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Perdido en el pasado

Molesto por la corrupción en su reino, Yeongjo (1694-1776) de Corea decidió cambiar las cosas. En un clásico ejemplo de acabar con algo bueno para corregir algo malo, prohibió el arte tradicional de bordar con hilos de oro, por considerarlo muy opulento. Poco después, ese intrincado proceso dejó de conocerse.

Resucitar para bailar

En un video muy visto, una anciana elegante aparece en una silla de ruedas. Marta González Saldaña, una afamada exbailarina de ballet, padece Alzheimer, pero algo extraordinario sucede cuando escucha la música del Lago de los Cisnes, de Tchaikovsky. Sus frágiles manos comienzan a levantarse lentamente, y ante el sonido de las trompetas, empieza a bailar en su silla. Aunque su mente y su cuerpo están pereciendo, su talento sigue allí.

Recuperar nuestro tiempo

Mi madre me contó que había decidido no ir a la universidad para poder casarse con mi padre, pero siempre se aferró a su sueño de convertirse en profesora de economía doméstica. Tres hijos más tarde, aunque nunca obtuvo un título universitario, llegó a ser auxiliar nutricionista del sistema de salud del estado de Luisiana. Elaboraba platos para mostrar opciones de comidas más saludables; algo muy parecido a enseñar economía doméstica. Cuando me compartió su sueño, proclamó que Dios ciertamente había escuchado sus oraciones y le había dado los deseos de su corazón.

Zorras pequeñas

Un piloto no podía acomodar su té en el portavasos, así que lo puso sobre la consola central. Cuando el avión enfrentó una turbulencia, el líquido se derramó y apagó un motor. El vuelo fue desviado y aterrizó sin problema, pero cuando sucedió lo mismo dos meses después con un tripulante de otra aerolínea, el fabricante se dio cuenta de que había un problema. El avión cuesta 300.000.000 de dólares, pero los portavasos eran demasiado angostos. Este aparentemente pequeño error generó momentos angustiosos.

Preparando un lugar para nosotros

Nuestra familia planeaba tener un perrito, así que mi hija de once años investigó durante meses. Sabía qué debía comer el perro y cómo incorporarlo a nuestro nuevo hogar… y millones de detalles más.

Muchas gracias, pero no

Una escuela cristiana para niños autistas recibió una gran donación de una empresa. Después de verificar que no incluía restricciones, se aceptó el dinero. Pero luego, la empresa pidió tener representación en el consejo, y la directora lo devolvió. Rehusó que se comprometieran los valores del colegio. Dijo: «Es más importante hacer la obra de Dios a la manera de Dios».

Sin necesidad de una fórmula

Cuando Julia era joven, su bienintencionada maestra de escuela dominical entrenó a la clase para evangelizar, lo cual incluía memorizar versículos y una fórmula para compartir el evangelio. Con una amiga, lo probaron nerviosamente con otra amiga, temiendo olvidar un versículo o paso importante. Julia no recuerda si esa tarde concluyó con una conversión, pero supone que no. El enfoque pareció ser más dirigido a la fórmula que a la persona.

Justicia y Jesús

Augusto César, el primer emperador romano, quiso que lo conocieran como un gobernante de la ley y el orden. Aunque construyó su imperio con el trabajo esclavo, las conquistas militares y los sobornos financieros, restauró una medida de proceso legal y dio a sus ciudadanos a Iustitia, una diosa a la que nuestro sistema actual denomina Dama de la Justicia. También promulgó un censo que llevó a María y José a Belén, para el nacimiento del largamente esperado gobernante cuya grandeza llegaría hasta los confines de la tierra (Miqueas 5:2-4).

Con imperfecciones y todo

Oliver Cromwell, conocido como el «Protector de Inglaterra», fue comandante del ejército en el siglo xvii. En aquellos tiempos, era habitual que se pintaran retratos de personas importantes y que un artista evitara mostrar los aspectos menos atractivos del rostro. Sin embargo, Cromwell no quería ninguna mejora que lo hiciera lucir bien, y le advirtió al artista: «Debe pintarme tal como soy —con imperfecciones y todo—, o no le pagaré».

Canción de amor

Es sábado por la tarde en un parque tranquilo junto a un río. Los corredores pasan, las cañas de pescar se agitan, las gaviotas pelean por los peces y los paquetes de patatas fritas, y mi esposa y yo estamos sentados observando a una pareja. Son de piel oscura, con poco menos de 50 años de edad. Ella lo mira a los ojos, mientras él, totalmente absorto, le canta una canción de amor en su idioma, que la brisa hace que todos escuchemos.