más intensos.

¡Cuidado!

Crecí en ciudades cálidas del sur de Estados Unidos, así que cuando me mudé al norte, me llevó un tiempo aprender a conducir de forma segura durante los largos meses de nieve. El primer invierno duro, ¡terminé patinando en el hielo tres veces! Pero después de varios años de práctica, empecé a sentirme cómoda conduciendo en condiciones invernales. En realidad, tomé demasiada confianza, ya que dejé de prestar atención. Fue entonces que golpeé una capa de hielo negro ¡y me deslicé hasta chocar contra un poste telefónico al costado del camino!

Buscar el tesoro

Un tesoro enterrado. Suena como algo tomado de un libro de cuentos para niños. Pero el excéntrico millonario Forrest Fenn afirma haber dejado un cofre con joyas y oro, por valor de 2.000.000 de dólares, en alguna parte de las Montañas Rocosas. Muchos han ido a buscarlo. Incluso, cuatro personas murieron tratando de encontrar esas riquezas escondidas.

Descubrir mi verdadero yo


¿Quién soy? Esta es la pregunta que se hace un descolorido animal de peluche en el libro para niños titulado Nothing [Nada], de Mick Inkpen. Abandonado en un rincón polvoriento de un ático, el animal oye que los transportistas de mudanzas lo llaman «nada», y él piensa que ese es su nombre: Nada.


Amor perdurable

«¡Te amo!», exclamó mi papá cuando cerré la puerta del auto y entré a la escuela. Estaba en sexto grado, y durante meses, casi la misma escena se había repetido todas las mañanas. Cuando llegábamos, Papá decía: «¡Que tengas un hermoso día! ¡Te amo!», y lo único que yo le contestaba era: «Adiós». No era por enojo ni desprecio; simplemente, estaba tan envuelta en mis cosas que no le prestaba atención. Sin embargo, su amor perduraba inalterable.