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Lenguaje delicado

Estaba en Facebook, discutiendo. Gran error. ¿Qué me hizo pensar que debía «corregir» a un extraño sobre un tema candente… y además, controversial? El resultado fueron palabras acaloradas, sentimientos heridos (al menos de mi parte) y una oportunidad perdida de hablar bien de Jesús. Esta es la consecuencia de la «ira de internet», frase para las palabras ásperas que se lanzan diariamente a través de la blogosfera. Un especialista en ética explicó que la gente concluye de manera equivocada que la ira «es la forma de hablar sobre las ideas públicas».

Quién eres

Su nombre es Dnyan, y se considera un estudiante del mundo. «Esta es una escuela muy grande», dice él con respecto a todas las ciudades y pueblos por donde ha pasado. En 2016, comenzó un viaje de cuatro años en su bicicleta para conocer personas y aprender de ellas. Cuando el idioma es una barrera, descubre que la gente puede a veces entenderse con solo mirarse. También usa en su teléfono una aplicación que traduce, para comunicarse. No mide su viaje por los kilómetros que ha recorrido o los paisajes que ha visto, sino por las personas que han dejado una marca en su corazón: «Quizá no sé tu idioma, pero me gustaría saber quién eres».

El regalo navideño del habla

Un accidente vascular posquirúrgico hizo que Tomás perdiera el habla, y tuvo que enfrentar una larga rehabilitación. Tiempo después, tuvimos la agradable sorpresa de verlo en la reunión de Acción de Gracias de la iglesia. Mayor fue la sorpresa cuando se puso de pie para hablar. Buscando qué decir, mezclaba las palabras, repetía frases y confundía las fechas. Pero una cosa era clara: ¡estaba alabando a Dios! Es posible sentirse conmovido y, al mismo tiempo, ser bendecido. Así fue aquel momento.

Lucha en oración

La vida de Daniel cambió después de que alguien le regalara un Nuevo Testamento. Su lectura lo cautivó, y lo llevaba siempre consigo. A los dos meses, le ocurrieron dos sucesos transformadores: puso su fe en Jesús como Salvador y le diagnosticaron un tumor cerebral. El dolor insoportable por ese tumor lo confinó a una cama, lo que le impidió trabajar. Una noche, dolorido y desvelado, clamó a Dios, hasta que finalmente se durmió cerca del amanecer.

Niebla matinal

Una mañana, fui a una laguna cerca de mi casa. Me senté sobre un bote volcado, pensando y observando cómo un suave viento perseguía una capa de neblina en la superficie del agua. Espirales de niebla giraban y se desplazaban, y mini «tornados» subían y luego se disipaban. Poco después, los rayos del sol atravesaron las nubes y la niebla desapareció.

El siervo verdadero

En 27 a.C., el gobernante romano Octavio se presentó ante el Senado para dimitir de su cargo. Había ganado una guerra civil, era la única autoridad de esa región del mundo y estaba oficiando de emperador. Sin embargo, sabía que su poder se consideraba sospechoso, así que renunció y juró ser simplemente un oficial público. ¿La respuesta del Senado? Lo honraron otorgándole una corona civil y nombrándolo siervo del pueblo romano. Y también lo llamaron Augusto: el «grande».

La guía de Dios

Cuando el banco accidentalmente depositó 120.000 dólares en su cuenta, una pareja salió a comprar de todo: una SUV, una casa rodante y dos camionetas 4x4, además de pagar todas las deudas. Al descubrir el error, el banco les dijo que devolvieran el dinero, pero ya lo habían gastado, y fueron acusados de hurto intencional. Cuando llegaron a la corte local, el esposo le dijo a un reportero: «Seguimos un mal consejo legal». Así aprendieron que seguir un mal consejo (y gastar lo que no era de ellos) podía llevarlos a un caos en sus vidas.

En el mismo equipo

Cuando Carson Wentz, un famoso mariscal de campo, volvió después de una grave lesión, Nick Foles, quien lo suplantaba, regresó sin quejarse al banco. Aunque competían por el mismo puesto, decidieron respaldarse y cumplir sus funciones. Un reportero señaló que ambos tienen «una relación única arraigada en su fe en Cristo», demostrada en sus constantes oraciones el uno por el otro. Mientras los demás observaban, ellos honraban a Dios, recordando que estaban en el mismo equipo; no en el deporte, sino como creyentes en Cristo y representantes de Él.

Oración del abatido

Querido Padre celestial, no soy un hombre de oración, pero si estás allí arriba y puedes oírme, muéstrame el camino. No puedo más». Esta es la oración que susurra el quebrantado George Bailey, el personaje representado por Jimmy Stewart en el clásico filme Qué bello es vivir. En la ahora icónica escena, los ojos de Bailey se llenan de lágrimas, aunque estas no eran parte del guion. Más tarde, dijo que al expresar esa oración, «sintió la soledad y la desesperanza de aquellos que no tienen dónde recurrir». Eso lo conmovió.

El método de la tía Betty

Cuando yo era joven, cada vez que mi bonachona tía Betty nos visitaba, parecía Navidad. Nos traía juguetes y me daba dinero cuando se iba. Si me quedaba en su casa, llenaba el frízer de helado y nunca cocinaba verduras. Tenía pocas reglas y me dejaba acostarme tarde. Mi tía era maravillosa; reflejaba la generosidad de Dios. Sin embargo, para crecer saludable, yo necesitaba más que solo sus métodos. Precisaba que mis padres establecieran expectativas respecto a mí y mi comportamiento… y me hicieran cumplirlas.