Dios nos habla
Recibí una llamada telefónica de un número desconocido. Suelo dejar que se graben en el buzón de voz, pero esa vez atendí. El telefonista preguntó cortésmente si tenía un minuto para que me compartiera un breve pasaje bíblico. Citó Apocalipsis 21:3-5, sobre cómo Dios «enjugará […] toda lágrima de los ojos de ellos». Habló sobre Jesús, nuestra seguridad y esperanza. Le dije que ya había aceptado a Jesús como mi Salvador personal, pero su objetivo no era «testificarme». Solo preguntó si podía orar conmigo. Y lo hizo, pidiéndole a Dios que me alentara y fortaleciera.
Aprovechar la oportunidad
Mientras esperaba para ingresar a la universidad, Shin Yi, de 21 años, decidió dedicar tres meses de sus vacaciones para servir en una organización misionera para jóvenes. Parecía una época extraña para hacerlo, ya que las restricciones de COVID-19 impedían las reuniones presenciales. Pero Shin Yi encontró pronto la manera: «No podíamos reunirnos en las calles ni en los centros de compras o de comidas rápidas como de costumbre —compartió—, pero seguimos haciéndolo vía Zoom, para orar unos por otros, y por teléfono con los que no eran cristianos».
Fortaleza en la debilidad
Cuando mi hijo tenía casi tres años, necesité una cirugía que requeriría al menos un mes de recuperación. Me imaginaba en la cama mientras una pila de platos sucios se amontonaba en el fregadero. No sabía cómo iba a cuidar a un activo niñito ni me veía preparando la comida. Temía el impacto de mi debilidad en el ritmo de nuestra vida.
Curación más profunda
El Domingo de Pascua en 2020, la famosa estatua del Cristo Redentor, en Río de Janeiro, Brasil, fue iluminada de modo que Jesús parecía estar vestido de médico. La conmovedora representación de Cristo como médico fue un homenaje a los numerosos trabajadores de la salud que batallaron en primera línea contra la pandemia del coronavirus. La imagen refleja la descripción común de Jesús como nuestro gran Médico (Marcos 2:17).
Correr hacia Jesús
En un viaje a París, Bernardo visitó uno de los renombrados museos de la ciudad, y aunque no era estudiante de arte, quedó deslumbrado ante la pintura de Eugene Burnand, Los discípulos Pedro y Juan corriendo al sepulcro la mañana de la resurrección. Sin palabras, los rostros de Pedro y Juan y la posición de sus manos dicen mucho, invitando a los espectadores a ponerse en el lugar de ellos y compartir sus emociones cargadas de adrenalina.
Gotas rojas
Mientras caminaba por la Galería Nacional de Arte de Escocia, me atrajeron las intensas pinceladas y los colores vibrantes de uno de los Olivos pintados por el artista Vincent van Gogh. Muchos historiadores creen que la obra se inspiró en la experiencia de Jesús en el huerto de Getsemaní, en el Monte de los Olivos. Lo que me atrajo especialmente fueron las pequeñas manchas de pintura roja entre los antiguos olivos.
El desafío de servir
Aunque tenía solo trece años, DeAvion aceptó un desafío de servir a otros. Él y su mamá habían oído una historia de un hombre que invitaba a chicos a cortar el césped gratis en 50 lugares durante las vacaciones de verano. La idea era ayudar a personas mayores, madres solteras y discapacitados; a todo el que necesitara ayuda. El objetivo del fundador era enseñar la importancia de la ética laboral y la retribución a la comunidad. A pesar del calor y las otras actividades que podían atraer a un joven, DeAvion decidió asumir el desafío y ayudar.
Más que una partecita
Todos dejamos una parte de nosotros cuando nos mudamos a otro lugar. Pero para mudarse a Villa Las Estrellas, en la Antártida —un lugar desolado y frío—, dejar atrás una parte de ti es algo literal. Con el hospital más cercano a 1.000 kilómetros de distancia, tener apendicitis sería un problema grave. Por eso, antes de mudarse allí, todos los habitantes deben realizarse una apendicectomía.
En casa con Jesús
Hace años, trajimos a casa de un refugio de animales un gato negro adulto llamado Juno. Yo solo quería ayuda para reducir la población de ratones, pero el resto de la familia quería una mascota. El refugio nos dio instrucciones rigurosas sobre cómo establecer una rutina alimentaria durante la primera semana para que Juno aprendiera que nuestra casa era su hogar; el lugar al que pertenecía y donde siempre tendría alimento y protección. De este modo, aunque Juno vagara, al final siempre volvería a casa.
Encontrar fortaleza en Dios
El futbolista Christian Pulisic sufrió varias lesiones que afectaron su profesión. Cuando supo que no sería titular en las semifinales de la Champions League, se decepcionó, pero describió cómo se le reveló Dios: «Como siempre, acudo a Dios, y Él me fortalece. Siento que siempre tengo a Alguien conmigo. No sé cómo enfrentaría las cosas sin ese sentimiento». Al final, cuando entró en lugar de otro jugador, inició una inteligente jugada que terminó en el gol para ganar el partido y le aseguró al equipo la participación en la final del campeonato. Esas experiencias le enseñaron una lección valiosa: siempre podemos ver nuestras debilidades como oportunidades de que Dios revele su poder ilimitado.