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Jesús es la respuesta

Cuenta la historia que, en la gira de conferencias de Albert Einstein, su chofer mencionó que había escuchado tantas veces su discurso que él mismo podía darlo. Einstein sugirió que cambiaran de lugar en la próxima universidad, y el chofer accedió. Cuando llegó el momento de preguntas y respuestas, alguien hizo una pregunta con agresividad, y el chofer respondió: «Me sorprende que haga una pregunta tan sencilla que incluso mi chofer puede responder». Entonces, este «chofer» —el mismísimo Albert Einstein— respondió la pregunta. Así termina esta historia divertida pero ficticia.

Todo para Jesús

Cuando Jeff tenía catorce años, su mamá lo llevó a ver a un cantante famoso. B. J. Thomas había quedado atrapado en un estilo de vida autodestructivo durante las giras musicales, pero cuando conoció Jesús, su vida cambió radicalmente.

Bendita rutina

Mientras miraba cómo la multitud matutina iba metiéndose en el tren, sentí la depresión de los lunes. Al ver los rostros somnolientos y gruñones de la gente en aquella cabina atiborrada, era evidente que nadie tenía ganas de ir a trabajar. Aquí vamos, otro día rutinario en la oficina.

Ningún sueño

Es como vivir en un sueño del cual no puedes despertar. Las personas que luchan con lo que se suele llamar «desrealización» o «despersonalización» suelen sentir que lo que las rodea no es del todo real. Se cree que es una lucha común de salud mental, especialmente en momentos de estrés. Pero a veces, la sensación persiste incluso cuando todo parece ir bien en la vida. Es como si nuestra mente no pudiera confiar en que algo bueno está sucediendo.

Cuenta la historia

Robert Todd Lincoln, hijo del presidente norteamericano Abraham Lincoln, estuvo presente para tres sucesos importantes: la muerte de su propio padre y los asesinatos de los presidentes James Garfield y William McKinley.

La importancia de las decisiones

Un instructor de natación vio que un auto se hundía en la bahía de Newark y oyó que el conductor gritaba: «¡No sé nadar!». Anthony corrió a las rocas al borde de la bahía, se quitó la pierna ortopédica y saltó a rescatar al hombre de 68 años. Gracias a eso, el hombre se salvó.

Mantenerse en contacto

Madeleine L’Engle se hizo el hábito de llamar a su madre una vez a la semana. Cuando su madre fue envejeciendo, la querida escritora espiritual la llamaba más a menudo, «para estar en contacto». De la misma manera, a Madeleine le gustaba que sus hijos la llamaran y mantuvieran esa conexión. Como escribió en su libro Walking on Water [Caminando sobre el agua]: «Es bueno que los hijos se mantengan en contacto. Es bueno que todos los que somos hijos nos mantengamos en contacto con nuestro Padre».

Alguien te oye

En el libro Physics [Física], Charles Riborg Mann y George Ransom Twiss preguntan: «Cuando un árbol cae en un bosque solitario y no hay ningún animal cerca para oírlo, ¿hace algún ruido?». A través de los años, esta pregunta generó debates filosóficos y científicos sobre el sonido, la percepción y la existencia. Sin embargo, no ha surgido una respuesta definitiva.

Un estudio en abuelas

Los investigadores de la Universidad Emory usaron resonancias magnéticas para estudiar el cerebro de las abuelas. Midieron las respuestas empáticas a imágenes que incluían a un nieto y a un hijo adulto propios, y a un niño desconocido. El estudio mostró que las abuelas tienen mayor empatía hacia su propio nieto que incluso hacia su hijo adulto. Esto se atribuye a lo que llamaron el «factor de la ternura» o a que su nieto era más «adorable» que el hijo adulto.

Dios recuerda los nombres

El domingo después de que empecé a trabajar como líder de jóvenes en una iglesia, hablé con una adolescente sentada junto a su mamá. Sonreí y saludé por su nombre a la tímida chica, y le pregunté cómo estaba. Ella levantó la cabeza y abrió grandes los ojos. Me devolvió la sonrisa y susurró: «Recordaste mi nombre». Tan solo con llamar a esa jovencita por su nombre —una chica que tal vez se sentía insignificante en una iglesia llena de adultos—, empecé una relación de confianza. Se sintió vista y valorada.