Amor abundante
La última noche del campamento, mi yo adolescente sintió que llamaba la atención estando sola en medio de un grupo de campistas. Cuando uno de ellos se burló de mí, me dolió. Corrí de regreso a mi tienda y fingí estar dormida cuando la líder del grupo vino a verme. A la mañana siguiente, evité su intento de hablar sobre lo sucedido.
Enfocado en Dios
Una compañera de trabajo me llamó por teléfono para hablar de un tema. Me preguntó cómo estaba, y le conté que tenía una dolorosa sinusitis y que la medicina no estaba funcionando. Entonces, me preguntó: «¿Puedo orar por ti?». Acepté, e hizo una breve oración pidiéndole a Dios que me sanara. Le dije: «A veces me olvido de orar. Estaba tan enfocada en el dolor que no acudí a Dios».
En la presencia de Dios
En 1692, se publicó por primera vez la obra del Hermano Lorenzo, La práctica de la presencia de Dios. Allí describe cómo invitaba a Dios a sus actividades diarias. Sus palabras siguen desafiándonos a buscar a Dios en oración en todo lo que hacemos, como cortar el césped, ir de compras o pasear el perro.
Permanecer fuerte en Cristo
Hace poco, mi mamá me relató en detalle un sorprendente enfrentamiento que vio en una transmisión en vivo desde África. El gemsbok, un antílope con cuernos que pueden medir más de sesenta centímetros, es un animal que no parece asustarse… a menos que se enfrente a un grupo de avestruces valientes y alborotados. El avestruz líder, más alto que sus enemigos, agitó sus grandes plumas, rugió y pisó fuerte el suelo mientras se acercaba a tres gemsboks, haciendo que huyeran.
De la angustia a la alabanza
En una campaña de donación de ropa para niños, los chicos buscaban entusiasmados y agradecidos los abrigos de su talla y sus colores favoritos. Uno de los organizadores dijo que eso también los ayudaba en su autoestima, alentándolos a asistir a la escuela en el invierno y ser aceptados por sus pares.
Esperanza con fe
El hijo de Cristina murió de cáncer cuando tenía solo siete años. Tres años después, al hijo mayor le diagnosticaron una enfermedad terminal. Algunos de sus amigos que no creían en Jesús compartían su dolor, pero no entendían por qué seguía confiando en Cristo. «¿Cómo puede tu Dios permitir esto? ¿Por qué sigues creyendo en Él?», le preguntaron.
La misericordia y nuestro desastre
Durante la escuela dominical, mi paciencia con Pedrito, de tres años, se estaba agotando. Estaba inquieto, trataba mal a los otros niños y se negaba a estar contento, incluso cuando le ofrecíamos los juguetes más codiciados. Mi compasión se transformó en fastidio. Si insistía en ser difícil, lo enviaría de vuelta con sus padres.
Sé como Jesús
El pasajero alto pareció desplegarse al ponerse de pie en el pasillo del pequeño avión. Entonces noté el título de su libro: Sé como Jesús. Más tarde, vi a ese mismo hombre empujar a otros para tomar su equipaje del carrito. ¿Sé como Jesús? No sabía si era un «hermano» en la fe, pero me desconcertó ese acto de egoísmo que representaba mal a Jesús.
Al alcance de Dios
Condenada a cincuenta años en una prisión de máxima seguridad, una joven de dieciséis años permanecía en confinamiento solitario. Durante casi un año, no recibió visitas. En una actividad de evangelización en la cárcel, los guardias permitieron que un pastor ingresara a su celda. La joven escuchó el evangelio, entregó su vida a Jesús y pidió ser bautizada. Al principio, consideraron usar botellas de agua, pero luego el personal de la cárcel cerró toda la instalación y la llevó a una piscina portátil. Mientras el pueblo de Dios oraba, ella lloraba.
Sobrevivientes por la misericordia de Dios
Charles Joughin era marinero, y en 1912, fue empleado en un barco que salía de Inglaterra: el Titanic, que chocó contra un iceberg en el Atlántico Norte. Joughin ayudó a muchos a subir a los botes salvavidas, pero él permaneció en la popa del barco hasta que se hundió. Milagrosamente, sobrevivió.