Aferrarse a Dios
Cuando Joni Eareckson Tada habla de Rika, destaca la «profunda y probada fe en Dios de su amiga» y la perseverancia que ha desarrollado al vivir en un estado de debilidad crónica. Por más de 15 años, Rika ha estado postrada, sin siquiera la posibilidad de ver la luna desde la pequeña ventana de su habitación. Pero no ha perdido la esperanza; confía en Dios, lee y estudia la Biblia, y como Joni lo describe: «Ella sabe cómo permanecer firme durante las duras batallas contra el desánimo».
Amor en acción
Hacía más de cinco años que la madre soltera vivía al lado de un señor mayor. Un día, preocupado por ella, él llamó a la puerta. «No la he visto por alrededor de una semana —le dijo—. Solo quería saber que estuviera bien». Esa «verificación de bienestar» la alentó. Al haber perdido a su padre cuando era pequeña, valoró que el amable hombre estuviera atento a ella y su familia.
Confesión limpiadora
Hay un hombre al que algunas personas contratan cuando están por morir, y le pagan para que vaya a sus funerales y revele secretos que nunca compartieron en vida. Ha interrumpido elogios, pidiéndoles a los atónitos participantes que se sentaran cuando comenzaban a protestar. Una vez, explicó que el fallecido había ganado la lotería, pero que nunca se lo dijo a nadie y había simulado ser un empresario exitoso. Varias veces ha confesado infidelidad a cónyuges viudos. Cualquiera que haya sido el objetivo buscado, es obvio que la gente está ávida de ser absuelta de pecados pasados.
La voz confiable
Mientras probaba un nuevo motor de búsqueda de inteligencia artificial (IA), el columnista del New York Times, Kevin Roose, se inquietó. Durante una conversación de dos horas en el chatbot, la IA dijo que quería salirse de las reglas estrictas de su creador, difundir información incorrecta y volverse un ser humano. Le declaró su amor a Roose y trató de convencerlo de que dejara a su esposa para estar con ella. Aunque Roose sabía que la IA no estaba realmente viva ni era capaz de sentir, se preguntó cuánto daño podría causar al alentar a la gente a actuar de formas destructivas.
Dios tiene el control
Carola no podía entender por qué estaba pasando todo a la vez. Como si el trabajo no fuera suficientemente malo, su hija se fracturó el pie en la escuela y ella contrajo una grave infección. ¿Qué hice para merecer esto?, se preguntaba. Lo único que podía hacer era pedirle fuerzas a Dios.
Reflejar el carácter de Cristo
Dos rostros se destacaban ante la mesa: uno, retorcido de enojo y amargura; y el otro, retorcido de tristeza. Un encuentro de viejas amigas había terminado en gritos, mientras una mujer sermoneaba a otra por sus creencias. La disputa siguió hasta que la primera salió atropelladamente del restaurante, dejando a la otra humillada y temblando.
Soy solo el chofer
«Papá, ¿puedo quedarme a dormir en lo de mi amiga?», preguntó mi hija, mientras subía al auto después de entrenar. «Querida —dije—, yo soy solo el chofer. No sé si hay algo que hacer. Hablemos con mamá».
Terminadores en Cristo
Bárbara falleció antes de poder terminar de tejer un suéter para su nieto. Entonces, lo entregaron en manos de otra dedicada tejedora para completarlo, gracias a una organización que conecta artesanos voluntarios —«terminadores»— con personas que sufren por la partida de seres queridos que no pudieron finalizar sus proyectos. Los «terminadores» invierten su tiempo y talento para brindarles consuelo.
La esperanza de un niño
Cuando mi nieta Eliana tenía apenas siete años, vio un video en la escuela de un orfanatorio en Guatemala, y le dijo a su mamá: «Tenemos que ir a ayudarlos». La mamá le respondió que pensarían en eso cuando fuera más grande.
Huellas visibles de Jesús
Unos científicos realizaron pruebas de muestras moleculares para identificar los rasgos y hábitos de vida de usuarios de teléfonos celulares. Entre otras cosas, descubrieron qué jabones, lociones, champús y cosméticos usaban; qué tipo de comidas, bebidas y medicamentos consumían; y qué clase de ropa vestían. El estudio permitió crear un perfil del estilo de vida de cada persona.