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Abusar del nombre de Dios

La antigua fotografía de la Segunda Guerra Mundial, tomada fuera de la sede nazi de un pueblo, representa una advertencia para todos. En ella, una mujer bien vestida cruza la calle, un hombre de traje camina por la acera, mientras otro está detenido leyendo una cartelera en la esquina del edificio. Todos parecen ajenos a la enorme bandera que cuelga arriba de la puerta del frente, donde dice: «Al resistir a los judíos, lucho por la obra del Señor».

No reconocer lo divino

Casi todos evitaban a George Chase. Vivía en una pequeña cabaña en el bosque, donde el río Pawcatuck, de Nueva Inglaterra, desemboca en la bahía Little Narragansett. Por el olor, los lugareños se daban cuenta de que George no tenía una bañera.

Liderazgo humilde

Mi amigo Butch Briggs ha sido el querido entrenador de los equipos de natación de una escuela secundaria local durante cincuenta y un años. Por curiosidad, le pregunté cuántos campeonatos estatales había ganado en ese tiempo. Con su característico tono amable, bromeó: «No he ganado ni un solo campeonato porque nunca nadé en ninguna carrera». Entonces, le pregunté: «¿Cuántos campeonatos han ganado tus nadadores?». Feliz, respondió: «Treinta y nueve».

Enseñados en el amor

Woody Cooper estaba entre la multitud ruidosa el día que Dorothy Counts, una niña negra, se inscribió en una escuela secundaria de solo estudiantes blancos. Algunos gritaban insultos raciales y le arrojaban basura, pero Woody guardó silencio, incluso cuando una mujer exclamó: «¡Chicas, escúpanla!». Tiempo después, se preguntó: ¿Por qué no dije algo? Solo era otra estudiante que iba a la escuela. Por décadas, la culpa lo persiguió, especialmente después de verse en una foto de noticias de aquel día. Finalmente, cuarenta y nueve años después, buscó a Dorothy para disculparse.

Acordarse de olvidar

El autor Richard Mouw cuenta de un teólogo negro de Sudáfrica que luchaba con recuerdos dolorosos de la vida bajo el apartheid. Escribió: «Relató la historia de una niña africana cuya maestra le pidió definir “memoria”. Después de pensarlo, la niña dijo: “La memoria es aquello que me ayuda a olvidar”». ¡De la boca de los niños! Como su pasado contenía mucho que no quería recordar, prefería acordarse de lo bueno.

Vivir para Jesús

En 2023, la policía de Kenia intervino para detener lo que se ha llamado la «Masacre de Shakahola», en la que cientos de personas murieron tras seguir las órdenes del líder de una secta, quien les pidió que ayunaran hasta morir para encontrarse con Jesús. El líder había prometido que él también dejaría la tierra de esa manera después de que sus seguidores lo hicieran. Tras su arresto, negó haber enseñado eso.

Amor abundante

Todd invitó a su hermano menor, Alex, recién graduado de la universidad, a vivir con él en su casa. Quería ayudarlo a lograr estabilidad financiera sin pagar alquiler por un tiempo. Seis meses después, le pidió que comenzara a pagar una renta. Años más tarde, Alex hizo una oferta para comprar una casa. Cuando la aceptaron, Todd lo sorprendió diciéndole que había depositado todos sus pagos en una cuenta de ahorros y que ahora esa suma era ¡suya! Alex lloró al recibir ese regalo tan generoso.

Restauración divina

Se me hundió el corazón. Un amigo que me estaba ayudando a configurar mi nueva computadora borró accidentalmente todas las fotos y videos que yo había transferido. Años de recuerdos preciosos con familiares y amigos desaparecieron en un instante. Sentí pánico. Nunca podría recrear esos momentos amados de vacaciones, viajes y celebraciones. Antes de que mi lado sentimental colapsara, mi amigo me dijo que tenía esperanza de recuperar los archivos. Felizmente, tras unas horas angustiosas, desbordé de alegría al verlos reaparecer.

La creencia de Belle

Belle no quería saber nada de la fe en Jesús de sus padres. En la universidad, se proclamó agnóstica y trató de vivir sin Dios. Pero una ruptura con su novio y una creciente depresión la llevaron a pensar acabar con su vida.

Se requiere humildad

Mis primos, que vivían cerca cuando éramos niños, tenían prohibido interactuar con mi familia. Nunca asistían a reuniones familiares ni nos hablaban en la tienda del barrio. Sus padres decían que, como en ese entonces no íbamos a la iglesia, seríamos una mala influencia. ¡Qué sorpresa cuando, muchos años después, uno de ellos asistió al funeral de mi hermano mayor! Se nos acercó y, con humildad, se disculpó. Nuestra relación comenzó a restaurarse.