¡León, Cordero, Salvador!
Dos imponentes leones de piedra custodian la entrada a la Biblioteca Pública de Nueva York desde 1911. Primero, les pusieron Leo Lenox y Leo Astor, en honor a los fundadores de la biblioteca. Pero durante la Gran Depresión, el gobernador de Nueva York los denominó Fortaleza y Paciencia, virtudes que pensó que los neoyorkinos debían demostrar en ese tiempo difícil. Hoy en día, esos siguen siendo sus nombres.
Gran sabiduría y mil ojos
«El pastor necesita gran sabiduría y mil ojos —escribió Juan Crisóstomo— para examinar la condición del alma desde todos los ángulos». Estas palabras fueron parte de un debate sobre cómo cuidar espiritualmente a otros. Puesto que es imposible obligar a alguien a sanarse, enfatizó que, para llegar al corazón de una persona, hace falta gran empatía y compasión.
La diestra de Dios
Mientras ayudaba a mi anciano perro Wilson a salir al césped, solté sin querer la correa de Coach, el más joven. Cuando me incliné para volver a tomarla, Coach salió disparando, arrancando la correa de mi mano y retorciéndome el dedo anular en el proceso. Caí al césped y grité del dolor.
Resolución oportuna
El dolor sin resolver había persistido entre Simón y Gerardo durante años, y los intentos de Simón de restaurar la relación habían encontrado resistencia. Después de enterarse de la muerte de la madre de Gerardo, Simón asistió al funeral. Más tarde, reflexionó sobre su encuentro: «No tenía ninguna expectativa sobre cómo saldrían las cosas, [pero] después del funeral, tuvimos una conversación provechosa. Nos abrazamos, oramos juntos y planeamos volver a encontrarnos». Si tan solo Simón y Gerardo hubieran podido reconciliarse antes, se habrían evitado mucho dolor.
El Niño de Navidad
Imagina cómo habrá sido que Aquel que hizo los cielos comenzara a vivir como un embrión y se sometiera a un vientre. Jesús, Dios mismo por naturaleza, se hizo nada (Filipenses 2:6-7). ¡Qué pensamiento sorprendente!
El Príncipe de Paz
Cuando el resfriado de Juan se transformó en neumonía, terminó enviándolo al hospital. Al mismo tiempo, a su madre la estaban atendiendo por cáncer unos pisos más arriba, y se sentía abrumado por la preocupación. Entonces, en Nochebuena, en la radio sonó «Santa la noche», y Juan sintió que la paz de Dios lo inundaba. Escuchó cómo la canción anunciaba que era la noche en que nació el Salvador: «Una esperanza todo el mundo siente, la luz de un nuevo día sin igual». En ese momento, sus preocupaciones se desvanecieron.
¿Cómo sabrán?
The Gathering [La congregación], en Tailandia, es una iglesia interdenominacional e internacional. Hace poco, creyentes de muchos países se unieron en una sala de conferencias sencilla de un hotel. Cantaron «Solo en Cristo» y «Soy un hijo de Dios», con letras especialmente conmovedoras en ese ámbito.
Presencia virtual
Cuando el nuevo coronavirus avanzaba por el planeta, los expertos en salud aconsejaron mantener distancia física entre las personas para frenar el contagio. Muchos países pidieron a sus ciudadanos que se quedaran en sus casas. Al igual que otros, participé en reuniones de la iglesia a través de plataformas digitales. En todo el mundo, practicamos nuevas formas de estar juntos, a pesar de la desconexión física.
La brújula de Dios
Durante la Segunda Guerra Mundial, Waldemar Semenov servía a bordo del SS Alcoa Guide cuando un submarino alemán salió a la superficie y abrió fuego contra el barco, el cual se incendió y empezó a hundirse. Semenov y su tripulación bajaron a un bote salvavidas y usaron una brújula para navegar hacia las rutas marítimas. Después de tres días, un avión avistó el bote y el USS Broome rescató a los hombres al día siguiente. Gracias a aquella brújula, Semenov y 26 tripulantes más se salvaron.
No temas
A Linus, de la tira cómica Peanuts, se lo conoce por su mantita de apego. La lleva a todos lados y no le da vergüenza. A su hermana Lucy le desagrada especialmente, y a menudo, intenta deshacerse de ella. La entierra, la convierte en una cometa y la usa para un proyecto de la feria de ciencias. Linus también sabe que debería depender menos de su mantita, y de vez en cuando la suelta, pero siempre termina volviendo a ella.