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Unir las piezas

Mientras estábamos en cuarentena debido a la pandemia global, con mi familia nos lanzamos a un proyecto ambicioso: ¡armar un rompecabezas de 18.000 piezas! Aunque trabajamos casi todos los días, solíamos sentir que no progresábamos mucho. Cinco meses después, finalmente celebramos colocar la última pieza del rompecabezas de 2,7 por 1,8 metros que cubría el piso de nuestro salón comedor.

Textos, trabas y triunfos

Jaime no dejó que la agitación social, el peligro y la incomodidad le impidieran viajar a uno de los países más pobres del mundo, para alentar a misioneros. La sucesión constante de mensajes de texto revelaba los desafíos que enfrentaba: «Muchachos, activen la cadena de oración. Solo avanzamos 15 kilómetros en dos horas… el auto se sobrecalienta». Los inconvenientes hicieron que llegara justo antes de la medianoche para predicar a quienes habían esperado cinco horas. Luego, recibimos un mensaje con un tono diferente: «Asombroso; unas doce personas pasaron al frente para orar. ¡Fue una noche poderosa!».

Ahora está vacía

Mis hermanos y sus familias pasaron el día mudando las pertenencias de nuestros padres de la casa donde nos criamos. A la tardecita, volvimos para sacar las últimas cosas y, sabiendo que sería la última vez allí, nos tomamos una foto. Intentaba contener las lágrimas cuando mi madre me miró y dijo: «Está vacía ahora». Eso me destrozó. La casa que guardaba 54 años de recuerdos ahora quedaba sola. Trato de no pensar en eso.

Obediencia que libera

La expresión de la adolescente reflejaba angustia y vergüenza. De cara a las Olimpíadas de invierno de 2022, su éxito como patinadora no tenía parangón y la hacía candidata segura a la medalla dorada. Pero luego, el resultado de un análisis de sangre reveló una sustancia prohibida. Agobiada por el enorme peso de las expectativas y la condena, se cayó varias veces durante la competición, y no hubo ni podio ni medalla. Antes del escándalo, había desplegado libertad artística y creatividad, pero ahora su sueño se había roto.

El jardín de Dios

Un recordatorio de la belleza y la brevedad de la vida crece frente a mi casa. La primavera pasada, mi esposa plantó una enredadera de flor de luna, llamada así porque las flores redondas y grandes parecen una luna llena. Cada flor se abre por una noche y luego se seca con el sol de la mañana siguiente, para no florecer nunca más. Pero la planta es prolífica y cada atardecer presenta un renovado despliegue de flores. Nos encanta verla cuando vamos y venimos todos los días, preguntándonos que nueva belleza nos saludará cuando regresemos a casa.

Salto de fe

Mientras me preparaba para lanzarme en una tirolina desde el punto más alto de una selva en la Isla de Santa Lucía, en el Caribe, temblaba de miedo. Segundos antes de saltar de la plataforma, pensé en todo lo que podría salir mal. Pero reuní todo el coraje posible y salté. Me deslicé entre los frondosos árboles, con mi cabello volando con el viento y mi preocupación desapareciendo lentamente. Mientras la gravedad me movía, pude ver más claramente la plataforma y, tras parar con suavidad, supe que había llegado sin problemas.

Nuestro lugar seguro

Debbie Stephens Browder, maestra jubilada, se propuso convencer a tantas personas como sea posible de plantar árboles. ¿La razón? El calor. Las temperaturas extremas son la mayor causa climática de muerte en los Estados Unidos. Browder dice: «Empiezo con los árboles». El toldo que brindan los árboles es una manera importante de proteger a las comunidades. «Es una cuestión de vida o muerte; no solo de embellecer el entorno».

Fortalecido por las pruebas

Me inundaron los recuerdos cuando revisaba unos sobres y vi una calcomanía que decía: «Me hicieron una prueba de visión». Evoqué a mi hijo de cuatro años llevando esa pegatina después de que le pusieran gotas para los ojos. Por una debilidad en los músculos oculares, tenía que usar un parche cuatro horas por día en el ojo sano, para obligar al débil a desarrollarse. También necesitó cirugía. Enfrentó un desafío tras otro, buscando consuelo en nosotros, sus padres, y dependiendo de Dios con la fe de un niño. Todo eso lo volvió resiliente.

Advertencia con amor

En 2010, un tsunami sacudió la isla de Sumatra, en Indonesia, matando a más de 400 personas. Pero las muertes podrían haber sido prevenidas o minimizadas si el sistema de advertencia hubiese funcionado bien. Las redes de detección (boyas) habían sido arrancadas y llevadas por la corriente.

Lugares del corazón

Si alguna vez viajas a Middleton, en Wisconsin, Estados Unidos, tal vez quieras visitar el Museo Nacional de la Mostaza. Es un lugar asombroso, donde encontrarás 6.090 clases de mostaza de todo el mundo. Si vas a McLean, en Texas, te sorprenderás con el Museo del Alambre de Púas; y más aún, con la pasión por… las alambradas. Un escritor dice que hay cosas peores que pasar una tarde en el Museo de la Banana (aunque me permito disentir).